ITINERARIO DE PAZ (UNA PROPUESTA ÉTNICA Y CULTURAL DE LOS CHOCOANOS). Por: Ponencia del Centro del Pensamiento por la Paz del departamento del Chocó.
PONENCIA DEL CENTRO DEL PENSAMIENTO POR LA PAZ DEL DEPARTAMENTO DEL CHOCÓ.
PONENTES:
- JUAN
B. VELASCO MOSQUERA – POETA Y ESCRITOR
- CHONTO
ABIGAIL SERNA ARRIAGA – LÍDER DEL PROCESO DE COMUNIDADES NEGRAS – DELEGADO DEL
PCN EN LA COMISIÓN PEGAGÓGICA NACIONAL.
- SERGIO
MOSQUERA MOSQUERA – HISTORIADOR, INVESTIGADOR, PROFESOR UNIVERSIDAD DEL CHOCÓ.
SEÑORAS Y
SEÑORES DELEGADOS:
QUIÉNES SOMOS – ETNIAS Y TERRITORIOS
Estamos aquí por primera vez
los habitantes del Chocó, el país de las aguas y la selva, residentes de la
otra orilla, poblada de ancestralidades y mitos, de espiritualidades y dioses
tutelares, depositarios de cosmovisiones milenarias de África y América que aún
subyacen en nuestro marco mental, y que son la base de nuestras identidades y
que entrelazadas por centurias de convivencia, caminan construyendo un pueblo
nuevo en armonía con un territorio que contiene una de las mayores
biodiversidades del planeta, la cual ha sido sostenida en el tiempo por
filosofías de Manejo Racional y respetuoso, pues su clave cultural es la inseparabilidad entre el ser humano y
ambiente. Un territorio donde todavía es
posible el paraíso, el encuentro con la felicidad y la realización de Utopía; un territorio singular donde aún es posible
el asombro y la esperanza.
Somos un
pueblo de resistentes históricos en procesos de liberación permanentes contra
un acumulado de opresiones y represiones, de marginalidad, menosprecio y
desvalorización y de una constante de violación de nuestros derechos
económicos, sociales y culturales, los derechos humanos y el derecho el Derecho
Internacional Humanitario. Este pueblo
está conformado en un 85% de Afrodescendientes y un 10% de las etnias Indígenas
Embera, Waunaan y Katío y ocupamos un territorio departamental, según la
División Política Colombiana de 47.000 Km2; surcado de las aguas de los ríos Atrato, San
Juan y Baudó, con costas en el Pacífico y el Atlántico y fronterizo con la
República de Panamá, lo cual le da el privilegio e ser la esquina norte de
América del Sur. Un territorio con una
diversidad físico / natural reflejada en la variedad de paisajes y ecosistemas
con diferentes características y ofertas ambientales, con diversidad de
especies animales y vegetales continentales y marinas, muchas de las cuales son
endémicas de la región y otras muchas son todavía desconocidas.
LAS ESTADÍSTICAS DE LA MARGINALIDAD – UNA
POLÍTICA DE EXTERMINIO ÉTNICO?
Las frías cifras de la
marginalidad y el irrespeto dicen que el 85% de la población del Chocó presenta
niveles de necesidades básicas insatisfechas, que de cada 1.000 niños nacidos
151 mueren antes de cumplir su primer añito de vida, siendo el promedio
nacional de 28. El ingreso percápita
anual está entre 500 y 600 dólares, siendo el estimado nacional de 1.500
dólares, mientras que un 74% de la población económicamente activa recibe
salarios inferiores al mínimo legal. Por
cada 10.000 habitantes hay sólo 1.6 médicos, mientras el promedio nacional es
de 9.2; la cobertura en acueductos en
las cabeceras municipales sólo alcanza el 48% y la de alcantarillado apenas un
10%. El analfabetismo es del 38.8%,
siendo la medida nacional del 11.2%; en
la población indígena solamente el 11.3% de los niños en edad escolar logra
acceder a la educación primaria cuando la cobertura nacional es del 85%.
Las alarmantes
y aterradoras cifras continúan en otras áreas, aportando más datos a la
desigualdad, producto de la invisibilidad histórica y cultural. No somos dignos de preocupación, pues para el
Estado y sus planes, sencillamente no existimos.
Este desolador
panorama parece ser un plan de exterminio étnico por parte del Estado
Colombiano, como si estorbáramos, sobre todo ahora que lo ecológico ha
adquirido relievancia económica y se mira nuestra posición geoestratégica con
nuevas perspectivas desarrollistas ante la llamada apertura de la Cuenca del
Pacífico. Necesitan apropiarse del
territorio sin que haya oposición y a sus anchas con los socios del Poder
Económico Internacional, para la explotación de los recursos de la región.
LOS ACTORES DEL CONFLICTO ARMANDO SE UNEN A
LOS EXTERMINADORES.
Para agravar esta ruta hacia
el calvario, los grupos ilegales del conflicto armado colombiano han invadido
nuestro territorio, librando en él una guerra totalmente extraña a nosotros y a
nuestros conceptos de territorialidad y autonomía, plagándolo con el asesinato
selectivo de nuestros líderes e inundando nuestros poblados con ríos de sangre
de masacres, como la de Bellavista en el Municipio de Bojayá, hito de la
barbarie y la sevicia contra un pueblo inerme y noble de campesinos humildes,
sencillos y empobrecidos. En diferentes
espacios las organizaciones comunitarias del Chocó han dicho que estos grupos
armados no nos representan ni étnica, ni política, ni culturalmente.
