ITINERARIO DE PAZ (UNA PROPUESTA ÉTNICA Y CULTURAL DE LOS CHOCOANOS). Por: Ponencia del Centro del Pensamiento por la Paz del departamento del Chocó.

 


PONENCIA DEL CENTRO DEL PENSAMIENTO POR LA PAZ DEL DEPARTAMENTO DEL  CHOCÓ.

 

PONENTES:

 

-           JUAN B. VELASCO MOSQUERA – POETA Y ESCRITOR

 

 -          CHONTO ABIGAIL SERNA ARRIAGA – LÍDER DEL PROCESO DE COMUNIDADES NEGRAS – DELEGADO DEL PCN EN LA COMISIÓN PEGAGÓGICA NACIONAL.

 

-           SERGIO MOSQUERA MOSQUERA – HISTORIADOR, INVESTIGADOR, PROFESOR UNIVERSIDAD DEL CHOCÓ.

 

SEÑORAS Y SEÑORES DELEGADOS:

 

QUIÉNES SOMOS – ETNIAS Y TERRITORIOS

 

Estamos aquí por primera vez los habitantes del Chocó, el país de las aguas y la selva, residentes de la otra orilla, poblada de ancestralidades y mitos, de espiritualidades y dioses tutelares, depositarios de cosmovisiones milenarias de África y América que aún subyacen en nuestro marco mental, y que son la base de nuestras identidades y que entrelazadas por centurias de convivencia, caminan construyendo un pueblo nuevo en armonía con un territorio que contiene una de las mayores biodiversidades del planeta, la cual ha sido sostenida en el tiempo por filosofías de Manejo Racional y respetuoso, pues su clave cultural  es la inseparabilidad entre el ser humano y ambiente.  Un territorio donde todavía es posible el paraíso, el encuentro con la felicidad y la realización de Utopía;  un territorio singular donde aún es posible el asombro y la esperanza.

 

Somos un pueblo de resistentes históricos en procesos de liberación permanentes contra un acumulado de opresiones y represiones, de marginalidad, menosprecio y desvalorización y de una constante de violación de nuestros derechos económicos, sociales y culturales, los derechos humanos y el derecho el Derecho Internacional Humanitario.  Este pueblo está conformado en un 85% de Afrodescendientes y un 10% de las etnias Indígenas Embera, Waunaan y Katío y ocupamos un territorio departamental, según la División Política Colombiana de 47.000 Km2;  surcado de las aguas de los ríos Atrato, San Juan y Baudó, con costas en el Pacífico y el Atlántico y fronterizo con la República de Panamá, lo cual le da el privilegio e ser la esquina norte de América del Sur.  Un territorio con una diversidad físico / natural reflejada en la variedad de paisajes y ecosistemas con diferentes características y ofertas ambientales, con diversidad de especies animales y vegetales continentales y marinas, muchas de las cuales son endémicas de la región y otras muchas son todavía desconocidas.

 

LAS ESTADÍSTICAS DE LA MARGINALIDAD – UNA POLÍTICA DE EXTERMINIO ÉTNICO?

 

Las frías cifras de la marginalidad y el irrespeto dicen que el 85% de la población del Chocó presenta niveles de necesidades básicas insatisfechas, que de cada 1.000 niños nacidos 151 mueren antes de cumplir su primer añito de vida, siendo el promedio nacional de 28.  El ingreso percápita anual está entre 500 y 600 dólares, siendo el estimado nacional de 1.500 dólares, mientras que un 74% de la población económicamente activa recibe salarios inferiores al mínimo legal.  Por cada 10.000 habitantes hay sólo 1.6 médicos, mientras el promedio nacional es de 9.2;  la cobertura en acueductos en las cabeceras municipales sólo alcanza el 48% y la de alcantarillado apenas un 10%.  El analfabetismo es del 38.8%, siendo la medida nacional del 11.2%;  en la población indígena solamente el 11.3% de los niños en edad escolar logra acceder a la educación primaria cuando la cobertura nacional es del 85%. 

 

Las alarmantes y aterradoras cifras continúan en otras áreas, aportando más datos a la desigualdad, producto de la invisibilidad histórica y cultural.  No somos dignos de preocupación, pues para el Estado y sus planes, sencillamente no existimos.

 

Este desolador panorama parece ser un plan de exterminio étnico por parte del Estado Colombiano, como si estorbáramos, sobre todo ahora que lo ecológico ha adquirido relievancia económica y se mira nuestra posición geoestratégica con nuevas perspectivas desarrollistas ante la llamada apertura de la Cuenca del Pacífico.  Necesitan apropiarse del territorio sin que haya oposición y a sus anchas con los socios del Poder Económico Internacional, para la explotación de los recursos de la región.

