Contextualización étnica del Pacífico colombiano. Por : JHON ANTON SACNHEZ,Quibdo,2000

 

CONTEXTUALIZACIÓN ETNICA DEL PACÍFICO COLOMBIANO.

Las Comunidades Negras del Pacífico, su perspectiva organizativa y avances y debilidades en la construcción de un proyecto de vida como sujetos sociales con perspectiva étnica.

 

 1. Las comunidades negras en la región del  Pacífico colombiano.

En la coyuntura de la modernidad, el Pacífico colombiano ocupa un interesante lugar como región estratégica en el cual el capital internacional centran su punto de interés dada la rica variedad de recursos naturales, ambientales y culturales que posee. De este modo, al Pacífico se le ha denominado globalmente como Región Natural del Chocó Biogeográfico, distinguiendo así a la mayor reserva en recursos biodiversos del país, ubicada entre la cordillera Occidental y el océano Pacífico, desde las desembocadura del río Mataje (cercanía al Ecuador) hasta la desembocadura del río Atrato en la región del Darién, cubriendo en total un área de 131.246 km cuadrados considerada la segunda reserva natural más rica en recursos de la Tierra y  la más importante en Colombia en endemismo, además que posee la tercera parte de las cincuenta mil especies de plantas del país y se estima que al rededor de 2.000 especies de vegetales y mil de aves no se encuentran en ningún otra parte del mundo

 

Igualmente, el Pacífico colombiano históricamente ha estado poblado por diversidad de grupos étnicos indígenas y negros, los cuales hacen parte de la riqueza cultural que distingue especialmente al país en América Latina.

 

Las Comunidades Negras[1] en áreas como la región del Pacifico se entienden como un “conjunto de familias de ascendencia afrocolombiana que poseen una cultura propia, comparten una  historia, tienen  sus propias tradiciones  y costumbres dentro de la relación campo poblado, que revelan y conservan  conciencia  de identidad  que las distingue de  otros grupos étnicos.” [2]

  2. Ubicación socio espacial de las comunidades negras del Pacífico.

 Se estima que la población total del Pacífico supera los 1.300.000 habitantes (quienes representan un 12% del total nacional), de los cuales la  población negra alcanza los 8170.000 habitantes, asentados a lo largo de las tierras bajas, esteros, llanura aluvial,  pie de montes y serranías del litoral y a lo largo de playas y diques; igualmente la población negra de tiende a nuclearse en centros urbanos importantes como Quibdó, Itsmina, Buenaventura, Tumaco y Guapi y demás cabeceras municipales como Tadó, Condoto, Barbacoas, Iscuandé, Bahía Solano, Timbiquí, etc.

El Pacífico colombiano no es una zona uniforme ni homogénea. Al contrario, pese a que está fuertemente determinada por una étnicidad marcada por la presencia histórica y ritmos de vida de las comunidades negras, al interior de la región se circunscribe una variedad de relaciones y sistemas culturales que la hacen muy rica en cuanto a la complejidad interna de sus habitantes afrocolombianos,

En esta diversidad interna de los habitantes afrocolombianos del Pacífico tienen que ver aspectos como: la multietnicidad de los antepasados, las formas tradicionales de producción, los mecanismos de colonización y conquista del bosque húmedo tropical, los ciclos migratorios, las relaciones campo poblado, los sistemas comerciales, las vías de penetración, y sobre todo los imaginarios que construyen sus habitantes al momento de recrear sus ritos y símbologías propias de sus identidades culturales y políticas.

Uno de los elementos necesarios para comprender la diversidad interna de las comunidades negras del Pacífico son las condiciones sociogeográficas de la región, donde la complejidad ambiental de los cuatro departamentos que la componen permiten reconocer a su interior varias regiones naturales que en parte influyen en las dinámicas culturales y relaciones poblacionales que las comunidades negras determinan[3].

 De otra parte, tenemos que los ríos de la región también permiten en grado más sucinto determinar algunas características importantes en cuanto al tejido interno de las dinámicas de poblamiento, relaciones sociales y mecanismos de apropiación territorial y movilidad de los pueblos negros del Pacífico; además que ellos desde el punto de vista histórico y productivo han permeado fuertemente la estructura de parentesco, el crecimiento demográfico, la caracterización de la identidad cultural, el sentido de pertenencia territorial, el intercambio comercial y las relaciones políticos administrativas,

 Se tiene entonces que en el Pacífico la relación cuenca - tejido sociocultural - poblamiento ha sido determinante, y en donde se destacan los corredores o arterias fluviales como el Atrato, San Juan, Baudó y Patía, y en menor grado el Condoto, Tamaná, Sipí, Andáqueda, Quito, Calima, Mira, Micay, Mataje, Guapi, Iscuandé, Naya, Yurumaguí, Anchicayá, Timbiquí, Bubuey, Saija y Guapi, Chaguí Mexicano Tablones y el Rosario

 En suma, para intentar una aproximación a la diversidad interna de la comunidad negra del Pacífico, al menos desde una posible caracterización sociogeográfica, es necesario tener en cuenta al menos tres tipos de factores: i) la organización sociopolítica tradicional, ii) los tejidos de relaciones de producción, comercio y transporte y ,iii) las dinámicas culturales territoriales definidas por cuencas hidrográficas.

 Examinando de manera más puntual este fenómeno de poblamiento, tenemos que desde el Chocó se podrían distinguir dinámicas socioculturales estructuradas desde las cuenca del del Atrato y sus afluentes, la del San Juan y la del Baudó, además de las especificidades de la zona del Darién y Urabá y la costa del Pacífico.