El
desplazamiento forzado, producto del enfrentamiento bélico, no tiene parangón
comparado con el que se dá por el mismo motivo en otros pueblos y comunidades
colombianas.
EL MANEJO ECONÓMICO DE LA REGIÓN – LA LÓGICA
DE LO IRRACIONAL. EL DESPLAZAMIENTO DE
SIEMPRE.
Desde la
conquista y la dominación hispana hasta nuestros días, pasando por la oscura
noche de la esclavitud, cuyas secuelas en el tiempo aún no parecen resueltas,
la lógica que ha imperado en lo económico es la del extractivismo de los
recursos de la zona, sin que los productos que se extraen sean sometidos a
transformaciones que les agreguen valor, y sin que los capitales asociados a la
comercialización de estos se integren a procesos de desarrollo regional.
En este lógica
imperante la población que durante un período se asocia a determinada actividad
extractiva, una vez pierde valor el producto en el mercado o la presión lleva a
su extinción se ve obligada a movilizarse a otra actividad en la región o por
fuera de ella. Hoy viven por fuera del
Chocó y del Pacífico, hacinados y segregados en las grandes ciudades
colombianas, más personas oriundas de la zona o sus descendientes, que en la
región misma.
En términos
estrictamente económicos lo que le queda a la región es exiguo, de tal manera
que los beneficios generados no se fijan y se mantienen en la región, pero este
tipo de actividad si genera ostensibles transformaciones ambientales y
dramáticos impactos y conflictos sociales y culturales.
LOS PLANES DE DESARROLLO DE LA REGIÓN – LOS
IMAGINARIOS DEL DESARROLLISMO UNA POLÍTICA INVISIBILIZADORA SIN CONSENSO Y
CONCIERTO CON SUS POBLADORES
Si
históricamente la región era simple frontera inhóspita, mencionada solo por sus
riquezas mineras, sin que el Estado tuviese la preocupación por delinear
políticas para su desarrollo, en las últimas décadas este descubre de nuevo al
Chocó y al Pacífico, lo define por la riqueza de su biodiversidad y sus
ventajas comparativas, en procura de nuevos mercados con los asiáticos y la
integración del país con mercados como los de Venezuela y punto de enlace con
los otros de América del Sur y del Norte.
Las políticas neoliberales se convierten en modelo universal, se impone
la apertura como una alternativa y avanza la globalización como escenario en
que el nuevo orden se reproduce, se le asigna valor estratégico en lo
geopolítico y se desborda el imaginario de megaproyectos a realizar en su
interior y en diversos puntos de su franja costera. Se habla de la urgencia de un puerto en la
Bahía de Tribugá o más al norte el de aguas profundas en Cupica. Carreteables se expanden desde los Andes para
comunicar tales puertos y desde el centro de Colombia otras se proponen que
terminarían en Venezuela. Todo paree de
fácil resolución, se desbordan las imágenes de futuro. Desde Urrao Antioquia un carreteable llevaría
a Buchadó y desde allí a Cupica, punto que sería remate en el Pacífico de un
canal seco o interoceánico por el Atrato hasta salir ala Golfo de Urabá. Surgen trenes, hidroeléctricas, zonas francas
y todo un universo por inventar.
Del Chocó y
del Pacífico marginal surge uno totalmente integrado, sólo olvidaron los
planificadores que en esos lugares apartados vivían los pueblos indígenas y las
comunidades afrocolombianas; gentes que
tenían su propia visión de desarrollo y un marco legal de titulación y
protección de sus territorios y con los cuales se debe contar al momento de
elaborar tales planes.
Esta construcción de una
visión de región desde la órbita estatal, sin antecedentes históricos, se
define pues en factores geográficos y su significado se descubre con relación a
los centros de poder internacional. Se
refuerza así una imagen de universo despoblado, de territorio baldío y de
espacio en el que su futuro estará determinado por la capacidad de agentes
externos para transformarlo y por qué no para poblarlo.
La
invisibilidad de las etnias que lo pueblan es la lógica que ordena esta
construcción, sólo que en el acumulado de los tiempos de marginalidad y
abandono de una nación que le dio la espalda al Chocó y sus pobladores, se
forjó una identidad regional que se expresa en las formas de poblamiento, en
los usos del paisaje, en las tecnologías desarrolladas para el manejo de la
selva húmeda, en los modelos de comunicación, en los sistemas de
representación, en los ritos y en las fiestas.
El modelo de
desarrollo del Chocó y el Pacífico no puede darse sin el consenso y concierto
de sus pobladores y de los grupos étnicos que son los reales propietarios del
territorio. En este sentido se deben
acoger las propuestas de la Agenda Pacífico Siglo XXI como ruta medular para la
ejecución de planes y programas en la región.
La Agenda Pacífico es el producto
de políticas de concertación con todos los actores sociales e institucionales
de la región, liderada y elaborada por el Instituto de Investigaciones
Ambientales del Pacífico.
LA PAZ UNA CONSTRUCCIÓN DE FUTURO ENTRE TODOS
– EL CHOCÓ UN RETO PARA LA HUMANIDAD DONDE LA DEFINICIÓN DE “LO COLOMBIANO”
ESTÁ EN JUEGO.