 

LOS ACTORES DEL CONFLICTO ARMANDO SE UNEN A LOS EXTERMINADORES.

 

Para agravar esta ruta hacia el calvario, los grupos ilegales del conflicto armado colombiano han invadido nuestro territorio, librando en él una guerra totalmente extraña a nosotros y a nuestros conceptos de territorialidad y autonomía, plagándolo con el asesinato selectivo de nuestros líderes e inundando nuestros poblados con ríos de sangre de masacres, como la de Bellavista en el Municipio de Bojayá, hito de la barbarie y la sevicia contra un pueblo inerme y noble de campesinos humildes, sencillos y empobrecidos.  En diferentes espacios las organizaciones comunitarias del Chocó han dicho que estos grupos armados no nos representan ni étnica, ni política, ni culturalmente.

 

El desplazamiento forzado, producto del enfrentamiento bélico, no tiene parangón comparado con el que se dá por el mismo motivo en otros pueblos y comunidades colombianas.

 

EL MANEJO ECONÓMICO DE LA REGIÓN – LA LÓGICA DE LO IRRACIONAL.  EL DESPLAZAMIENTO DE SIEMPRE.

 

Desde la conquista y la dominación hispana hasta nuestros días, pasando por la oscura noche de la esclavitud, cuyas secuelas en el tiempo aún no parecen resueltas, la lógica que ha imperado en lo económico es la del extractivismo de los recursos de la zona, sin que los productos que se extraen sean sometidos a transformaciones que les agreguen valor, y sin que los capitales asociados a la comercialización de estos se integren a procesos de desarrollo regional.

 

En este lógica imperante la población que durante un período se asocia a determinada actividad extractiva, una vez pierde valor el producto en el mercado o la presión lleva a su extinción se ve obligada a movilizarse a otra actividad en la región o por fuera de ella.  Hoy viven por fuera del Chocó y del Pacífico, hacinados y segregados en las grandes ciudades colombianas, más personas oriundas de la zona o sus descendientes, que en la región misma.

 

En términos estrictamente económicos lo que le queda a la región es exiguo, de tal manera que los beneficios generados no se fijan y se mantienen en la región, pero este tipo de actividad si genera ostensibles transformaciones ambientales y dramáticos impactos y conflictos sociales y culturales.

 

LOS PLANES DE DESARROLLO DE LA REGIÓN – LOS IMAGINARIOS DEL DESARROLLISMO UNA POLÍTICA INVISIBILIZADORA SIN CONSENSO Y CONCIERTO CON SUS POBLADORES

 

Si históricamente la región era simple frontera inhóspita, mencionada solo por sus riquezas mineras, sin que el Estado tuviese la preocupación por delinear políticas para su desarrollo, en las últimas décadas este descubre de nuevo al Chocó y al Pacífico, lo define por la riqueza de su biodiversidad y sus ventajas comparativas, en procura de nuevos mercados con los asiáticos y la integración del país con mercados como los de Venezuela y punto de enlace con los otros de América del Sur y del Norte.  Las políticas neoliberales se convierten en modelo universal, se impone la apertura como una alternativa y avanza la globalización como escenario en que el nuevo orden se reproduce, se le asigna valor estratégico en lo geopolítico y se desborda el imaginario de megaproyectos a realizar en su interior y en diversos puntos de su franja costera.  Se habla de la urgencia de un puerto en la Bahía de Tribugá o más al norte el de aguas profundas en Cupica.  Carreteables se expanden desde los Andes para comunicar tales puertos y desde el centro de Colombia otras se proponen que terminarían en Venezuela.  Todo paree de fácil resolución, se desbordan las imágenes de futuro.  Desde Urrao Antioquia un carreteable llevaría a Buchadó y desde allí a Cupica, punto que sería remate en el Pacífico de un canal seco o interoceánico por el Atrato hasta salir ala Golfo de Urabá.  Surgen trenes, hidroeléctricas, zonas francas y todo un universo por inventar. 

 

Del Chocó y del Pacífico marginal surge uno totalmente integrado, sólo olvidaron los planificadores que en esos lugares apartados vivían los pueblos indígenas y las comunidades afrocolombianas;  gentes que tenían su propia visión de desarrollo y un marco legal de titulación y protección de sus territorios y con los cuales se debe contar al momento de elaborar tales planes.

 

Esta construcción de una visión de región desde la órbita estatal, sin antecedentes históricos, se define pues en factores geográficos y su significado se descubre con relación a los centros de poder internacional.  Se refuerza así una imagen de universo despoblado, de territorio baldío y de espacio en el que su futuro estará determinado por la capacidad de agentes externos para transformarlo y por qué no para poblarlo.