 Igualmente tenemos que para el Pacífico sur algunas dinámicas de poblamiento y tejidos sociales de la comunidad negra se nutren ubicando las relaciones estratégicas que se desarrollan entre centros poblados como Buenaventura, Guapi, Tumaco y Barbacoas y cuencas o subcuencas hidrográficas. De este modo se destaca el tejido que forma la ciudad de Buenaventura con las poblaciones que se sitúan a lo largo de corredores fluviales como Calima, Dagua y las Bocas del río San Juan en la parte norte del Valle, mientras que por la parte sur se agrupan las comunidades rurales asentadas a lo largo de ríos cortos como Yurmaguí, Cajambre Raposo, Anchicayá y Raposo

 Por su parte en la costa Pacífica caucana encontramos interesantes movilidades tejidas desde la población de Guapi hasta hacer circuito con poblados asentados en las cuencas hidrográficas del Naya, Guapi, Micay, Timbiquí, Bubuey y Saija en las que se encuentran unas 55 comunidades.En el departamento de Nariño aunque las poblaciones de Tumaco y Barbacoas operan como centro de intercambio y confluencia, se denota una movilidad social más compleja: En un sector encontramos las comunidades rurales que se agrupan a lo largo las cuencas de los río Iscuandé, Tapaje, Satinga, Mira, Tapaje, Satinga, Telembí y Patía. De otra parte se distinguen las comunidades asentadas a lo largo de ríos cortos como Mexicano, Rosario, Gualajo,. Tablones y Chaguí que se interrelacionan fuertemente con la ensenada de Tumaco.

 3. Rastro étnico de las comunidades negras del Pacífico.

 Con la trata esclavista que se prolongó desde el siglo XVI[4], se calcula que al menos unos 13 millones de africanos llegaron al Nuevo Mundo en condición de esclavizados[5]; de este total se estima que entre 1521 y 1865 1.5 millones de negros fueron introducidos a Hispanoamérica, de los que se presume que a Cartagena entre 1585 y 1640 pudieron haber entrado al rededor de 89 mil esclavizados. Según Colmenares, el control de procedencia de los esclavizados estaba justificado en las patentes de los registros que se hacían de cada esclavo que pasaba por los puestos de control como Cartagena, Mompox, Honda y Popayán.

 En cuanto al estudio sobre la procedencia étnica de los esclavizados que penetraron al Pacífico por Popayán, el maestro Germán Colmenares establece lo siguiente:  “el mayor número de esclavos en todo el período (1705-1748) correspondían a la denominación de minas, nombre que hacía mención a los negros que provenían de los pueblos de Akan de la costa de Oro. Le siguen los araras, designación genérica a aquellos embarcados en el golfo de Benin y que correspondían a esclavos traficados por el reino de Oulida, conquistado anteriormente por los dahomeyanos[6]. También hubo presencia de esclavos lucumíes, procedentes del golfo de Benin, un término que generalizaba a los negros de habla yoruba. Esta designación corresponde al reino Ulcumí, situado al delta del Niger. Luego de 1730 hubo presencia masiva en América de carabalíes, es decir el grupo de negros embarcados entre el golfo de Biafra y la región de Angola.

 Por su parte el maestro Rogerio Velázquez[7] trabajando documentos de archivos de Nóvita y Barbacoas del siglo XVIII, realizó un sistemático rastreo de la posible procedencia étnica y regional de los esclavizados y que a su vez comparó con apellidos que para la década de los 60 del presente siglo aun se mantenían o ya bien habían desaparecido.  De este modo Velázquez precisa las siguientes denominaciones y procedencia étnica de las comunidades negras del Pacífico: aguamú, anda, arará, attié, balanta, bato, betes, biáfaras o biafras, bram, briche, cana, ctangara, casanga, coco, congo, coto, cuambú, cuca, culango, chalá, chamba, chato, egba, fanti, guaguí, guancheras, havi, luango, mandinga, malinke, matamba, mago, popo, sanga, taba, tabí, tembo y viví, etc.

 4. Rupturas y continuidades en la construcción étnica del Pacífico.

La construcción étnica de las comunidades negras del Pacífico colombiano ha sido caracterizada por  profundos cambios y transformaciones culturales históricamente demarcadas por un proceso dialéctico de rupturas y continuidades. Al respecto el maestro Manuel Zapata[8] señala que la esclavización despojó al africano de su cultura material ancestral, amenazó su espiritualidad y lo sometió a la desnudez total, al tiempo en que lo obligó a adoptar una nueva forma de elaboración de su pensamiento, un replanteamiento de sus ideas culturales, una nueva construcción de imaginarios basados en materiales inicialmente desconocidos y traducidos en una lengua ajenamente impuesta.

De este modo, la construcción de una nueva cultura negra en América y en el Pacífico significó  un proceso paralelo de ruptura total y su vez de continuidad con sus legados ancestrales. Ruptura porque el esclavizado no solo fue desterritorializado, sino que el régimen de opresión amenazó con debilitarle sus estructuras culturales más elementales. Sin embargo esta crisis permitió una respuesta estratégica de supervivencia que de algún modo se expresó como una continuidad donde el esclavizado se obligó a construir nuevos modelos de adaptación cultural que surgen como mecanismos de sobrevivencia sustentados en las aportaciones de los distintos legados culturales ancestrales[9] .

 Este proceso dialéctico implicó que el esclavizado lograra un desdoblamiento de toda su capacidad creadora y de este modo estructurar una nueva civilización en América forjada a partir del establecimiento de nuevas instituciones con formas de vida y organizaciones sui géneris.

 Esta nueva civilización que las sociedades negras lograron estructurar igualmente estuvieron mediadas por el tipo de resistencia cultural que el esclavizado adoptó. Estas básicamente fueron dos: a través del aislacionismo impuesto desde el cimarronismo y los palenques o por medio del integracionismo basado en la criollización o asimilación y sincretismo de los valores culturales de Occidente.