La paz es una construcción
de futuro y no apenas el silenciamiento de las armas, pensar en esto es
comenzar a establecer bases sólidas para el país que queremos cuando la guerra
al fin, y confiamos que sea pronto, haya terminado.
Una ruta para
la construcción de paz y su aclimatación en una región de tanta singularidad y
especialización como el Chocó, requiere asumir actitudes para repensar con
esperanza que todos los seres humanos tenemos derecho a una oportunidad sobre
la tierra; estar dispuestos a desarmar
los espíritus y convencernos de que todos los males de la humanidad tienen su
génesis en la codicia y la envidia.
Requiere tener la certidumbre de que la universalidad sólo es posible si
se construye a partir de las particularidades y de su reconocimiento y respeto
y también tener la capacidad para poder distinguir y poner en planos opuestos
el capital natural y la renta; para
poder repetir con Gandhi, cuando dijo: “es
más probable que la tierra proporcione lo suficiente para satisfacer las
necesidades de cada hombre, pero no la codicia de cada hombre”.
Los
constructores de paz sabemos que ésta debe ser una construcción armónica entre
los hombres, pero también entre éstos con la naturaleza, con nuestro entorno
vital. En cada uno de nosotros debe
sembrarse la disposición de mirar a territorios como el Chocó y el Pacífico con
ojos más aperturistas y respetuosos y no sólo con la visión económico –
científica de occidente, creadora de expresiones invisibilizadoras y
excluyentes como “Tercer Mundo”, que sólo conducen a hacer aparecer a nuestros
pueblos y étnicas como comunidades menores de edad, sujetos de lenguajes “desarrollistas”.
Para ser impuestos en territorios “despoblados” y “por
descubrir”; menospreciando y
subvalorando nuestros universos locales, estos sí ricos y en comunicación
creadora con nuestras creencias y prácticas culturales y espirituales. Reconocernos como un pueblo capaz de decidir
su propio destino, pero que también requiere el acompañamiento de los que
decidan apoyarnos en nuestras luchas por la autonomía y la
autodeterminación; pensando con nosotros
un modelo de vida donde el desarrollo no irrumpa como una conquista avasallante
o como una avanzada irracional y dominante de lo moderno; sin consideración y respeto tratan de
reconstruir el mundo sólo bajo el sobreentendido de que “Lo moderno solo es
posible edificando sobre los escombros de lo no moderno”; para que el desarrollo sea como nosotros
lo concebimos: un descubrimiento mutuo y
un diálogo de saberes.
UN ITINERARIO DE PAZ –NUESTRA DISPOSICIÓN
PARA ENCONTRARNOS CON LOS OTROS.
En este Itinerario de Paz
estamos dispuestos a contribuir en la construcción de modelos híbridos más
reales, pero que estén dispuestos a acoger en su interior nuestras visiones
culturales, diferentes al resto de la nación colombiana, pero en donde quepan
también los criterios economicistas que hoy compiten por la producción y el
control de nuestro territorio desde afuera y desde adentro de él, como el
Estado, las Empresarios, las Organizaciones Transnacionales y algunos grupos
intelectuales y cuya resultante sea un Chocó y un Pacífico distintos, o al
menos, más negociado, pero donde la hibridación no se reduzca a un infeliz
injerto o a un estéril mestizaje.
Estamos dispuestos a aceptar el diálogo y el reto.
El Itinerario
de Paz pasa también por el fortalecimiento de una construcción de lo político
entre nosotros, con considerado respeto en su acompañamiento por parte de los
otros, apoyado en nuestros aspectos simbólicos – culturales, en la formación de
una ciudadanía étnica, cultural y territorial, en donde la política tenga más
altos postulados y no únicamente los subalternos de lo económico, la corrupción
y el aprovechamiento de los recursos del Estado; para de esta manera fortalecer nuestra acción
colectiva en el encuentro con otros actores y para que lo cultural sea la
médula de nuestras luchas y se convierta en un verdadero hecho político de
resistencia civil activa a la barbarie imperante.
La naturaleza
de nuestro medio vital debe servir como Agente de Creación Social, donde
los seres humanos no sean considerados únicamente como “Guardianes” del
capital natural y donde la biotecnología y la biodiversidad no sean sólo
herramientas del capital para la conquista del territorio y en donde al final,
las comunidades o si acaso sus sobrevivientes, sean reconocidas como dueños
legítimos de sus recursos, pero sólo en la medida que acepten ver y tratar
estos recursos como un capital que debe ser puesto en circulación en beneficio
del proceso de acumulación; todo lo cual
debe pasar por el reconocimiento de la propiedad intelectual colectiva de
nuestros conocimientos. Al decir de
nuestro pensador del Pacífico Alfredo Vanín R.:
“El desarrollo no puede representar la ruina de quienes se pretende
salvar con la retórica”.
La ruta de la
búsqueda de la Paz, para nosotros y nuestros descendientes, estará liderada por
los que se atrevan, con el concurso de las distintas voces que conforman el
discurso del Chocó y el Pacífico a pensar una realidad diferente; a los que estén dispuestos a imaginarse “espacios”
de postdesarrollo, pues en el
postdesarrollo se pensará que al Chocó y al Pacífico no hay que “desarrollarlo”,
sino que este representa una gran oportunidad para que un grupo de
comunidades y etnias asuman su forma de ser, con plena autonomía cultural y
política; abriendo y fomentando espacios
de paz y sana convivencia, en lucha cultural contra todas las formas de
violencia.