 

La invisibilidad de las etnias que lo pueblan es la lógica que ordena esta construcción, sólo que en el acumulado de los tiempos de marginalidad y abandono de una nación que le dio la espalda al Chocó y sus pobladores, se forjó una identidad regional que se expresa en las formas de poblamiento, en los usos del paisaje, en las tecnologías desarrolladas para el manejo de la selva húmeda, en los modelos de comunicación, en los sistemas de representación, en los ritos y en las fiestas.

 

El modelo de desarrollo del Chocó y el Pacífico no puede darse sin el consenso y concierto de sus pobladores y de los grupos étnicos que son los reales propietarios del territorio.  En este sentido se deben acoger las propuestas de la Agenda Pacífico Siglo XXI como ruta medular para la ejecución de planes y programas en la región.  La Agenda Pacífico  es el producto de políticas de concertación con todos los actores sociales e institucionales de la región, liderada y elaborada por el Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico.

 

LA PAZ UNA CONSTRUCCIÓN DE FUTURO ENTRE TODOS – EL CHOCÓ UN RETO PARA LA HUMANIDAD DONDE LA DEFINICIÓN DE “LO COLOMBIANO” ESTÁ EN JUEGO.

 

La paz es una construcción de futuro y no apenas el silenciamiento de las armas, pensar en esto es comenzar a establecer bases sólidas para el país que queremos cuando la guerra al fin, y confiamos que sea pronto, haya terminado.

 

Una ruta para la construcción de paz y su aclimatación en una región de tanta singularidad y especialización como el Chocó, requiere asumir actitudes para repensar con esperanza que todos los seres humanos tenemos derecho a una oportunidad sobre la tierra;  estar dispuestos a desarmar los espíritus y convencernos de que todos los males de la humanidad tienen su génesis en la codicia y la envidia.  Requiere tener la certidumbre de que la universalidad sólo es posible si se construye a partir de las particularidades y de su reconocimiento y respeto y también tener la capacidad para poder distinguir y poner en planos opuestos el capital natural y la renta;  para poder repetir con Gandhi, cuando dijo:  es más probable que la tierra proporcione lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no la codicia de cada hombre”.

 

Los constructores de paz sabemos que ésta debe ser una construcción armónica entre los hombres, pero también entre éstos con la naturaleza, con nuestro entorno vital.  En cada uno de nosotros debe sembrarse la disposición de mirar a territorios como el Chocó y el Pacífico con ojos más aperturistas y respetuosos y no sólo con la visión económico – científica de occidente, creadora de expresiones invisibilizadoras y excluyentes como “Tercer Mundo”, que sólo conducen a hacer aparecer a nuestros pueblos y étnicas como comunidades menores de edad, sujetos de lenguajes “desarrollistas”. Para ser impuestos en territorios “despoblados” y “por descubrir”;  menospreciando y subvalorando nuestros universos locales, estos sí ricos y en comunicación creadora con nuestras creencias y prácticas culturales y espirituales.  Reconocernos como un pueblo capaz de decidir su propio destino, pero que también requiere el acompañamiento de los que decidan apoyarnos en nuestras luchas por la autonomía y la autodeterminación;  pensando con nosotros un modelo de vida donde el desarrollo no irrumpa como una conquista avasallante o como una avanzada irracional y dominante de lo moderno;  sin consideración y respeto tratan de reconstruir el mundo sólo bajo el sobreentendido de que “Lo moderno solo es posible edificando sobre los escombros de lo no moderno”;  para que el desarrollo sea como nosotros lo concebimos:  un descubrimiento mutuo y un diálogo de saberes.

 

UN ITINERARIO DE PAZ –NUESTRA DISPOSICIÓN PARA ENCONTRARNOS CON LOS OTROS.

 

En este Itinerario de Paz estamos dispuestos a contribuir en la construcción de modelos híbridos más reales, pero que estén dispuestos a acoger en su interior nuestras visiones culturales, diferentes al resto de la nación colombiana, pero en donde quepan también los criterios economicistas que hoy compiten por la producción y el control de nuestro territorio desde afuera y desde adentro de él, como el Estado, las Empresarios, las Organizaciones Transnacionales y algunos grupos intelectuales y cuya resultante sea un Chocó y un Pacífico distintos, o al menos, más negociado, pero donde la hibridación no se reduzca a un infeliz injerto o a un estéril mestizaje.  Estamos dispuestos a aceptar el diálogo y el reto.

