Las fiestas de “San Pacho” en Quibdó. Por: RAFAEL PEREACHALÁ ALUMÁ.

 Quibdó es una cabecita de alfiler  medio de una orgía clorofílica de 113.000 km2 de duración.  El pueblo está anclado en la ribera derecha del río más caudaloso del mundo en relación con su curso y consecuente con su embrujo, su nombre está en discusión etimológica. Río “sin trato”  dicen unos, otros que por las neblinas que se forman en su delta, por el cual rinde tributo insaldable al sediento Caribe desde los tiempos de la creación, los ingleses le bautizaron abstract; río de gusanos en una versión de los indígenas emberas.

 El pueblo que preside el Chocó biogeográfico colombiano, es como su río, su etimología es objeto de una acalorada discusión científica. En la legua tule, es el pueblo del quibi, “el que más sabe”. En la lengua de los “la gente”, quiere decir “reunión de ríos”, otros lo hacen más poética y afirman que traduce “rumor de aguas”.

 El misterio sigue creciendo al conocerse que Quibdó no fue fundado a la usanza española. La tradición oral, sin documento que lo confirme, le atribuye a un minero paisa Manuel Cañizales su fundación, mas ni siquiera en los registros de antioqueños ilustres aparece este imaginario personaje. A nuestro juicio, en su calidad de encrucijada vial, por el norte se va al Caribe bajando el Atrato, tomando el Cabí, el Ichó, se va Antioquia; por el Quito se llega al sur del continente. Por el Munguidó se avanza al océano Pacífico, debió existir un poblado indígena, presumiblemente Tule o de lengua kueva. Pero solo la arqueología afirmará, o denegara esta hipótesis. (Pereachalá Alumá: 1983).

 Santa María De La Antigua Del Darién, ubicada al norte del Chocó, fue la primera ciudad española, un poco después de levantado el fuerte de San Sebastián de Urabá, ubicado en la orilla oriental del golfo de mismo nombre. Corrían los primeros años de la centuria del siglo XVI. Las contradicciones intraespañolas, dieron al traste con este intento de colonización hispánica, desplazándose a Panamá el foco de la colonización (Velásquez Murillo: 2000), y posteriormente a la región andina, pasando por Cartagena.

 La colonización española retornaría en el siglo XVII, con el conquistador tardío Melchor Velásquez (Velásquez Murillo: 2000), pues las huellas de Andagoya, Francisco César, Robledo y otros fueron efímeras, ante la feroz resistencia desplegada por los tules los emberas y los waunanas, aliados con los mosquitos, los caimanes, los ofidios, los felinos, el clima cálido superhúmedo y los aguaceros diluviales.

En 1648 aparece en el río Atrato un representante de la alianza entre “la espada y la cruz”. En este caso un representante de la “empresa religiosa”, fray Matías Abad, quien en su labor deculturadora, para los cristianos evangelizadora, se dedicó a esparcir el cristianismo entre los emberaes y a regar el culto de su patrono San Francisco de Asís,  con él arranca la tradición Franciscana. Donde quiera que pisaba iba rebautizando a los poblados existentes con el nombre San Francisco de..., en esta forma el nombre colonial, aceptado y promovido por los sacerdotes Jesuitas Francisco de Orta y Pedro de Cáceres, Citará pasó al olvido. Francisco Berro, colonizador español, levantó un acta de fundación en 1702, acta que no se ha ubicado a la fecha.(Velásquez Murillo: 1960). Para la historia especializada quedó también un poblado al frente del actual Quibdó llamado San francisco de Quito, hoy día barrio Bahía de Solano.

El día clásico del seráfico de Asís, el cuatro de Octubre, Fray Matías Abad ofició una misa, en la iglesia que hacía poco había mandado a construir con el nombre del francesito, cuya labor espiritual lo inspiraba. Hizo una procesión bajando el Atrato en balsas de guáduas, conocidas como balsadas y canoas, conducidas por indígenas, presidida por la imagen de Jesucristo y la del sacerdote italiano, hijo de un francés de donde procede su nombre.