 Este panorama de construcción de una nueva cultura negra en América se hace notable en el Pacífico, donde sus comunidades experimentan cambios culturales que históricamente se han desarrollados como una estrategia particular de adaptación. Este cambio cultural pudo haber implicado una erosión de rasgos muy tradicionales de identidad pero a su vez  la recreación de una nueva visión cultural que exigió la aceptación de otras visiones dada las nuevas condiciones de vida de la región

 5. Dinámica de Poblamiento de las comunidades negras.

Transcurrido y finalizado el régimen colonial y concluida la etapa de la esclavización, las sociedades negras del Pacífico se ven obligadas a desarrollar estrategias de sobrevivencia y adaptación instalándose a lo largo y en lo más profundo de la boscosidad del Pacífico, situación que de alguna manera arrojó un nuevo tipo de práctica cultural  que les permitió desarrollar un complejo sistema de conocimientos, técnicas e innovaciones propias que les han permitido hasta hoy el uso, explotación y conservación racional y sostenible de un universo de recursos biológicos y naturales.

 Durante la colonia el proceso y evolución de la ocupación territorial del Pacífico fue impactado fuertemente por las actividades extractivas de oro y plata.  A lo largo de este período la mayor parte de la población esclavizada y liberta se agrupó al rededor de aquellos centros mineros que representaban los intereses políticos y económicos del poder español. (Citará, Nóvita y Tadó, Popayán, Barbacoas e Iscuandé)

 Con el epílogo del auge de la minería a comienzos del siglo XIX, la dinámica poblacional de la región sufre transformaciones substanciales, sobre todo a causa de los procesos de liberalización de los esclavizados y el reordenamiento territorial de los indígenas. En términos generales, durante todo el proceso de la colonia y los primeros tiempos de la república, se advierte en la región una distribución poblacional estratégica: comunidades indígenas se sitúan en las partes altas de las cuencas y en los nacimientos de los ríos, mientras las comunidades negras buscan las partes medias y los valles de las arterias fluviales y los pie de montes de las serranías.

 Para el caso de las formas específicas de ocupación por parte de las comunidades negras en el Pacífico,  J. Aprile[10] establece que una de las caraterísticas generales del proceso de colonización contemporánea fueron los hábitat aislados, dispersos y solitarios que se iban tejiendo a lo largo de las vegas de los ríos en lo más espeso de la selva húmeda, donde una familia accede al territorio de forma libre y en el momento de trabajarlo o mejorarlo lo posee y lo apropia sin condicionamiento jurídicos legales sino más bien bajo su propia lógica y cosmovisión.

 Igualmente se entiende que la colonización de la selva húmeda del Pacífico y sus ríos permiten una conexión entre la producción, la utilización de los recursos naturales y la estructura del parentesco. Donde desde la unidad doméstica familiar inicial se desprenden luego los hijos y posteriormente los nietos formando así un tronco consanguíneo fundamental para el proceso de ocupación territorial lineal a lo largo de un tramo del río. Posteriormente a medida que el ramaje de la parentela crece y se multiplica mediante las alianzas matrimoniales, la dinámica poblacional se extiende mediante la posesión per se del espacio territorial formando así un hábitat bifamiliar y luego multifamiliar hasta consolidar la idea de poblado como embrión de aldea o comunidad.

 6. Subsistencia y supervivencia de las comunidades negras.

 Como mecanismo de adaptación cultural las comunidades negras rurales del Pacífico buscan establecer modelos subsistencia en correspondencia a las condiciones ambientales, a la oferta de recursos que el medio les ofrece y las necesidades de consumo que la unidad familiar demanda. De este modo el grupo familiar desarrolla ciertas formas asociativas de producción que le permiten superar el “pan coger doméstico” y lograr excedentes comerciales que posibiliten la negociación y el intercambio con fines de incremento económico. De esta forma, la subsistencia posibilita el establecimiento de redes de intercambio comercial diseminadas a través de cordones de aldeas y caseríos de reducido tamaño físico y demográfico estacionados a lo largo de los ríos.

Como resultado de las variaciones fisiográficas del suelo y el tipo de recursos que utiliza la comunidad, la subsistencia en la llanura aluvial del Pacífico distinguen 3 modelos de producción: la minería, agricultura y pesca, que a su vez es complementada con otras actividades como la caza, la recolección de frutos y las labores artesanales[11]. Tenemos entonces que durante el ciclo anual de producción las comunidades negras combinan distintas posibilidades de subsistencia con el propósito de aprovechar todo el territorio y sus recursos naturales.

 Según los análisis de los modelos de producción que hace Villa y Valencia, a pesar que la agricultura es la actividad que más domina la llanura aluvial del Pacífico, solo el 25% de las labores de la unidad doméstica son invertidas en ella durante el ciclo anual, mientras que las actividades extractivas adicionales como la recolección de frutos, la pesca, la madera ocupan el 36% del resto tiempo del trabajo. La producción agrícola se basa en el cultivo del plátano básicamente y el chontaduro, mientras que cultivos como el arroz, el maíz y la caña se integran de forma complementaria según el tipo de suelo y las condiciones regionales del mercado; mientras que la minería se observa un mayor grado de innovación a nivel tecnológico, lo que implica un grado máximo de utilización del tiempo con relación al otros modelos de producción. Por su parte, la riqueza hídrica de los ríos y humedales permiten que la pesca se convierta en el modelo básico de subsistencia de varias familias y su actividad se oriente hacia una economía de mercado. La tradición ha demostrado que la apropiación de este recurso sea colectiva, aunque la introducción de ciertos recursos técnicos de extracción permitan la explotación particular.

 7. Proceso organizativo como base de construcción étnica de las comunidades negras del Pacífico.

 Las comunidades negras en Colombia han venido avanzando en un complejo proceso de construcción étnica diseñado desde un horizonte ancestral, histórico y político. Este proceso además se ha venido configurando mediante mecanismos de reconstrucción y revaloración de la capacidad organizativa interna que a su vez sirve de sustento al momento de la definición de su “ethos cultural”, es decir, la definición de un discurso que les permite autodefinirse como un grupo humano heterogéneo que comparte una cultura y cuyos miembros están unidos por una conciencia de identidad común establecida históricamente

 En el plano particular, los pueblos del Pacífico luego de haber pasado largos períodos de tiempo sumergido en la invisibilidad y el ocultamiento, han pasado a ocupar renglones significativos en el plano nacional, donde el interés central ha sido la construcción de una identidad étnica estable y fuerte en medio de la configuración multiétnica y pluricultural del país.