 

El Itinerario de Paz pasa también por el fortalecimiento de una construcción de lo político entre nosotros, con considerado respeto en su acompañamiento por parte de los otros, apoyado en nuestros aspectos simbólicos – culturales, en la formación de una ciudadanía étnica, cultural y territorial, en donde la política tenga más altos postulados y no únicamente los subalternos de lo económico, la corrupción y el aprovechamiento de los recursos del Estado;  para de esta manera fortalecer nuestra acción colectiva en el encuentro con otros actores y para que lo cultural sea la médula de nuestras luchas y se convierta en un verdadero hecho político de resistencia civil activa a la barbarie imperante.

 

La naturaleza de nuestro medio vital debe servir como Agente de Creación Social, donde los seres humanos no sean considerados únicamente como “Guardianes” del capital natural y donde la biotecnología y la biodiversidad no sean sólo herramientas del capital para la conquista del territorio y en donde al final, las comunidades o si acaso sus sobrevivientes, sean reconocidas como dueños legítimos de sus recursos, pero sólo en la medida que acepten ver y tratar estos recursos como un capital que debe ser puesto en circulación en beneficio del proceso de acumulación;  todo lo cual debe pasar por el reconocimiento de la propiedad intelectual colectiva de nuestros conocimientos.  Al decir de nuestro pensador del Pacífico Alfredo Vanín R.:  El desarrollo no puede representar la ruina de quienes se pretende salvar con la retórica”.

La ruta de la búsqueda de la Paz, para nosotros y nuestros descendientes, estará liderada por los que se atrevan, con el concurso de las distintas voces que conforman el discurso del Chocó y el Pacífico a pensar una realidad diferente;  a los que estén dispuestos a imaginarse “espacios”  de postdesarrollo, pues en el postdesarrollo se pensará que al Chocó y al Pacífico no hay que “desarrollarlo”, sino que este representa una gran oportunidad para que un grupo de comunidades y etnias asuman su forma de ser, con plena autonomía cultural y política;  abriendo y fomentando espacios de paz y sana convivencia, en lucha cultural contra todas las formas de violencia.

 

Seremos si se quiere, modernos pero diferentes, en el concierto de construcción de aquello que llamamos, y que está también en proceso de formación y se debate también por saber quién es:  Colombia.

 

El Chocó y el Pacífico, presentan un gran desafío para el país.  Es la definición misma de “Lo Colombiano” lo que está en juego.

 

II

 

EL CHOCÓ Y EL PACÍFICO ESCENARIO DE CONFLICTOS

 

En esta segunda parte, la ponencia tratará de hacer un análisis de la situación del conflicto histórico del Chocó, generado por factores externos e internos al territorio, concluyendo con una exposición del conflicto armado de la guerra colombiana, su desarrollo y su incidencia en la vida de sus pobladores.  Algunos conceptos de la primera parte aparecerán reiterados, pero es necesario hacerlo para mejor comprensión de lo que se quiere exponer.

 

La región es una de las mayores aportantes a la situación del conflicto que se tiene en Colombia;  por tal razón su análisis es una condición para establecer alternativas y sin lo cual no es posible construir región, ni desarrollo ni políticas de paz y convivencia:  Esta situación no admite disgreciones teóricas.

 

Con indiferencia vemos como, no solo la sociedad nacional, sino la dirigencia política y económica regional, está dejando que una de las regiones más ricas  y con una posición estratégica envidiable para el desarrollo nacional, sean permisivas las violaciones sistemáticas de los derechos fundamentales de sus pueblos, lo que hace que sea difícil pensar en la integración, la equidad, el respeto por la diversidad y en general el desarrollo;  al no asumir compromisos serios y responsables que derroten no sólo a los actores del conflicto, sino a las tendencias desarrollistas que lo generan;  todo lo cual permite que no puedan garantizarse los sueños con relación al futuro deseado dentro de las perspectivas de la democracia, la equidad y el respeto por el otro.

 

EL CONFLICTO ENTRE LAS PROPUESTAS DESARROLLISTAS Y LOS PROCESOS IDENTITARIOS.

 

El conflicto surge con la evidencia en la zona, de la ausencia real del compromiso que el Estado debe asumir con los principios fundamentales de la Constitución del 91, en particular con la declaración de que Colombia es un país pluriétnico y pluricultural, con la Legislación Nacional y con los tratados, convenios y pactos internacionales, en especial los referidos a los grupos étnicos.

 

En la década de los ochenta se empiezan a dar grandes cambios en la forma como se visualiza la región y cuál podría ser su papel en el contexto nacional, se le confiere un carácter estratégico por su riqueza en biodiversidad y por su importancia geopolítica, no solo con respecto a los mercados internacionales, sino en cuanto a la proyección política y de injerencia sobre el continente.  Igualmente es el período en el cual se desarrollan procesos identitarios que tienen que ver con lo étnico y con el manejo del territorio.  En este sentido el conflicto adquiere diferentes significados en la región ya que rompe en buena parte con su historia, que si bien no había estado exenta de conflicto y acciones armadas, sus formas de resolución habían sido dialogales o por lo menos no traumáticas.