Seremos si se
quiere, modernos pero diferentes, en el concierto de construcción de aquello
que llamamos, y que está también en proceso de formación y se debate también
por saber quién es: Colombia.
El Chocó y el
Pacífico, presentan un gran desafío para el país. Es la definición misma de “Lo Colombiano” lo
que está en juego.
II
EL CHOCÓ Y EL PACÍFICO
ESCENARIO DE CONFLICTOS
En esta segunda parte, la
ponencia tratará de hacer un análisis de la situación del conflicto histórico
del Chocó, generado por factores externos e internos al territorio, concluyendo
con una exposición del conflicto armado de la guerra colombiana, su desarrollo
y su incidencia en la vida de sus pobladores.
Algunos conceptos de la primera parte aparecerán reiterados, pero es
necesario hacerlo para mejor comprensión de lo que se quiere exponer.
La región es
una de las mayores aportantes a la situación del conflicto que se tiene en
Colombia; por tal razón su análisis es
una condición para establecer alternativas y sin lo cual no es posible
construir región, ni desarrollo ni políticas de paz y convivencia: Esta situación no admite disgreciones
teóricas.
Con
indiferencia vemos como, no solo la sociedad nacional, sino la dirigencia
política y económica regional, está dejando que una de las regiones más
ricas y con una posición estratégica
envidiable para el desarrollo nacional, sean permisivas las violaciones
sistemáticas de los derechos fundamentales de sus pueblos, lo que hace que sea
difícil pensar en la integración, la equidad, el respeto por la diversidad y en
general el desarrollo; al no asumir
compromisos serios y responsables que derroten no sólo a los actores del
conflicto, sino a las tendencias desarrollistas que lo generan; todo lo cual permite que no puedan
garantizarse los sueños con relación al futuro deseado dentro de las perspectivas
de la democracia, la equidad y el respeto por el otro.
EL CONFLICTO ENTRE LAS PROPUESTAS
DESARROLLISTAS Y LOS PROCESOS IDENTITARIOS.
El conflicto surge con la
evidencia en la zona, de la ausencia real del compromiso que el Estado debe
asumir con los principios fundamentales de la Constitución del 91, en
particular con la declaración de que Colombia es un país pluriétnico y
pluricultural, con la Legislación Nacional y con los tratados, convenios y
pactos internacionales, en especial los referidos a los grupos étnicos.
En la década
de los ochenta se empiezan a dar grandes cambios en la forma como se visualiza
la región y cuál podría ser su papel en el contexto nacional, se le confiere un
carácter estratégico por su riqueza en biodiversidad y por su importancia
geopolítica, no solo con respecto a los mercados internacionales, sino en
cuanto a la proyección política y de injerencia sobre el continente. Igualmente es el período en el cual se
desarrollan procesos identitarios que tienen que ver con lo étnico y con el
manejo del territorio. En este sentido
el conflicto adquiere diferentes significados en la región ya que rompe en
buena parte con su historia, que si bien no había estado exenta de conflicto y
acciones armadas, sus formas de resolución habían sido dialogales o por lo
menos no traumáticas.
La violencia
como forma de resolver los conflictos cobra significado para los pobladores
locales, los cuales en adelante, se verán involucrados en disputas
territoriales y de construcción de nuevos poderes económicos, en la mayoría de
las ocasiones asociados a actores e intereses externos.
LA POLÍTICA TRADICIONAL CORRUPTA. LAS NUEVAS REPRESENTACIONES ÉTNICAS Y LA
FORMACIÓN DE UNA NUEVA VISIÓN DE LO POLÍTICO.
De otra parte en el Chocó y
el Pacífico en general, son muy notorios los poderes o hegemonías locales que
acceden a las instituciones y espacios políticos no desde la perspectiva de la
gestión administrativa eficiente, sino desde la búsqueda del poder con el único
fin de desarrollar prácticas clientelistas para el beneficio de la parentela. A esto se suma la proliferación de
expresiones oportunistas y de intereses politiqueros de los grupos y partidos
políticos colombianos, que ven en los espacios de la Ley 70 o Ley de
Negritudes, nuevas posibilidades para sus prácticas clientelistas, para lo cual
se valen de dirigentes políticos negros tradicionales, para apropiarse del
movimiento social de comunidades negras y de paso engrosar las opciones de sus
partidos. Es el caso de la Dirección
Nacional Liberal con conocidos parlamentarios de origen negro y de otros
oriundos del Chocó.
La última
elección parlamentaria no estuvo exenta de la penetración de estos grupos
políticos nacionales que sonsacaron a algunos dirigentes del proceso, débiles
en su identidad y presas de los halagos, para acompañar sus listas en renglones
secundarios.
En lo tocante
al acceso a las dos curules a la Cámara de Representantes que por
circunscripción nacional a que tienen derecho las minorías étnicas negras, lo
que resultó fue una gran derrota del proceso de comunidades negras en cuanto a
representación política parlamentaria, pues los electos de negro sólo tienen la
piel, ya que su pensamiento y su procedencia contradicen los criterios de lo
étnico – político de éstas. El país nacional,
en parte porque son procesos que se dan al interior de la región sin mayores
espacios de difusión a nivel nacional, desconocen a los verdaderos líderes
negros y siguen mirando lo negro con símbolos equívocos discriminatorios de
representación y figuración, sólo a través de los negros que, aún por sus
propios esfuerzos, se destacan en el deporte o en el campo artístico. El negro sólo sirve para futbolistas o para
bailar.