 En estas circunstancias un elemento trascendental para la concreción de un proceso de construcción étnica de las comunidades negras ha sido la reflexión en torno a la Conciencia de Ser, concepto que ha permitido direccionar su lucha histórica y a su vez caracterizar una personalidad e identidad como grupo étnico. Dicha conciencia de ser se circunscribe en la lógica y formas de ver el universo, en los procesos organizativos, en la movilización y en la resistencia de cada uno de los pertenecientes a esta colectividad.

 Desde el siglo XVII la reflexión sobre la conciencia negra ha tenido varios momentos trascendentales enmarcados por las luchas cimarronas, el establecimiento de palenques, la sublevación en minas y haciendas, la automanumisión, la coartación y el sincretismo cultural, escenarios que permitieron proyectar para la historia un modelo autónomo de vida y libertad en contra de la opresión. Ya en la época contemporánea la  conciencia de ser le ha permitido al movimiento social de las comunidades negras un carácter revolucionario delimitado por la lucha contra el racismo, la discriminación y la segregación,  contexto que ha desembocado en la necesidad de conquista de unos derechos territoriales, culturales, políticos y económicos como vía de concreción de un proyecto de étnicidad y vida.

 En síntesis, los distintos escenarios por donde se ha desarrollado la conciencia del ser han  permitido comprender que el proceso de construcción étnica de las comunidades negras en Colombia se haya visto afectado por varios momentos trascendentales:  Un primer momento que parte desde los levantamiento y sublevaciones de cimarrones y esclavizados en los reales de minas hasta el logro de la abolición legal de la esclavización a mediados del siglo XIX. Luego las comunidades “libertas” comienzan un fuerte proceso de campenización, de poblamiento y conquista territorial. Para los años 30 y 40 del presente siglo las comunidades negras emergen en el plano nacional buscando oportunidades de participación de tipo político - cívico, surgiendo así caudillos de talla nacional y regional que se entre mezclan con una oligarquía mestiza y partidista. A partir de los años 50 y 60 las expresiones organizativas de las comunidad negra de Colombia se ve fuertemente influenciada por el auge de los movimientos de izquierda, la descolonización africana y las luchas que en los Estados Unidos emprendieron los negros en contra del racismo institucional y la secregación. Durante la década del los años 70 y 80 el Pacífico colombiano se ve sacudido por una serie de movimientos y paros cívicos desde las concentraciones urbanas, mientras que en las zonas ribereñas la pastoral social de algunas vicarías y diócesis estimulaban la conformación de organizaciones campesinas que más tarde, para los años 90, aprovechan coyunturas políticas internas del país y logran darle un viraje e impulso total al proceso de construcción étnica de la comunidad negra del Pacífico: es cuando se establece la ley 70 de 1993, máxima expresión de la fundamentación jurídica y política de los derechos colectivos afrocolombianos como grupo étnico.

  8. La ley 70 de 1993 y los derechos étnicos afrocolombianos.

 A finales de los años 80 y comienzo de los 90 el movimiento social de las comunidades negras reasume un nuevo liderazgo. La gente del Pacífico en compañía de sus dirigentes y sus organizaciones de base (campesinas y populares) aprovechan las coyunturas políticas y los agites de cambio que requería el país, y se encaminan hacia la salida necesaria del anonimato, logrando así ocupar un significativo espacio en la vida social, política y estamental.

 En efecto, la Asamblea Nacional Constituyente tanto para este sector organizado de la comunidad negra como para otras expresiones populares de la sociedad colombiana, representó la posibilidad de encontrar una salida institucional y política a las crisis social generalizada en que se encontraba sometido el país. Crisis originada entre otras cosas por la debilidad institucional reinante, la agudización de la pobreza, el conflicto interno con la guerrilla, y sobre todo la falta de legitimidad de los partidos tradicionales, el proceso selectivo de exterminio a expresiones alternativas de izquierda y la presencia del narcotráfico como fenómeno nacional. Esta debilidad estatal por la que atravesaba Colombia fue causa para que distintos sectores sociales dieran las bases para la obligatoriedad de un proceso profundo de transformación de las estructuras políticas del estado que luego fueran consignadas en la nueva Carta Política de 1991.

 El proceso de convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente permitió que las comunidades negras entendieran la necesidad de movilizarse nacionalmente con el propósito de darle a su discurso mayor dimensión, con fuerza política, representación social y reconocimiento institucional. Estos esfuerzos de representación al interior de la Constituyente comenzaron a articularse a través de un amplio debate interno que luego permitiera la consignación del artículo transitorio 55 de la Constitución Política de 1991.

 Con el Artículo Transitorio 55 se logra canalizar toda la fuerza del movimiento social y demás sectores independientes de las comunidades negras, donde se demuestra que las comunidades negras del país y en especial las asentadas en el Pacífico, corresponden a unas lógicas y sentidos culturales distintos a la mayoría de la sociedad nacional, por lo que las hace merecedoras de unos derechos políticos, económicos, territoriales y culturales de carácter especial y colectivo.

 La reglamentación del A.T 55 en primer lugar no solo permitió el  reconocimiento a las comunidades negras rurales del Pacífico a la propiedad colectiva sobre sus territorios habitados ancestralmente, sino que además facilitó madurez y perspectiva al proceso organizativo de las comunidades negras que logra la articulación de nuevos escenarios de participación, concertación e interlocución entre el grueso de las comunidades a través de sus organizaciones de base y el Estado.