 La fiesta mantuvo su perfil religioso cuando era dominada por la curia, durante muchos años, fue una festividad de bajo perfil. Las fiestas paganas del once de Noviembre y los carnavales eran las del pueblo, aunque la élite de los mulatos, se reservaba para si las fiestas en los salones y las reinas del carnaval, hasta cuando aparece el padre del departamento el joven abogado Diego Luís Córdoba, quien lanza para competir con la reina de la élite a una mulata de ancestría siriolibanesa-afrochocoana. Politizando y racializando el reinado del carnaval quibdoseño Córdoba Córdoba empieza desde allí protagonizar una refulgente carrera política, que lo convertirán, años después, en una figura de la neomitología afrochocoana (Martínez de Varela: 1980).

 Los pormenores de cómo se organizaron distintas personas de la base social, para arrebatarle el liderazgo a la curia claretiana, no son conocidos. Cronológicamente se sabe que Tomás Cipriano de Mosquera en su gobierno expulsó a los sacerdotes Franciscanos, en 1861. estos regresaron años más tarde en 1878, o, 1781. Mas un grupo personas de las más profundas entrañas del pueblo, le dieron un giro rotundo a las fiestas, cambiándole, de manera radical y definitiva, tanto su estructura como su gramática.

 Tradición superdinámica, pues en cada versión le están añadiendo, modificando o suprimiendo cosas. De dichos líderes quedaron para la historia: Raimunda Cuesta, las familias de músicos “Rentería, Cuesta, Blandón, Maturana, Casas, etc” (Ayala Santos: 42, 2002). Ellos sacaron al santo del templo y se lo entregaron al pueblo llano, transcurría la parte final de 1898; lo pagano hizo su aparición con el consumo de platos típicos y licores, ejecución de música popular,  juegos callejeros. En ese mismo año nació, el cuatro (4) de Octubre, en la esquina de la carera quinta con la calle Yescagrande, bajo el anfitrionazgo de don Francisco Córdoba tradición de los altares callejeros a los cuales se lleva a la imagen de San Francisco; con posterioridad se fueron sofisticando en los arcos y su representación teatral animada, que narra episodios de la vida  del seráfico de Asís, los cuales se asemejan mucho a los autos sacramentales.

 La fiesta arrancó con los barrios franciscanos: Yescagrande, yesquita y Alameda Reyes. La celebración sufrió un alto durante los años de la “guerra de los mil días”. En esa misma época los curas franciscanos son expulsados de los templos y en algunos casos sufrieron extrañamientos.

1908 marca la aparición en las festividades de unos nuevos representantes del sacerdocio romano, llegan los Claretianos. Estos intentan restablecer el ambiente religioso inicial y terminan siendo guardianes de la parte mística. Un aporte fundamental de los Claretianos es la labor adelantada por el sacerdote y músico español Nicolás Medrano Estarriaga, compositor de la letra y música del himno de San Francisco, igualmente de los gozos en honor al seráfico. Este sacerdote estableció una escuela de música académica y reorganizó la banda de “San Pacho”. En su memoria Quibdó bautizó así a un sector barrial muy importante en la actualidad.

 Los barrios Franciscanos siguen creciendo al separarse el barrio “Roma”, o “San Francisco de el Alameda Reyes”, en el año de 1925.

 En principio la fiesta era anunciada por cañonazos, disparados desde un piezas de reliquias heredadas de la guerra de independencia chocoana del poder colonial. De gran recordación es  la pieza de artillería arcaica, el gigantesco “Goliat”. Cañón que se ubicaba en la “Colina de la virgen”, del actualmente barrio “San Judas”. Su estruendo para anunciar el medio día, era de tal magnitud que rompía paredes, vajillas, y otros enceres. La gente del común, en respuesta crea unos cañones artesanales, conocidos como trabucos. Se trataba de un tubo metálico, relleno de pólvora y asegurado en la culata por una madera dura como el guayacán. Con los o con disparos al aire emulaban al “Goliat”, en ausencia de cohetes o voladores, de la pirotecnia china.

 



 DESCRIPCIÓN MODERNA DE LA FIESTA.

A las doce de la noche de cada tres de Septiembre, la quibdoseñidad se da cita en el parque “Manuel Mosquera Garcés”, o en el parque del “Centenario De La Independencia”, para anunciar que en un mes será fecha clásica del patrono de la ciudad. Chirimías, la banda de “San Pacho” y la desbordante alegría de la juventud aunada con todos los grupos etáreos, recorren el “anillo central” de la ciudad. Habiendo hecho un circuito previo de sus barrios hasta el centro de la ciudad. Esta jornada lleva por nombre “La alborada”.