Al interior de
la región pues, se ha venido configurando un movimiento social de comunidades
afrocolombianas y pueblos indígenas, con una visión de lo político en base a
principios étnicos, territoriales y culturales, que buscan defender sus tierras
y sus culturas en condiciones muy adversas, pues les ha tocado vivir en las
últimas décadas un deterioro de su relativa vida en paz con su vecino y su
entorno.
El
fortalecimiento y acompañamiento a estos procesos identitarios y una
reglamentación más clara y precisa en cuanto a la participación electoral en
los espacios parlamentarios que consagra la ley y el derecho a las minorías
étnicas pasando por una verdadera reforma política que permita una clara
participación de los grupos minoritarios, la configuración de los partidos y la
eliminación de las suplencias, por ejemplo, serían herramientas eficaces para
la construcción de nación.
EL MODELO ECONÓMICO IMPERANTE EN LA REGIÓN,
IMPORTANTE ELEMENTO GENERADOR DE VIOLENCIA.
Otro factor de conflicto
tiene su origen en el modelo económico y el acceso a los recursos naturales, ya
que la relación del Estado y la Nación con la región y sus habitantes, se sigue
construyendo sobre la base de un modelo que se caracteriza por la explotación y
el extractivismo de los recursos naturales y ello ha generado modos de
apropiación territorial y aprovechamiento de estos que implican una vinculación
con un modelo de mercado que vincula a sus habitantes en forma desigual y
diferente, de acuerdo al actor social y al espacio físico. En este sentido se citan la explotación
maderera, los aserríos y las motosierras, con los cuales se cambian los ritmos de
trabajo ancestrales y la afectación del bosque;
la pesca de arrastre y el trasmallo electrónico que rompe con un
subsistema de pesca que tiene ciclos y la aparición de la retroexcavadora en lo
minero que produce la ruptura en el modelo solidario y familiar del trabajo
minero artesanal.
Todas las
anteriores políticas parecen ser el resultado de implementar las
recomendaciones de Lauchlin Currier, quien planteaba un programa deliberado de
movilidad acelerada para conseguir la suficiente emigración del campo y
sostenía que la guerra puede tomar el lugar de tal programa, tal y como algunos
intentan que pase hoy en Colombia (Mondragón).
Las comunidades afrocolombianas y los pueblos indígenas enfrentan hoy no
sólo la tendencia a la alta concentración de la propiedad, sino especialmente
al capital transnacional y su modelo de globalización, que necesita romper con
las economías tradicionales. La apertura
económica, la nueva violencia con la gran masa de desplazados, así parece
anunciarlo. No sólo hay desplazados
porque hay guerra, sino que hay guerra para que haya desplazados. En los planes de desarrollo globales los
habitantes y sus culturas, sencillamente son considerados como secundarios.
Los proyectos
mineros, viales, portuarios, eléctricos y los de exploraciones biológicas y
genéticas, son los que s consideran fundamentales para la región y por ello se
han tomados medidas legales e ilegales en contra de las comunidades
afrocolombianas y los pueblos indígenas, pasando por encima de sus derechos
territoriales y sin ninguna concertación y consenso.
EL CONFLICTO INTERÉTNICO – UN MODELO DE
RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS
No es dable desconocer aquí
que al interior de la región se presentan contradicciones entre los mismos
grupos étnicos, no somos la excepción, ya que no existe en el mundo una
sociedad totalmente armónica, a pesar de que en el devenir histórico desde la
época de la conquista se han dado relaciones de solidaridad y complementaridad
entre los distintos pueblos africanos que llegaron y los pueblos aborígenes,
mediante la convivencia, mestizaje y sincretismo cultural, mediados por
creencias mágico – religiosos y mecanismos como el compadrazgo.
En tiempos
recientes las comunidades afrocolombianas y los pueblos indígenas iniciaron un
proceso de relaciones, que tenía como objetivo trabajar por el reconocimiento
de los derechos territoriales como una forma de defensa territorial y cultural,
con lo cual se propició el reconocimiento de las comunidades afrocolombianas
como grupo étnico en la Constitución Política Colombiana, mediante el artículo
transitorio 55.
Sin embargo,
no deja de existir en la actualidad una situación compleja respecto a la
delimitación territorial entre las comunidades, debido a que se ha interpuesto
intereses ecológicos, económicos, políticos y racistas que están haciendo
interpretaciones de las normas y de los hechos que no son objetivos frente a la
realidad y con ello se están generando fracturas en las relaciones entre las
comunidades.
Los dos
aspectos más importantes del conflicto interétnico se dan por la explotación de
los recursos naturales y los que se presentan por delimitaciones de resguardos
indígenas con tierras colectivas de comunidades negras que en ocasiones se
sobreponen.
Estos
conflictos se tratan de superar por mediaciones dadas por las organizaciones
étnicas de la región que han definido en diversos encuentros interétnicos
mecanismos de solución e interlocución con criterios que bien pueden servirle
al país como ejemplos de resolución de conflictos.
LA INVASIÓN TERRITORIAL Y EXTENSIÓN DEL
CONFLICTO ARMADO COLOMBIANO – UN CALVARIO DE MUERTES Y VIOLACIONES.