 La expedición de la ley 70 de 1993 como resultado de la reglamentación del  A.T 55 suscita entonces una redefinición del concepto “comunidad negra” en torno a su carácter étnico y sus componentes sociológicos y políticos. Se trató de un accidentado período de construcción jurídica decisivo en el acto de reconocimiento de la legitimidad del proyecto de la étnicidad afrocolombiana caracterizado por las múltiples visiones desarrolladas al interior de las mismas comunidades negras y que de alguna manera se entretejen profesando distintas concepciones y trayectorias, espacios de trabajo y problemáticas particulares[12].

 La ley 70 además no solo significó la máxima reivindicación del movimiento social de las comunidades negras en torno a sus derechos colectivos, sino que también posibilitó un momento esencial en el proceso de consolidación de las organizaciones de base y de los espacios de concertación con el gobierno y sus instituciones.

 Igualmente la ley 70 y su proceso de reglamentación desencadenó al interior de las organizaciones y expresiones sociales de la comunidad negra  un debate auto reflexivo  y autocrítico con miras a la fundamentación definitiva de una identidad política que caracterice y defina las estrategias para la unidad y la coherencia ideológica del movimiento de las comunidades negras. En consecuencia, las organizaciones campesinas de comunidades negras del Pacífico inmersas y decididas en la concreción de sus propósitos étnicos buscan consolidar una entidad  política fuerte que permita el establecimiento de la reconstrucción y afirmación de unos principios políticos y organizativos que enmarquen su horizonte como grupo étnico.

 De acuerdo a lo anterior, y partiendo de un examen del devenir y el que - hacer de las comunidades negras como grupo étnico, sus organizaciones, líderes y expresiones estructuran su plataforma ideológica en torno a unos principios que recogen los siguientes elementos:

 

n La reafirmación del ser (conciencia del ser negro)

n Espacio para el ser (derecho al territorio)

n Ejercicio del ser (derecho a la autonomía y a la participación)

n Construcción del ser (el desarrollo como visión de futuro)

Con estos principios operantes como plataforma ideológica, el movimiento social de comunidades negras se reestructura definiendo claramente sus distintas dinámicas de trabajo y escenarios de debate, confrontación y concertación tanto en espacios autónomos como mixtos. En concreto, las líneas y contenidos discursivos de las comunidades negras se esparcieron creando distintas tendencias al interior del movimiento y tratando por caminos diferentes ocupar espacios desde lo político, lo institucional, lo urbano y lo rural propiamente dicho.

 Sin embargo vale anotar que la diversificación de distintos contenidos discursivos también han sido producto de  fisuras y requiebros que al interior del movimiento reflejan debilidad en el proceso, dado que en el seno del movimiento emergen con fuerza un cúmulo de intereses particulares, dependencias institucionales, carencia de liderazgo y falta de compromiso comunitario. Esta situación permea toda la geografía política del movimiento y le reviste de una costra plena de discontinuidades y dispersión que termina evidenciando una paulatina erosión ideológica, una tendencia marcada hacia la fragmentación y en última la deslegitimación institucional.

 Otro factor que incide notablemente en el fenómeno coyuntural del proceso organizativo del movimiento social es la notable sensibilidad que las comunidades tienen frente a sus relaciones con los sectores políticos y gubernamentales, ante quienes se vislumbra paulatinamente una falta de consistencia al momento de las demostraciones de autonomía, autogestión e independencia, sobre todo aquellas que se determinan exclusivamente en el plano económico y operativo, lo que en últimas posibilita que muchas organizaciones se sometan a largos períodos de anquilosamiento o en su efecto a fuertes momentos de actividad, situación por lo demás crítica y negativa al momento de la concreción y unidad del movimiento social.

  9. Perspectiva étnica del movimiento social de las comunidades negras del Pacífico :

Una aproximación a la reflexión en torno a la perspectiva étnica del movimiento de comunidades negras del Pacífico implica necesariamente una visión prospectiva de sus debilidades y fortalezas, de la correlación de fuerzas que lo enmarcan, de la estructuración de espacios de concertación en el escenario futuro definido desde las coyunturas, locales, nacionales e internacionales. Se trata de un ejercicio que deberá situarse no solo en el devenir histórico de las comunidades negras frente a su misión de configurarse como auténticos sujetos sociales artífices de su propio desarrollo, sino que además debe situarse en la complejidad política, económica e institucional que envuelve una coyuntura mundial pensada y desarrollada desde unos criterios filosóficos de tipo modernista, tecnocráticos y globalizantes, que intentan romper fronteras nacionales y que buscan la desestructuración de visiones locales con firme propósito de homogenizar y simplificar las relaciones inter e intraculturales e imponer verticalmente nuevos imaginarios y perspectivas de vida de los pueblos del planeta.

 El concierto internacional le exige entonces a las comunidades negras del Pacífcio y del país una estricta reorientación y un repensamiento de sus perspectivas organizativas y filosóficas a fin de hacer más coherente una práctica discursiva convincente, situada en la realidad y capaz de sobrevivir a las exigencias de la modernidad.

 La reflexión entorno al horizonte político de las comunidades negras del Pacífico debe necesariamente partir de la reinterpretación del legado histórico del proyecto de vida que los ancestros trataron de implantar como estrategia de adaptación y sobrevivencia. No se trata de una reflexión de corte romántico y dolosa, sino por el contrario, es hacer un detallado esfuerzo de  compresión de la trascendencia histórica de la presencia del negro en América y su valioso aporte  al desarrollo de una nueva cultura y a una nueva dimensión del desarrollo.

 En este plano, el legado de los ancestros toma vigencia legítima en la medida en que cada uno de los hombres y mujeres negras del Pacífico estructuran su conciencia de Ser y sienten el deseo histórico y la responsabilidad de perpetuar una cultura forjada bajo un largo proceso de lucha por la reivindicación de un modelo de vida cultural y políticamente distinto.

 La enseñanza de los ancestros le permite al movimiento social no perder el norte de su razón de ser como actor dinámico capaz de elaborar unos instrumentos metodológicos y estratégicos que hagan de las comunidades unos sujetos sociales necesarios y aportantes a la urgente transformación de unos sistemas sociales, económicos, políticos y económicos de un país y que desean ser reformulados por una sociedad organizada bajo justos preceptos democráticos y participativos garantes de la igualdad, la dignidad, la vida y el trabajo.