La fiesta arranca con el desfile de las banderas de todos los barrios franciscanos. En el parque “Manuel Mosquera Garcés”, cada uno elige un abanderado que en el centro del redondel demuestra su habilidad en el manejo de la bandera de su barrio, con una espectacular coreografía improvisada.

Para la investigadora Ayala Santos (2002) el año 1926 marca el tono definitivo del carácter carnestoléndico de las fiestas. Se hacen desfiles por las cuatro calles autorizadas, amenizados por el conjunto musical típico de vientos y percusión mayor y menor, aunque en la actualidad, las maracas y el trombón tienen menos ejecutantes.  La etnicidad afrochocoana, se va cada vez más imbricando en todo  su desarrollo. Es para esa versión cuando se popularizan los totes, los fastidiosos “buscapies” y otras formas de la pólvora, como la inolvidable “culebra”.

 De la tradición bantú, aclimatada en la España precolombina, los marotes, ahora llamados “cabezones”, muñecos de tamaños heroicos se incorporan a los desfiles, en los cuales la picaresca caribeña del Chocó, monta escenitas de teatro callejero, a las que hoy denominamos sketchs, en ellas las gentes aludían a acontecimientos relevantes de la cotidianidad, buscando control social. Son los prolegómenos de nuestros amados disfraces o mejor carretas con muñecos animados. La gente se vestía con trajes multicolores, imitaban personajes, todo apropiado para la ocasión.

 En las noches imitando a la vacas de fuego del Mediterráneo, se entronizan las “vacas locas”. Armazones de dos arcos de guáduas, amarradas una a otra por bejucos, un palo como columna vertebral, donde se incrusta un cráneo de res revestido de un costal, envuelto en brea. A este artefacto se le prende fuego. Un “torero” lo desafía dotado de un palito, blandiéndolo como una espada y presto a esquivar los ramalazos que le lanza el portador de la “vacaloca”, con la cola de ésta, consistente en una rama de limón. Por entonces apareció un partido de fútbol, donde no habían goles, ni ganadores, siendo la diversión patear un balón fabricado de costal embreado, el cual se pateaba en cualquier dirección.

En el año de 1929 la fiesta va creciendo en nuevos sectores participantes. Los dirigentes barriales Heladio Candia y Neftalí Cuesta, proponen la adopción de días clásicos por barrios quedando así: Barrio “Roma o San Francisco”, Septiembre 28,“La Yesquita”, Septiembre 30; “Yescagrande”, Octubre primero; “Pandeyuca”, dos de Octubre; “Alameda Reyes”.

En 1930 se incorpora “El Silencio”; diez años más tarde aparece el “César Conto”, seguidamente en 1953 es admitido el “Cristo Rey”, siendo su día de anfitrión el 27 de septiembre; 1962 turno para barrio “La Esmeralda” 1968 marca la admisión del barrio “Las Margaritas”. El barrio John F. Kennedy es incluido e en el circulo sanpachero en 1970; dos años después es protocolizado el barrio con el nombre del prócer de la independencia chocoana Tomás Pérez”. El tres de Octubre, desfilan todos los barrios con sus comparsas y disfraz. (Ayala Santos:2002).

Una peculiaridad de la fiesta sampachera es su autofinanciación. El pueblo quibdoseño, no espera, ni busca financiación institucional o privada. Él mismo desarrolla múltiples estrategias para recabar fondos: realiza tómbolas, ventas callejeras, una urna con una escultura del seráfico le da vuelta todo el año al barrio, donde los devotos aportan sus óbolos, y así sucesivamente, despliegan ingeniosas actividades autogestionarias. El antropólogo John Antón Sánchez, hace unos años verificó una investigación para conocer cuanto cuestan las fiestas, mas se cree que su estimativo estuvo por debajo de la realidad.

LA ETNICIDAD Y SU DEVENIR.