La extensión e invasión del
conflicto armado en el territorio del Chocó y el Pacífico, tiene muchas
repercusiones, que van desde el reclutamiento forzado de sus habitantes por
parte de todos los actores, hasta el saqueo de las menguadas finanzas públicas,
el asesinato de líderes comunitarios, la devastación del bosque para la siembra
de cultivos ilícitos, las masacres bárbaras, dolorosas e imperdonables de sus
moradores y el calvario del desplazamiento forzado, entre otras muchas.
El
desplazamiento forzado se inicia con una muy bien planeada y coordinada acción
de un grupo insurgente en busca de una recuperación territorial de otro, que
abre tres frentes de guerra en el Chocó:
en el norte y en los ejes viales Quibdó – Medellín, Quibdó – Pereira,
este último se prolonga a la zona minera del río San Juan y Condoto. Con acciones violentas, son expulsados los
habitantes de estas carreteras. En 1996
se da la disputa por el control territorial de la frontera con Panamá y
especialmente en los municipios de Ungía, Acandí, Jurado y Riosucio. Con la guerra desatada la mayoría de la
población civil, ante las masacres ocurridas y el asedio, sólo encuentran como
alternativa para proteger sus vidas desplazarse a centros como Apartadó, Turbo,
Quibdó, Cartagena, Bahía Solano, Buenaventura, Medellín, Cali y Pereira.
COMUNIDADES DE PAZ – LOS RESISTENTES.
Como resultante del
movimiento social que se ha venido gestando a partir de la irrupción de los
grupos étnicos como nuevos actores sociales, se plantearon diferentes acciones
de resistencia que van desde las posiciones de autonomía proclamadas por
algunas organizaciones indígenas y las llamadas Comunidades de Paz que se
conformaron en la región, entre las que se destacan las de Pavarandó y Bella
Flor del Remancho en el Bajo Atrato, verdaderos cimarrones como sus
antepasados, símbolos de los nuevos resistentes, defensores del territorio, en
lucha frente a los actores violentos.
DESPLAZAMIENTOS POR TITULACIONES COLECTIVAS –
UNA ESTRATEGIA DE MUERTE Y DESOLACIÓN.
El auge de las masacres y
el desplazamiento “coincide” con la dinamización del proceso de titulaciones
colectivas. En diciembre de 1996 se
entregaron los primeros títulos colectivos a las comunidades negras del
Municipio de Riosucio en el Bajo Atrato e inmediatamente gran parte de las
familias que de ellas hacían parte fueron masacradas y desplazadas del
territorio; la ofensiva paramilitar y
guerrillera con sus enfrentamientos y los bombardeos del Ejército dejan más de
750 muertos y miles de desplazados. Casi
15.000 se desplazaron de las orillas del Atrato y de sus afluente el río
Cacarica. Un hecho similar se repite en
febrero de 1998 cuando se efectúan las titulaciones en el Medio Atrato y en
mayo de 2001 cuando se tituló en el río Baudó;
3.500 desplazados llegaron a Quibdó provenientes de esta zona por la
época.
El desplazamiento continúa
a raíz de la masacre de Bellavista – Bojayá, ocurrida el 2 de mayo de este año,
que dejó 119 civiles muertos y entre ellos casi medio centenar de niños. Llegan a Quibdó procedentes de las orillas
del Medio Atrato, según los registros de la Red de Solidaridad. 3.150 personas que solicitaron ser
inscritos; en estos no se incluyeron más
que por temor u otros motivos prefirieron no registrarse.
En los últimos días en
combates entre guerrillas y paramilitares e incursiones del Ejército y la
Fuerza Aérea, más de 2.700 pobladores han salido del río Munguidó a Quibdó, cuya desembocadura está a
sólo 15 minutos en motor fuera de borda de esta capital, y se cuentan muchos
más del Río Quito que desemboca al frente de Quibdó en la margen derecha del Atrato y de su afluente
el Río Pató.
QUIBDÓ UNA CIUDAD CERCADA POR LA GUERRA.
La guerra rodea a Quibdó. La presencia de los grupos ilegales está en
los ríos más próximos, la navegación por el Atrato sigue siendo altamente
riesgosa y prácticamente se encuentra cerrada;
embarcaciones que hacían la ruta por el Atrato hasta Urabá y desde allí
por el Atlántico a Cartagena en un comercio regular de centurias, ya no llegan
a la ciudad con su carga de mercancías y alimentos y los productos agrícolas
del campo que surtían los ribereños cada vez son más escasos y costosos por el
abandono forzado de los agricultores de sus parcelas.
El tránsito por las
carreteras es continuamente bloqueado por las guerrillas, interrumpiendo el
ingresos al Chocó de alimentos, mercaderías y combustibles desde Medellín y
desde Pereira. La carretera Pereira –
Quibdó, importante vía de tránsito para la zona de río San Juan, en la
actualidad completa más de un mes bloqueada por un paro armado “decretado” por
E.L.N.; varias comunidades indígenas y
negras asentadas en las inmediaciones de esta vía han sido desplazadas.