 

La violencia como forma de resolver los conflictos cobra significado para los pobladores locales, los cuales en adelante, se verán involucrados en disputas territoriales y de construcción de nuevos poderes económicos, en la mayoría de las ocasiones asociados a actores e intereses externos.

 

LA POLÍTICA TRADICIONAL CORRUPTA.  LAS NUEVAS REPRESENTACIONES ÉTNICAS Y LA FORMACIÓN DE UNA NUEVA VISIÓN DE LO POLÍTICO.

 

De otra parte en el Chocó y el Pacífico en general, son muy notorios los poderes o hegemonías locales que acceden a las instituciones y espacios políticos no desde la perspectiva de la gestión administrativa eficiente, sino desde la búsqueda del poder con el único fin de desarrollar prácticas clientelistas para el beneficio de la parentela.  A esto se suma la proliferación de expresiones oportunistas y de intereses politiqueros de los grupos y partidos políticos colombianos, que ven en los espacios de la Ley 70 o Ley de Negritudes, nuevas posibilidades para sus prácticas clientelistas, para lo cual se valen de dirigentes políticos negros tradicionales, para apropiarse del movimiento social de comunidades negras y de paso engrosar las opciones de sus partidos.  Es el caso de la Dirección Nacional Liberal con conocidos parlamentarios de origen negro y de otros oriundos del Chocó.

 

La última elección parlamentaria no estuvo exenta de la penetración de estos grupos políticos nacionales que sonsacaron a algunos dirigentes del proceso, débiles en su identidad y presas de los halagos, para acompañar sus listas en renglones secundarios.

 

En lo tocante al acceso a las dos curules a la Cámara de Representantes que por circunscripción nacional a que tienen derecho las minorías étnicas negras, lo que resultó fue una gran derrota del proceso de comunidades negras en cuanto a representación política parlamentaria, pues los electos de negro sólo tienen la piel, ya que su pensamiento y su procedencia contradicen los criterios de lo étnico – político de éstas.  El país nacional, en parte porque son procesos que se dan al interior de la región sin mayores espacios de difusión a nivel nacional, desconocen a los verdaderos líderes negros y siguen mirando lo negro con símbolos equívocos discriminatorios de representación y figuración, sólo a través de los negros que, aún por sus propios esfuerzos, se destacan en el deporte o en el campo artístico.  El negro sólo sirve para futbolistas o para bailar.

 

Al interior de la región pues, se ha venido configurando un movimiento social de comunidades afrocolombianas y pueblos indígenas, con una visión de lo político en base a principios étnicos, territoriales y culturales, que buscan defender sus tierras y sus culturas en condiciones muy adversas, pues les ha tocado vivir en las últimas décadas un deterioro de su relativa vida en paz con su vecino y su entorno.

 

El fortalecimiento y acompañamiento a estos procesos identitarios y una reglamentación más clara y precisa en cuanto a la participación electoral en los espacios parlamentarios que consagra la ley y el derecho a las minorías étnicas pasando por una verdadera reforma política que permita una clara participación de los grupos minoritarios, la configuración de los partidos y la eliminación de las suplencias, por ejemplo, serían herramientas eficaces para la construcción de nación.

 

EL MODELO ECONÓMICO IMPERANTE EN LA REGIÓN, IMPORTANTE ELEMENTO GENERADOR DE VIOLENCIA.

 

Otro factor de conflicto tiene su origen en el modelo económico y el acceso a los recursos naturales, ya que la relación del Estado y la Nación con la región y sus habitantes, se sigue construyendo sobre la base de un modelo que se caracteriza por la explotación y el extractivismo de los recursos naturales y ello ha generado modos de apropiación territorial y aprovechamiento de estos que implican una vinculación con un modelo de mercado que vincula a sus habitantes en forma desigual y diferente, de acuerdo al actor social y al espacio físico.  En este sentido se citan la explotación maderera, los aserríos y las motosierras, con los cuales se cambian los ritmos de trabajo ancestrales y la afectación del bosque;  la pesca de arrastre y el trasmallo electrónico que rompe con un subsistema de pesca que tiene ciclos y la aparición de la retroexcavadora en lo minero que produce la ruptura en el modelo solidario y familiar del trabajo minero artesanal.