Los acontecimientos propios de las fiestas, está sujetos a las leyes de la dialéctica, sus contradicciones, sus cambios, el retorno renovado del pasado y cosas que aparentemente definitivamente desaparecen. Veamos algunas: El intercambio de platos típicos ha disminuido ostensiblemente pues los vecinos han muerto, los hijos se han mudado de barrio, los conocedores de la preparación han desaparecido, los apremios de la economía, las afugias de tiempo, que no permiten tan largas y sofisticadas elaboraciones. Por ello la juventud que no asiste a la “ronda de lo platos típicos”,  organizada por  la folklorista y folkloróga Madolia Dediego Parra, se queda sin conocer la “Sopa de cachitantas”, la “auténtica” (nos llegó del mundo árabe), el Guarrús, el Birimbí, los donplines (dumplins, venidos de los yumeicas, o jamaiquinos), los tumbos, el Manguéngue, el Champús, etc. Son delicias culinarias seriamente amenazadas por la erosión  de la etnicidad. No obstante digamos que la fiesta dejó de ser quibdoseña y ahora es de todo el Chocó. De la vecina provincia del san Juan vienen contingentes y de los municipios cercanos y aun de los lejanos. Desde hace unos años, la “sampachería” se ha regado por el occidente colombiano y aun extranjeros viene a apreciar la fiesta más étnica de Colombia. A ello han contribuido humanistas como el japonés Kazuyasu Ochiai, antropólogo que escribió un texto académico en los años ochenta; el periodista y poeta Alfonso Carvajal Rueda que escribió una novela “El Desencantado De La Eternidad”, referida a una vivencia personal durante el sanpacho. El antropólogo William Villa, escribió su tesis de grado sobre san pacho; El Maestro Manuel Zapata Olivella, escribió un texto memorable de la fiesta y asevera que el seráfico está enmascarando, no sincretizado, al la deidad bantú, el incendiario Inyamba. .Pero hay tradiciones que se han recuperado sacándolas del cuarto de “San Alejo”, como el báculo, bastón de mando o rural y ancestral africanamente “La Barra de la Justicia”, que hoy porta el presidente de la junta central, barrial o las personalidades del mismo sector. El cual a manera de testimonio, de jefe a jefe de barrio, se va pasando al barrio anfitrión en su día clásico. Esta recuperación se la debemos a Ana Gilma Ayala Santos, Omar y Guillermo Palacios, Benedita Cuesta, Teresa Perea Mosquera y Uriberta Arcila.

Las balsadas reaparecen el 1985. El Bando, donde un personaje típico ordena el reino de la alegría con un discurso humorístico, picaresco y de denuncia social. A continuación en una carroza se engalana de las jóvenes de los años veinte.

Los “cabezones” o marotes, cedieron su espacio a los modernos disfraces. Las “vacalocas” fueron prohibidas por los conflictos que causaban, las “bolas de fuego” por los accidentes que provocaban. Los juegos de barriadas, vara de premios, la gallina ciega, etc, hoy están casi extintos.

 “SAN PACHO EN EL IMAGINARIO DEL QUIDOSEÑO”.

El culto de este santo fue traído a este rincón del mundo, como estrategia deculturadora, para -combatir las herejías de las falsas religiones-. Pero en cumplimiento de la ley de la aculturación formulada por el sabio cubano Fernando Ortiz Fernández, el pueblo afrochocoano, reelaboró a la ortodoxia cristiana del santo italiano. Así mientras que para os judeocristianos se trata de un personaje lejano, para el afrochocoano “san pacho”, no es san Francisco de Asís, un personaje ultraterrenal. Para nosotros es un amigo íntimo, a quien le contamos nuestras cosas, a quien le pedimos que interceda en cosas divinas y humanas. Su prestigio lo ratifica el número de milagros que siga realizando, diría, la antropóloga austríaca Angelina Pollack Eltz, se trata de una religiosidad afroamericana utilitarista.

En consonancia con la hipótesis de Zapata Olivella, el enmascaramiento se ve favorecido en cuanto las virtudes de algo que la cultura dominante desea imponer, Francisco fue poeta, amante de la naturaleza, hablaba con los animales e incendiario. Atributos idénticos a los de Inyamba el bantú, sólo que este no era incendiario sino guerrero y el incendio era únicamente una estrategia en determinados pasajes de la guerra. El que los afrochocoanos hayamos por siglos preservado la jungla, se conjuga con el principio del muntú  que establece que el hombre es parte de la naturaleza, por eso debe amarla y cuidarla. Cuando se va a beneficiar de ella debe pedirle permiso a los orishas y no proceder como enemigo de ella o simplemente aprovecharse de sus generosidad. Ello se evidencia en las oraciones y rituales para entrar al monte bravo, en los conjuros a las culebras venenosas, en la orden que se le da al bejuco “yateví”, Así pues que a los ojos, no expertos, se trata de una religiosidad que ha deformado al cristianismo en su ortodoxia. Cuando para el antropólogo religioso ve allí un sistema religioso nuevo encubierto de cristianismo.