La situación social,
sanitaria, económica y alimentaria de Quibdo es alarmante, a la ciudad
secularmente abandonada por el Estado colombiano, cada día se le agregan más
habitantes producto del desplazamiento, multitudes de desocupados, de famélicos
y de enfermos deambulan sus calles y se hacinan en sus barrios marginales en
las casas de parientes pobres, otros desplazados que llegaron antes que
ellos. Las pandillas juveniles y la
prostitución de menores se multiplican y por supuesto la acción de los grupos
de justicia privada, hacen noche tras noche labores criminales que se han dado
llamar de limpieza social y que fundamentalmente se aplican a los sectores
juveniles.
Los centros urbanos del
Chocó se han constituido en lugares de recepción de desplazados de las diferentes
cuencas hidrográficas, para hacinarse en campos de refugiados, pero igualmente
se han fortalecido las posiciones de los pueblos indígenas y negros para no
abandonar sus territorios y de las comunidades de Paz que se han convertidos en
espacios de organización política de la población civil que busca su protección
en medio del conflicto armado invasor en donde las principales víctimas no son
los combatientes, sino los civiles;
descubriendo en esta forma de organización, una manera de retornar al
territorio con algunas garantías de seguridad.
Los retornos masivos y voluntarios en la gran mayoría sin protección por
parte del Estado y solo con el acompañamiento de la iglesia y de otras
organizaciones civiles son también una forma de resistencia.
A los retornantes les debe
proporcionar el Estado garantías de seguridad a través de un retorno digno y
proporcionarles lo pertinente para reconstruir sus proyectos de vida; pero igualmente deben implementarse medidas
de seguridad y asistencia a los resistentes, los que a pesar de las
circunstancias no abandonan sus poblados para desplazarse a los centros
urbanos.
LA RESISTENCIA Y LA NO PARTICIPACIÓN EN EL
CONFLICTO UNA DECISIÓN DE NO NEUTRALIDAD ANTE EL CONFLICTO.
La decisión de las
comunidades de paz y en general de los grupos étnicos y sus organizaciones en
la región, es la de no participar de forma directa o indirecta en la guerra, no
brindar ayuda logística, táctica ni estratégica; no proveer, manipular, ni producir ninguna
información a ninguna de las partes en conflicto; pues han declarado que éstos no representan
sus intereses, y mucho menos los representan étnica, políticas o culturalmente
frente a sus conceptos de territorialidad y autonomía; que sus acciones no les permiten poder
desarrollar sus proyectos de vida mediante el goce de paz y la
tranquilidad. Los habitantes que militan
en grupos armados, no lo hacen por convicciones políticas, sino movidos por el
hambre y la desocupación, ya que estos grupos ofrecen salarios de hasta
$700.000 mensuales para los que se sumen a sus filas.
Ha surgido de entre las
organizaciones comunitarias, la propuesta de que los territorios colectivos de
pueblos indígenas y comunidades negras, sean declarado y considerados bajo
protección internacional.
Es pertinente citar aquí,
los desplazamientos al fronterizo país de Panamá, sin que se note por parte del
Estado una política efectiva de acuerdos con esta república, para garantizarles
a éstos protección y asistencia social.
LA POSICIÓN GEOESTRATÉGICA DEL CHOCÓ – UNA
BENDICIÓN CONVERTIDA EN TRAGEDIA.
La situación
geoestratégica del Chocó ha sido un factor de recrudecimiento del conflicto,
pues los grupos armados utilizan el territorio para el tráfico de armas y
narcóticos y como corredor al Pacífico, a los departamentos de Antioquia, Valle
del Cauca y los del Eje Cafetero.
Igualmente la promoción de
proyectos viales y portuarios, como parte de la política de desarrollo del
Estado, ha traído como consecuencia que estos grupos se posicionen en estos
espacios territoriales llevando a ellos la confrontación armada con sus
secuelas de muertes y desplazamientos.
Un ejemplo que ilustra lo dicho, fue lo ocurrido con la población
ancestral negra que habita la zona donde se construiría el megaproyecto de
Tribugá y la zona por donde se proyectó el paso de la carretera Ánimas – Nuquí
que lo comunicaría con el centro del país, en octubre de 2001 fue obligada a
desplazarse.
EL NARCOTRÁFICO Y LOS CULTIVOS ILÍCITOS
FACTORES DE GUERRA Y GENERADOR DE IMPACTOS ECOLÓGICOS.
Es claro el asocio de la
guerra con el narcotráfico, ya sea por el control de las rutas de comercio o la
protección de las áreas de cultivo y procesamiento como ocurre en la Costa
Pacífica Chocoana, al norte del Departamento y las cuencas de algunos afluentes
del Atrato, el San Juan y el Baudó.
La Costa Pacífica, antes
solamente utilizada como punto embarque de droga a través de sus ensenadas y
puntos poco vigilados, hoy es territorio de extensas zonas de cultivo de coca y
el dinero del narcotráfico está presente en la mayoría de las actividades
productivas de la región y por supuesto, también en la formación de los grupos
paramilitares y guerrilleros.
Además de alimentar el
conflicto armando, el narcotráfico cobra especial importancia en el contexto
del desarrollo, tanto por factores de tipo político, económico y productivo,
como ambientales y agroalimentarios; sus
actividades en la región, especialmente la relacionada con el establecimiento
de sistemas y prácticas de producción y uso de precursores químicos, generan
impactos ecológicos significativos.