 El camino recorrido  por el Movimiento social, teniendo en cuenta sus rupturas y continuidades  históricas, demuestran  los logros en el proceso de edificación de un proyecto de vida colectivo de las comunidades negra. No obstante aun se está en los inicios de una compleja transformación social, cultural y política de la mentalidad de los afrocolombianos, requerimiento indispensable para la consolidación de una identidad política propia y unitaria que se prospecte como una opción clara y legítima de poder.

 Se trata de avanzar en un proceso autónomo e interno que debe partir de la capacidad del autoreconocimiento como comunidad, pueblo y etnia con capacidad y suficiencia para articular para un solo norte la complejidad de la diversidad interna que la caracteriza. Esto es que las comunidades negras deben nuclearse políticamente en medio de la apropiación de su pluralidad de visiones e intereses.

 De otra parte, dicho proceso debe ser consciente y dirigido a permear los distintos espacios de la vida nacional desde donde se toman y ejecutan las decisiones que enrutan el presente y futuro de la nación. En este sentido, la construcción de un proyecto de vida colectivo con visión étnica, que articule la diversidad interna de la población negra y permee las altas esferas del estado, es sin duda un reto y propósito que implica partir de las debilidades y fortalezas que giran en torno al movimiento social.

 Debilidades :

 

Desde una visión interna y partiendo desde lo que se tiene, se observa los siguientes elementos criticables del proceso de construcción de un modelo de vida auténticamente posible para las comunidades negras como grupo étnico :

 

El escepticismo. Las comunidades negras en el plano de lo político y organizativo viven en total desconfianza y escepticismo respecto a su  capacidad de generar, a partir de la unidad, una fuerza política y social propia e independiente. Esto debido no solo a la colonización histórica del sistema político tradicional colombiano al interior de la comunidad, sino también a causa del divisionismo, el caudillismo mal dirigido y el descrédito del liderazgo.

La desconfianza y el escepticismo mutuo no permite una sola sinfonía a la hora de las reclamaciones y concertaciones con el estado, quien aprovecha esta circunstancia para tratar de neutralizarlos los procesos organizativos y volverlos dependientes e institucionales.

 

El desconocimiento de los antecedentes históricos.  Es muy relativo el nivel de profundidad que en general las comunidades negras tienen de sus dinámicas históricas, socioeconómicas, de territorialidad y de conquista de logros estratégicos de derechos colectivos. Aun en los contextos locales y regionales se nota la carencia de elementos conceptuales sobre la realidad demográfica, económica y tecnológica de la región , lo que impide hacer una evaluación y un diagnóstico real de lo que son específicamente las principales problemáticas de las comunidades. Además se tiene que el desconocimiento y la falta de información permite generar un discurso descontextualizado y muchas veces desorientado y sin fundamento.

 La falta de un análisis de coyuntura global. Muchos sectores organizativos de la comunidad negra del Pacífico presentan posicionamientos estratégicos carentes de sustentabilidad e informaciones actualizadas que deben tenerse en cuenta a la hora de evaluación y valoración del mapa de relaciones, potencialidades y conflictos que desde el plano nacional y global deben tenerse en cuenta como fortaleza en la defensa de los intereses de la comunidad negra.

 La limitada cobertura de los procesos organizativos. Las expresiones organizativas de las comunidades negras atraviesan por un problema estructural de cobertura y concientización de la mayoría de la población negra tanto urbana como rural en el Pacífico. Un gran porcentajes de comunidades, familias y personas no han sido sensibilizados por el sentimiento organizativo, situación que permite una mayor exposición a procesos de asimilización, fragmentación comunitaria y despersonalización  social y cultural por parte de un grueso de la población negra que no tiene sentido de pertenencia étnica.

 La cultura excluyente de la sociedad colombiana. Colombia es un país característico de la negación de la diferencia y la pluralidad, pese a que lo contrario se contempla en los regímenes jurídicos y constitucionales. La mayor parte de la ciudadanía aun tiene incrustada la visión hispanocéntrica, practica el racismo, la discriminación y la interpretación maniquea de los buenos y los malos.

 Las fortalezas.

 Pese a las debilidades enfocadas, el movimiento social de comunidades negras goza de unas ventajas que le han permitido avanzar paulatinamente con fuerza y dinámica en torno a la necesidad de construir un proyecto de vida autónomo y con sentido étnico.

 Los instrumentos jurídicos y políticos. La lucha histórica de las comunidades negras han permitido un logro significativo en la conquista de sus derechos. Reflejo de ello es la ley 70 de 1993 y su proceso reglamentario y que en consecuencia se expresa en le reconocimiento de unos instrumentos jurídicos garantes de sus derechos colectivos-

 La diversidad de expresiones Actualmente las comunidades negras atraviesan por una proliferación de expresiones organizativa que en primera instancia afectan la unidad política y discursiva del movimiento social, sin embargo una orientación ideológica de la dispersión sería una aporte a la construcción de un proyecto político serio y autónomo.

 El posicionamiento institucional.  El Pacífico colombiano y sus habitantes en los últimos años han pasado a ocupar espacios de participación e interlocusión interesantes que cuentan con suficiente confianza política por parte de algunas instituciones del estado, que dentro del marco de la democracia participativa asumen la responsabilidad de direccionar y fortalecer los procesos organizativos afrocolombianos.

 La sensibilización de la sociedad civil.  Si bien gran parte de la sociedad es y ha sido indiferente a la causa de las comunidades negras, es necesario reconocer que ciertos sectores de tipo académico, artístico, político y comunitario han logrado ser consecuentes con la voz de las comunidades negras, situación que los convierte en aliados estratégicos del proceso de las comunidades negras.