 

Todas las anteriores políticas parecen ser el resultado de implementar las recomendaciones de Lauchlin Currier, quien planteaba un programa deliberado de movilidad acelerada para conseguir la suficiente emigración del campo y sostenía que la guerra puede tomar el lugar de tal programa, tal y como algunos intentan que pase hoy en Colombia (Mondragón).  Las comunidades afrocolombianas y los pueblos indígenas enfrentan hoy no sólo la tendencia a la alta concentración de la propiedad, sino especialmente al capital transnacional y su modelo de globalización, que necesita romper con las economías tradicionales.  La apertura económica, la nueva violencia con la gran masa de desplazados, así parece anunciarlo.  No sólo hay desplazados porque hay guerra, sino que hay guerra para que haya desplazados.  En los planes de desarrollo globales los habitantes y sus culturas, sencillamente son considerados como secundarios.

 

Los proyectos mineros, viales, portuarios, eléctricos y los de exploraciones biológicas y genéticas, son los que s consideran fundamentales para la región y por ello se han tomados medidas legales e ilegales en contra de las comunidades afrocolombianas y los pueblos indígenas, pasando por encima de sus derechos territoriales y sin ninguna concertación y consenso.

 

EL CONFLICTO INTERÉTNICO – UN MODELO DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS

 

No es dable desconocer aquí que al interior de la región se presentan contradicciones entre los mismos grupos étnicos, no somos la excepción, ya que no existe en el mundo una sociedad totalmente armónica, a pesar de que en el devenir histórico desde la época de la conquista se han dado relaciones de solidaridad y complementaridad entre los distintos pueblos africanos que llegaron y los pueblos aborígenes, mediante la convivencia, mestizaje y sincretismo cultural, mediados por creencias mágico – religiosos y mecanismos como el compadrazgo.

 

En tiempos recientes las comunidades afrocolombianas y los pueblos indígenas iniciaron un proceso de relaciones, que tenía como objetivo trabajar por el reconocimiento de los derechos territoriales como una forma de defensa territorial y cultural, con lo cual se propició el reconocimiento de las comunidades afrocolombianas como grupo étnico en la Constitución Política Colombiana, mediante el artículo transitorio 55.

 

Sin embargo, no deja de existir en la actualidad una situación compleja respecto a la delimitación territorial entre las comunidades, debido a que se ha interpuesto intereses ecológicos, económicos, políticos y racistas que están haciendo interpretaciones de las normas y de los hechos que no son objetivos frente a la realidad y con ello se están generando fracturas en las relaciones entre las comunidades.

 

Los dos aspectos más importantes del conflicto interétnico se dan por la explotación de los recursos naturales y los que se presentan por delimitaciones de resguardos indígenas con tierras colectivas de comunidades negras que en ocasiones se sobreponen.

 

Estos conflictos se tratan de superar por mediaciones dadas por las organizaciones étnicas de la región que han definido en diversos encuentros interétnicos mecanismos de solución e interlocución con criterios que bien pueden servirle al país como ejemplos de resolución de conflictos.

 

LA INVASIÓN TERRITORIAL Y EXTENSIÓN DEL CONFLICTO ARMADO COLOMBIANO – UN CALVARIO DE MUERTES Y VIOLACIONES.

 

La extensión e invasión del conflicto armado en el territorio del Chocó y el Pacífico, tiene muchas repercusiones, que van desde el reclutamiento forzado de sus habitantes por parte de todos los actores, hasta el saqueo de las menguadas finanzas públicas, el asesinato de líderes comunitarios, la devastación del bosque para la siembra de cultivos ilícitos, las masacres bárbaras, dolorosas e imperdonables de sus moradores y el calvario del desplazamiento forzado, entre otras muchas.

 

El desplazamiento forzado se inicia con una muy bien planeada y coordinada acción de un grupo insurgente en busca de una recuperación territorial de otro, que abre tres frentes de guerra en el Chocó:  en el norte y en los ejes viales Quibdó – Medellín, Quibdó – Pereira, este último se prolonga a la zona minera del río San Juan y Condoto.  Con acciones violentas, son expulsados los habitantes de estas carreteras.  En 1996 se da la disputa por el control territorial de la frontera con Panamá y especialmente en los municipios de Ungía, Acandí, Jurado y Riosucio.  Con la guerra desatada la mayoría de la población civil, ante las masacres ocurridas y el asedio, sólo encuentran como alternativa para proteger sus vidas desplazarse a centros como Apartadó, Turbo, Quibdó, Cartagena, Bahía Solano, Buenaventura, Medellín, Cali y Pereira.

 

COMUNIDADES DE PAZ – LOS RESISTENTES.