Estos impactos están relacionados con el incremento de la pobreza, la
alteración de sistemas culturales, la disminución y desintegración de
comunidades indígenas, la ampliación de la frontera agrícola, los cambios del
uso del suelo, la ganaderización y la apropiación por métodos violentos del
territorio para establecer monocultivos dañinos y fragmentarios de los sistemas
ecológicos y culturales, muchas veces insostenibles a largo plazo, como la
plantación de palma africana en el llamado Urabá Chocoano.
La nueva economía generada
por el narcotráfico con sus cultivos ilícitos inicialmente a manos de foráneos,
junto con las posibilidades de comercio y la política corrupta, como ya se ha
dicho, ha permitido la consolidación en el Chocó y el Pacífico de una clase
económica nativa que supera a veces económicamente los mejores momentos del
oro, de la manera y de la tagua en las anteriores décadas.
LAS INSTITUCIONES Y EL CONFLICTO
De otra parte, la forma
como está concebida y hace presencia la institucionalidad, tanto del orden
nacional como regional, no pocas veces se convierte en factor generador de
conflictos; ya que el Estado colombiano
incumple por acción u omisión los tratados internacionales de derechos
económicos, sociales y culturales, los derechos humanos y el Derecho
Internacional Humanitario. Como
ilustración se anotan los hechos que se dieron antes y después de la masacre de
Bojayá, originada por el enfrentamiento entre paramilitares y la guerrilla de
las FARC. Las alertas tempranas del Comisionado de las Naciones Unidas para los
Derechos Humanos, la Diócesis de Quibdó y la Defensoría del Pueblo, nunca
fueron atendidas por las autoridades colombianas, convirtiéndose así en actor
permisivo de la matanza, por su desidia y falta de acciones para prevenirla.
UNAS INSTITUCIONES CIVILES QUE REQUIEREN
APOYO Y RESPALDO
Cabe destacar en medio de
la guerra, la labor humanitaria de la Diócesis de Quibdó y de las
organizaciones comunitarias étnicas como la Asociación Campesina Integral del
Atrato – ACIA y la Organización Regional Embera Wounaan – OREWA, lo mismo que
algunas organizaciones civiles e internacionales que acompañan al Chocó y sus
pobladores en estos momentos aciagos de nuestra historia.
LA RESISTENCIA CIVIL DEL COMBATE ESPIRITUAL
De nuestra parte, por ser
una pueblo de resistentes inermes, continuamos en las luchas por el respeto
cultural y territorial y nuestra búsqueda y construcción de autonomía, desde
las orillas, desde el manglar, las ciénagas y los humedales, desde las montañas
y el litoral, desde los vericuetos de la selva profunda, desde las muchas aguas
de este “país de la lluvia perenne”; abriendo
camino a la convivencia política, al diálogo y a la concertación, construyendo
nuestros proyectos de vida, soñando con la felicidad y con un mejor devenir
para nosotros y para nuestros hijos;
cuando por fin esta guerra infame, cruel y sanguinaria haya terminado.
Hemos enarbolado la
bandera de la resistencia cultural, del combate espiritual, con elementos
propios de nuestro acervo cultural, como la fuerza de la palabra y la riqueza
de nuestra ritualidad espiritualidad, en un verdadero combate con lo simbólico
– mágico, para enfrentar la violencia armada que nos ataca y nos
constriñe; pero es urgente el
acompañamiento por parte de las organizaciones civiles nacionales y la
comunidad internacional, para que a nuestro lado, en un proceso de veeduría,
denuncien al Estado y a los otros actores del conflicto cuando nuestros
derechos nos sean violados o conculcados;
queremos saber que no estamos solos en nuestro andar.
Muchas gracias.
BIBLIOGRAFÍA Y TEXTOS APORTANTES A ESTA
PONENCIA
Agenda Pacífico Siglo XXI –
I.I.A.P.
Laboratorio para el
Postdesarrollo – Arturo Escobar y Álvaro Pedrosa. Revista Univalle # 5.
Lo pequeño es hermoso –
E.F. Schumachen.
Caracterización Histórico
Social de la Región del Pacífico – Jairo Velásquez – Investigador I.I.A.P.
Informe alterno al Cuarto
Informe del Estado Colombiano ante el Comité del Pacto Internacional de
Derechos, Económicos, Sociales y Culturales – Período: 1995 – 2000.
Propuesta del Proceso
Organizativo de Comunidades Negras ante el foro “EL CHOCÓ TAMBIÉN ES COLOMBIA”
– Quibdó, octubre 24 y 25 de 2002.
Los pueblos indígenas del
Chocó ante el foro “EL CHOCÓ TAMBIÉN ES COLOMBIA”. Octubre 24 de 2002.
Ponencia Chocó de Derechos
Humanos – Guerra, Violencia y Grupos Étnicos, Cultura Territorio y Resistencia
(Construcción colectiva de comunidades negras e indígenas ONG´S Culturales e
Instituciones Departamentales del Chocó).
Foro “EL CHOCÓ TAMBIÉN ES COLOMBIA”. Octubre 2002.
Informe de la Oficina en
Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos
– Misión de observación en el Medio Atrato – Bogotá, mayo 20 de 2002.
El concepto de Cultura y
sus implicaciones pastorales – Gonzalo M. De la Torres Guerrero. C.M.F.
Palabras de Apertura del
Foro “EL CHOCÓ TAMBIÉN ES COLOMBIA”. Poeta Chocoano Juan B. Velasco
Mosquera. Octubre 24 de 2002.

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