 Acompañamiento institucional. Además de un adecuado análisis de la situación diagnóstica de las incidencias que distintos factores afectan contextualmente el proceso de construcción del proyecto de vida de las comunidades negras, vale la pena reseñar que este proceso no se edifica solo con las comunidades o sectores sensibilizados con la problemática étnica. Se trata de un esfuerzo que exige el decidido aporte de diversos actores comprometidos con la transformación radical de este país de acuerdo a los mandatos constitucionales  de 1991. En este sentido, el proyecto debe estar acompañado por institiciones, del estado, las instancias legislativas, la iglesia, los movimientos sociales, las comunidades indígenas, la solidaridad internacional.

 La participación ampliada de la comunidad negra. Al interior de las comunidades negras es necesario que el movimiento social se nutra de cada uno de los niveles que componen en grueso de la colectividad, incluyendo en ello a los indiferentes, a los desinteresados y a los desprevenidos que igualmente tienen opinión y cuentan a la hora de las definiciones trascendentales. Se requiere entonces promover encuentro de visiones e intereses que permita la identificación del mapa de relaciones intraétnicas, los conflictos y los deseos y posibilidades que cada componente de la comunidad negra teje de forma independiente. Esta diversidad de actores aportantes al proyecto de vida colectivo de las comunidades negras es un factor que enriquece el proceso, pues la etnicidad debe construirse del cúmulo de múltiples significados  sobre el sentir, el interpretar y el ser afrocolombiano.

 10 Suma.

 En síntesis, avanzar en la estructuración de un proyecto de vida y desarrollo de las comunidades negras del Pacífico construido como propuesta política del movimiento social, obliga a tener en cuenta algunas consideraciones de tipo metodológico :

 

1) Las comunidades negras del Pacífico en unidad de su movimiento social deben apoyarse en un método de concertación y participación de toda la colectividad con miras a la definición de sus intereses como grupo étnico, este método no debe ser del todo discursivo sino más bien entendido como una práctica de fortalecimiento desde las bases locales (organizaciones y consejos comunitarios) hasta llegar a las instancias y espacios regionales y nacional mixtos y autónomos.

2) Es necesario un entendimiento ajustado y preciso de la realidad de las comunidades negras en el plano de los escenarios nacionales e internacionales de fin de siglo. Esta reflexión  debe hacerse bajo una mirada retrospectiva que parta desde la historia y del legado de los ancestros superando el lamento de la esclavización y el ostracismo de la discriminación característicos de muchos sectores al momento de buscar nostálgicamente huellas de africanidad, para mas bien centrarse en le proceso de reconstrucción de culturas propias dentro de la configuración multiétnica del suelo colombiano.

3) Este proyecto igualmente  requiere de la definición de un marco político y conceptual propio, que juegue como derrotero ideológico del movimiento social. La definición de este marco necesita del esfuerzo del conjunto de tendencias organizativas quienes tienen el reto de identificar unos lineamientos en medio de un escenario de unidad, convivencia y voluntad.

 

 LA CUEVA

-Documento Interno-

 

Hermanos y hermanas, hoy nuestro Pacífico esta de moda, siempre ha estado de moda.  Los otros y los demás lo han querido, han querido sus risas, sus miradas, sus lluvias; han querido la calidez de su tierra, el aliento de sus paisajes y la bondad de sus flores. Pero por encima de todo, han querido su insondable riqueza, abrirle sus entrañas, descuartizarlo a mordiscos y repartirlo en la galería, sin importar la suerte ni la vida de sus dueños ancestrales :  Afrocolombianos e indígenas.

 

Quizá mañana ya no sea nuestro.  Un gran dragón de cerca o de lejos, llega a conquistar de nuevo, a expropiarnos, desterrarnos y en el mejor de los casos, convertirnos en fieles peones de su desarrollo.  Llega con su misión suicida encomendada por los poderosos, por los de Nueva York o Singapur, por los modernistas o neoliberales, por todos y cada uno de aquellos que en el nombre de la globalización, aniquilan las diferencias, imponen la homogeneización y destruyen todo a su paso.

Hermanos, es ya la última noche, novena de alabaos y Santo Dios, requiem por el alma de un ser del pacífico que no sobrevivió.

 ¿Lo podemos evitar ?, ¡Seguro que si !, ¿Qué hacer ?

 Este es el Pacífico posible, el de aquí, el de ahora, tal vez el de mañana y siempre.  Pero sabemos que si trabajamos duro, de codo a codo, palancazo a palancazo, en minga o cuadrilla, podemos evitar el desastre y construir el pacífico de nosotros, ese Pacífico de nostalgia, de inspiración, de tardes de aguacero, de brisa marina, rios, pianguas, montes y poblados.

 Imaginamos un Pacífico de alegría, dignidad y esperanza, un Pacífico de goce y frenesí, un Pacífico donde quepamos todos, inclusive, los otros, pero respetándonos.  Un Pacífico de trabajo, de realización de sueños, de conjuración de frustraciones, de alborada y espiritualidad.  Imaginamos un Pacífico donde se regocije la vida.

 Hermanas, lograr el Pacífico imaginado, el deseado, el de nosotros, requiere de sacrificio, sudores, deseos y fe :

 1.  La disposición de nosotros.

 El Pueblo Negro del Pacífico debe dejar de caminar disperso, endundado y aislado.  La falta de unidad, coherencia y claridad en nuestras aspiraciones, el individualismo enfermizo y secular nos golpean cruelmente, nos despersonalizan y confunden.

A veces actuamos sin sentido de lugar, pertenencia y unidad.  Nos engañamos unos a otros, vivimos con máscaras, decimos ser negros pero nos preocupamos por parecernos al otro, y ni siquiera somos el otro.

 Ahora que hemos acordado un proyecto de Vida, -a instancia de la agenda Pacífico XXI-, debemos consolidar nuestra organización para defenderlo y aplicarlo, y consolidar la organización implica que tanto en lo social como en lo político-administrativo debemos ser consecuentes, debemos contar con voceros autorizados y debemos ser garantes de la construcción, revisión y ajuste de nuestro pensamiento autónomo, así como de su direccionamiento y control, incluyendo la observancia de una disciplina rigurosa.