 

Como resultante del movimiento social que se ha venido gestando a partir de la irrupción de los grupos étnicos como nuevos actores sociales, se plantearon diferentes acciones de resistencia que van desde las posiciones de autonomía proclamadas por algunas organizaciones indígenas y las llamadas Comunidades de Paz que se conformaron en la región, entre las que se destacan las de Pavarandó y Bella Flor del Remancho en el Bajo Atrato, verdaderos cimarrones como sus antepasados, símbolos de los nuevos resistentes, defensores del territorio, en lucha frente a los actores violentos.

 

DESPLAZAMIENTOS POR TITULACIONES COLECTIVAS – UNA ESTRATEGIA DE MUERTE Y DESOLACIÓN.

 

El auge de las masacres y el desplazamiento “coincide” con la dinamización del proceso de titulaciones colectivas.  En diciembre de 1996 se entregaron los primeros títulos colectivos a las comunidades negras del Municipio de Riosucio en el Bajo Atrato e inmediatamente gran parte de las familias que de ellas hacían parte fueron masacradas y desplazadas del territorio;  la ofensiva paramilitar y guerrillera con sus enfrentamientos y los bombardeos del Ejército dejan más de 750 muertos y miles de desplazados.  Casi 15.000 se desplazaron de las orillas del Atrato y de sus afluente el río Cacarica.  Un hecho similar se repite en febrero de 1998 cuando se efectúan las titulaciones en el Medio Atrato y en mayo de 2001 cuando se tituló en el río Baudó;  3.500 desplazados llegaron a Quibdó provenientes de esta zona por la época.

 

El desplazamiento continúa a raíz de la masacre de Bellavista – Bojayá, ocurrida el 2 de mayo de este año, que dejó 119 civiles muertos y entre ellos casi medio centenar de niños.  Llegan a Quibdó procedentes de las orillas del Medio Atrato, según los registros de la Red de Solidaridad.  3.150 personas que solicitaron ser inscritos;  en estos no se incluyeron más que por temor u otros motivos prefirieron no registrarse.

 

En los últimos días en combates entre guerrillas y paramilitares e incursiones del Ejército y la Fuerza Aérea, más de 2.700 pobladores han salido del río  Munguidó a Quibdó, cuya desembocadura está a sólo 15 minutos en motor fuera de borda de esta capital, y se cuentan muchos más del Río Quito que desemboca al frente de Quibdó en  la margen derecha del Atrato y de su afluente el Río Pató.

 

QUIBDÓ UNA CIUDAD CERCADA POR LA GUERRA.

 

La guerra rodea a Quibdó.  La presencia de los grupos ilegales está en los ríos más próximos, la navegación por el Atrato sigue siendo altamente riesgosa y prácticamente se encuentra cerrada;  embarcaciones que hacían la ruta por el Atrato hasta Urabá y desde allí por el Atlántico a Cartagena en un comercio regular de centurias, ya no llegan a la ciudad con su carga de mercancías y alimentos y los productos agrícolas del campo que surtían los ribereños cada vez son más escasos y costosos por el abandono forzado de los agricultores de sus parcelas.

 

El tránsito por las carreteras es continuamente bloqueado por las guerrillas, interrumpiendo el ingresos al Chocó de alimentos, mercaderías y combustibles desde Medellín y desde Pereira.  La carretera Pereira – Quibdó, importante vía de tránsito para la zona de río San Juan, en la actualidad completa más de un mes bloqueada por un paro armado “decretado” por E.L.N.;  varias comunidades indígenas y negras asentadas en las inmediaciones de esta vía han sido desplazadas.

 

La situación social, sanitaria, económica y alimentaria de Quibdo es alarmante, a la ciudad secularmente abandonada por el Estado colombiano, cada día se le agregan más habitantes producto del desplazamiento, multitudes de desocupados, de famélicos y de enfermos deambulan sus calles y se hacinan en sus barrios marginales en las casas de parientes pobres, otros desplazados que llegaron antes que ellos.  Las pandillas juveniles y la prostitución de menores se multiplican y por supuesto la acción de los grupos de justicia privada, hacen noche tras noche labores criminales que se han dado llamar de limpieza social y que fundamentalmente se aplican a los sectores juveniles.

 

Los centros urbanos del Chocó se han constituido en lugares de recepción de desplazados de las diferentes cuencas hidrográficas, para hacinarse en campos de refugiados, pero igualmente se han fortalecido las posiciones de los pueblos indígenas y negros para no abandonar sus territorios y de las comunidades de Paz que se han convertidos en espacios de organización política de la población civil que busca su protección en medio del conflicto armado invasor en donde las principales víctimas no son los combatientes, sino los civiles;  descubriendo en esta forma de organización, una manera de retornar al territorio con algunas garantías de seguridad.  Los retornos masivos y voluntarios en la gran mayoría sin protección por parte del Estado y solo con el acompañamiento de la iglesia y de otras organizaciones civiles son también una forma de resistencia.