 


En este marco de cosas es como se explica la anécdota narrada en “Historias De Mi Barrio” (Caicedo Licona: 1990), cuando nos cuenta que un quibdoseño san pachero, después de trabajar más de  veinte años en la marina de guerra, se jubiló y resolvió retornar a su pueblo natal. Una vez en la Villa de asís, con sus prestaciones montó un almacén modesto, con tan mala suerte que en el pavoroso incendio de 1966, cuando el fuego avanzaba, le rogó al seráfico que no fuera a permitir que las llamas consumieran el fruto de tantos años surcando los siete mares. Cuando era inminente que las lenguas d el fuego atacaran su local, sacó un pachito tallado en madera. Se arrodilló en medio de la carera primera y volvió a encarecerle el favor, pero san pacho, no le atendió los ruegos. Viendo hechas cenizas sus esperanzas, volvió a pedirle con mayor vehemencia  su santo amigo: “bueno pachito, no me hiciste el favor. !!! ahora danos picha a todos ¡¡¡.

Quibdó estaba amenazado de ser consumido por las llamas en tan gigantesco incendio. A los devotos se les ocurrió traer como última alternativa, la imagen tamaño natural y de madera que preside la catedral de Quibdó y pedirle al seráfico que detuviera el fuego y en la esquina del Pandeyuca con la carrera primera la conflagración milagrosamente cesó.  El santo sabe a quien le cumple. Este es un santo desacralizado, bajado del pedestal cristiano y definitivamente humanizado.

LA FIESTA HOY  (BREVE DESCRIPCIÓN).

El de   Septiembre luego de la fiestas de las banderas, cada barrio tiene la suya con motivos alusivos al santo, excepto “Cesar Conto”, quien hizo caso omiso del café y el blanco, sus colores, optando por el rojo y el blanco, otra vez la picaresca caribeña. Sigue la fiesta en cada bario san pachero. El barrio en su día clásico organiza una misa, desayuno para los ancianos y un desfile que dura no menos de seis horas, visitando a los barrios hermanos en medio de los soles más abrasadores o de los aguaceros diluviales llamados “chocoanitos”. El cortejo lleva adelante el abanderado, que se releva cada tanto, el portador del bastón de madera, los de la junta del barrio, luego diez o más chirimías, con los más variados formatos. Les siguen las comparsas, ahora denominadas Caches, donde aparecen rarísimos diseños en los ajuares, el colorido es lo dominante, siguen una corte zoológica, de personajes de la política colombiana e internacional, personajes extraterrestres.

El ron, el aguardiente y el biche, van pasando y regresando metiéndole más fuego a la canícula que todo lo invade, la cual vanamente intentamos combatir consumiendo hectolitros de guarapo y agua corriente. Las personas que montan juegos coreográficos, aquí encuentran un mar de creatividades. Un jefe, jefa, de caché se inventa complicadas expresiones corporales las cuales repiten a la perfección los veinte o más comparsistas.

Pero el rey del desfile es una carroza, la cual en su plataforma lleva una estructura semicerrada y sobre ella una serie de figuras animadas, que en su discurso denuncian las cosas que el pueblo repudia. Consecuencialmente, el artista que se cranéa y realiza este teatro andante es el personaje más admirado de la quibdoseñidad. En tiempos lejanos, estos disfraces eran llevados por barcos para ser paseados en Cartagena el 11 de Noviembre y en Barranquilla en el carnaval. Dos de estos artistas y físicos, expertos en poleas, dinámica, cinética y otras ramas de la física, han pasado a la Historia, cada uno con su propia escuela y secretos resguardadísimos. Se trata de los artistas integrales, pintan, esculpen, cantan; son músicos, compositores, poetas, teatreros joyeros y ¿que más será? Miguel Ángel Mosquera Conto (“Miamco”) y Alfonso Córdoba (“El Brujo”). Ello son auténticos héroes de nuestra cultura.