 2.  Nuestros rostros, nuestra hermandad. 

 La construcción de un Proyecto de Vida debe hacerse con sentido de nuestro ser, de la esencia que nos representa como personas, como colectivo, como etnia.  Se trata de una apropiación auténtica de los sentimientos, expresiones, cosmovisiones y singularidades de la afrocolombianidad.

 Hablamos entonces de la identidad, motor de la unidad, síntesis de nuestros deseos, coraza de la etnicidad.

 ¿Pero somos auténticos, sinceros y singulares ?  Decimos vivir un verdadero derroche de identidad y de hermandad, sinembargo caminamos en las tinieblas de la falsa identidad, del engaño de nuestra mirada y en medio de la desgracia del egoísmo que a veces sobresale, despojándonos la postiza y mísera valoración de la cultura, la vida y el territorio.

 3.  Convivencia Armónica.

 Aunque la historia de la humanidad registra un rosario de conflictos permanentes, sin que haya identificado el método para sus tratamientos, para el caso de la Comunidad Afrocolombiana, la situación ha sido diferente, nos hemos caracterizado por vivir en armonía, no sólo como humanos, sino también con el entorno, y en ese sentido, cuando alguna diferencia surge, no escatimamos en el tiempo para de una manera dialogal, resolverla. 

 Sin embargo hoy,  ese Pacífico de remanso y de regocijo agoniza y recorre sus pasos como alma triste y compungida que el fuego le ha quemado su alegría.  Nuestros Pueblos son frágiles víctimas, el miedo se apodera indolente, la gente ya no duerme, huye despavorida. Es la guerra..., la guerra de los otros contra nosotros.  Una cruel estrategia  de los poderosos, para quedarse con nuestro último hálito de vida y dignidad :  El Pacífico.

 Hermanas y hermanos, la hora de morir es una sola, llenémosno de valor, dejemos el miedo y con nuestra tradicional defensa de la vida y estrategia dialogal de resolver nuestras diferencias, emprendamos el camino para devolverle a nuestro Pacífico su condición natural de paz y que vuelva a ser nuestro Pacífico de ensueño.

 

Dada en el Pacífico, en la Casa de Encuentros en una tarde de sol caliente y pegajoso, a los 7 días del mes de Abril del 2.000.  Año 0 de la Reflexión.

 

 POST-DATA

 Solicitamos a cada uno de nosotros y desde ahora, la aplicación del principio de control irrestricto a la información y nuestro conocimiento.

 



[1] De acuerdo con documentos de Planeación Nacional, se calcula que las comunidades afrocolombianas en total superan los 10.096.040 habitantes, cubriendo casi 156 municipios colombianos y varias ciudades. La población negra en el país se concentra mayoritariamente en grandes núcleos urbanos, en el Pacífico, el Urabá, los valles interandinos del Cauca y Magdalena, la zona orinoquense y las islas de San Andrés y Providencias.

[2] (Ítems 5 art. 2 ley 70/93)

 

[3] La región además de cubrir los departamentos Cauca, Chocó, Nariño y Valle, permite reconocer 4 subregiones geográficas: 1.Depresión Pacífica, que comprende desde la zona litoral del mar hasta los 500 mts 2. Región Norte, que comprende la parte norte de la costa del Pacífico incluída la región del Darién, el parque de los Katíos y la zona de Urabá. 3. Región Central, que comprende la zona de selva húmeda del norte, la selva pluvial central (Atrato) y la región del San Juan. 4. Región de Tierras Altas, que cubre los municipios del Carmen de Atrato y San José del Palmar.

 

[4] Palacios Preciado Jorge La trata de los negros por Cartagena de Indias. Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Tunja. 1973, pág 23.

Germán Comenares Historia Económica y social de Colombia Tomo II Popayán una sociedad esclavista (1680 -1800), primera edición. La carreta, Medellín. 1979, pág 39

Escalantes  Aquiles El Negro en Colombia, Universidad Nacional de Colombia Bogotá 1964

Del Castillo Mathieu Nicolás. Esclavos Negros  en Cartagena y sus Aportes Lexicos. Instituto Caro y Cuervo. Bogotá 1982

[5] Se estima que durante el siglo XVI y XIX unos 9 millones de africanos fueron traídos esclavizados al Nuevo Mundo, gracias al comercio esclavista dominado por Francia, Inglaterra y Portugal y Holanda (Esclavitud en la costa pacífica Fernado Jurado.pág 105)

[6] Opc cit pág 51

[7] Velázquez Rogerio. Gentilicios  africanos del occidente  de Colombia. En Revista Colombiana del Folclore Vol III Número 7 Bogotá 1962

[8]  Zapata Olivella Manuel. Las Calves Mágicas de América. Plaza y Janes. Bogotá 1989 pág 102

[9] Bastides Roger. Las Américas negras. Alianza Editorial Madrid 1969 pág 31

[10]  Aprile Gniser Jacques. La ciudad colombiana Tomo II. Banco Popular. Bogotá pág 227

[11]  Valencia y Villa pág 239

[12] En suma, la ley 70 de 1993 dentro de su espíritu recoge los  derechos colectivo de las comunidades negras en cuanto el derecho al ejercicio de su identidad cultural y su propia educación (capítulo sexto); el derecho a la propiedad colectiva sobre su territorio ancestral (capítulo tercero), el derecho a la participación y concertación con el Gobierno en especial a través de la Comisión Consultiva de Alto Nivel, las consultivas departamentales, los consejos comunitarios, la comisión pedagógica, etc. Igualmente, la ley 70 contempla derechos de la comunidad negra en cuanto al uso de la tierra y protección del medio ambiente, planeación y fomento del desarrollo económico y social, uso de los recursos mineros.


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