Concluido el recorrido, empieza la verbena, el barrio anfitrión se llena de chirimías, equipos de sonidos, rumbas en las casas, en las que para todos los visitantes hay sancocho y licores. !!! hasta que San Juan agache el dedo¡¡¡

El tres de Octubre desfilan todos los disfraces, las comparsas y el jurado define el ganador en cada modalidad.

Un barrio que se ha metido a la fuerza en la celebración no oficial, es llamado “Niño De Jesús”. Allí la fiesta pagana hace el remate de dos semanas de alegría sin parar. En las primeras horas de la madrugada se da un rotundo cambio a la dinámica paga de la fiesta. Quibdo entero corre hacia la catedral a cantarle al seráfico,  “Los Gozos”, obra imperecedera del padre Nicolás Medrano. La liturgia y la religiosidad copan la escena.

 No obstante la procesión con el santo de más de cincuentamil personas, se topa con un borrachito, durmiendo la rasca como el que exclamó: Esto es más duro que trabajar!

 El cuarto de Octubre Quibdó se engalana. La ruta de la procesión es adornada con cadenas de papel, que ahora compiten con los festones de la parte pagana y en las esquinas principales se levanta un arco y un altar, que hacen parte de un escenario, donde se recrea alguno de los pasajes milagrosos de San Francisco. Les llamaos los milagros.

 San Pacho, retorna triunfal a su catedral después de un agotador recorrido de más de diez kilómetros, a sol  o a lluvia, llevado en andas duramente disputadas o alternadas por sus devotos. Es el día del color café y el habito franciscano, salpicado de unos cuantos trajes lilas. Es el día de las peticiones, es el día de las espermas de velas, de la quemada tolerada es el día de las mandas.

Horas después se recogerán las banderas que es la coda pagana de la fiesta o como dicen los que nunca tienen cuando acabar “Lastima que San pacho, sea una sola vez al año”.

 Finalmente, es preciso decir que solo un pueblo que tiene a la música como su más preciado elemento de su etnicidad es capaz  de hacer una fiesta con tan soberbio derroche de alegría.

 Salseros folkloristas, le han cantado a San pacho, por eso retomamos el patético verso del Maestro Hansel Camacho, buscamos a través de la fe , lo que la dicha no alcanza.

 San pacho es una experiencia, única e irrepetible. Quien no se lo ha gozado, no sabe lo que es rumbear.

 

 BIBLIOGRAFÍA.

 

Ayala, Santos, Ana Gilma.

Reseña Histórica de la fiesta de San Francisco de asís.

Editorial Publiartes Bueno´s

Quibdó 2002.

 

Carvajal rueda, Alfonso.

El desencantado De La Eternidad.

Editorial

Bogotá 199

 

Ochiai, Kazuyasu.

Poética en la s calles: Devoción Y diversión En la fiesta de san Pacho De Quibdó, Chocó, Colombia.

En  Social aAd Festive Space In The Caribbean.

ILCAA. Tokio, Japón.

 

Pereachalá Alumá, Rafael.

San pacho y mi pueblo.

Inédito.

 

Velásquez Murillo, Rogerio.

La Fiesta de San Francisco de Asís En Quibdó.

Revista Colombiana De Folclor 2 Época. 1960.

 

Zapata Olivella, Manuel.

San Pacho e Inyamba.

Conferencia.

Quibdó 1986.

 

--------------------------------.

Fragmentos De Historia, Etnografía Y Narraciones del Pacífico Colombiano Negro.

Instituto Colombiano De Antropología E Historia.

Bogotá 2000.

 

 

 



Comentarios

Entradas populares de este blog

ANTIOQUIA Y CHOCÓ: 400 AÑOS DE CONFLICTOS FRONTERIZOS Por :José E. Mosquera

LA SALSA: SÍNTESIS DE LA MÚSICA AFROAMERICANA . RAFAEL PERECHALÁ ALUMÁ (ANTROPÓLOGO) .

La agricultura en selva lluviosa LA PRODUCTIVIDAD DE LOS SUELOS DEL CHOCO, ES UN PROBLEMA DE ÓPTICA Y NO DE BAJA FERTILIDAD. Por : Gonzalo Díaz Cañadas