 

A los retornantes les debe proporcionar el Estado garantías de seguridad a través de un retorno digno y proporcionarles lo pertinente para reconstruir sus proyectos de vida;  pero igualmente deben implementarse medidas de seguridad y asistencia a los resistentes, los que a pesar de las circunstancias no abandonan sus poblados para desplazarse a los centros urbanos.

 

LA RESISTENCIA Y LA NO PARTICIPACIÓN EN EL CONFLICTO UNA DECISIÓN DE NO NEUTRALIDAD ANTE EL CONFLICTO.

 

La decisión de las comunidades de paz y en general de los grupos étnicos y sus organizaciones en la región, es la de no participar de forma directa o indirecta en la guerra, no brindar ayuda logística, táctica ni estratégica;  no proveer, manipular, ni producir ninguna información a ninguna de las partes en conflicto;  pues han declarado que éstos no representan sus intereses, y mucho menos los representan étnica, políticas o culturalmente frente a sus conceptos de territorialidad y autonomía;  que sus acciones no les permiten poder desarrollar sus proyectos de vida mediante el goce de paz y la tranquilidad.  Los habitantes que militan en grupos armados, no lo hacen por convicciones políticas, sino movidos por el hambre y la desocupación, ya que estos grupos ofrecen salarios de hasta $700.000 mensuales para los que se sumen a sus filas.

 

Ha surgido de entre las organizaciones comunitarias, la propuesta de que los territorios colectivos de pueblos indígenas y comunidades negras, sean declarado y considerados bajo protección internacional.

 

Es pertinente citar aquí, los desplazamientos al fronterizo país de Panamá, sin que se note por parte del Estado una política efectiva de acuerdos con esta república, para garantizarles a éstos protección y asistencia social.

 

LA POSICIÓN GEOESTRATÉGICA DEL CHOCÓ – UNA BENDICIÓN CONVERTIDA EN TRAGEDIA.

 

La situación geoestratégica del Chocó ha sido un factor de recrudecimiento del conflicto, pues los grupos armados utilizan el territorio para el tráfico de armas y narcóticos y como corredor al Pacífico, a los departamentos de Antioquia, Valle del Cauca y los del Eje Cafetero.

 

Igualmente la promoción de proyectos viales y portuarios, como parte de la política de desarrollo del Estado, ha traído como consecuencia que estos grupos se posicionen en estos espacios territoriales llevando a ellos la confrontación armada con sus secuelas de muertes y desplazamientos.  Un ejemplo que ilustra lo dicho, fue lo ocurrido con la población ancestral negra que habita la zona donde se construiría el megaproyecto de Tribugá y la zona por donde se proyectó el paso de la carretera Ánimas – Nuquí que lo comunicaría con el centro del país, en octubre de 2001 fue obligada a desplazarse.

 

EL NARCOTRÁFICO Y LOS CULTIVOS ILÍCITOS FACTORES DE GUERRA Y GENERADOR DE IMPACTOS ECOLÓGICOS.

 

Es claro el asocio de la guerra con el narcotráfico, ya sea por el control de las rutas de comercio o la protección de las áreas de cultivo y procesamiento como ocurre en la Costa Pacífica Chocoana, al norte del Departamento y las cuencas de algunos afluentes del Atrato, el San Juan y el Baudó.

 

La Costa Pacífica, antes solamente utilizada como punto embarque de droga a través de sus ensenadas y puntos poco vigilados, hoy es territorio de extensas zonas de cultivo de coca y el dinero del narcotráfico está presente en la mayoría de las actividades productivas de la región y por supuesto, también en la formación de los grupos paramilitares y guerrilleros.

 

Además de alimentar el conflicto armando, el narcotráfico cobra especial importancia en el contexto del desarrollo, tanto por factores de tipo político, económico y productivo, como ambientales y agroalimentarios;  sus actividades en la región, especialmente la relacionada con el establecimiento de sistemas y prácticas de producción y uso de precursores químicos, generan impactos ecológicos significativos.  Estos impactos están relacionados con el incremento de la pobreza, la alteración de sistemas culturales, la disminución y desintegración de comunidades indígenas, la ampliación de la frontera agrícola, los cambios del uso del suelo, la ganaderización y la apropiación por métodos violentos del territorio para establecer monocultivos dañinos y fragmentarios de los sistemas ecológicos y culturales, muchas veces insostenibles a largo plazo, como la plantación de palma africana en el llamado Urabá Chocoano.

 

La nueva economía generada por el narcotráfico con sus cultivos ilícitos inicialmente a manos de foráneos, junto con las posibilidades de comercio y la política corrupta, como ya se ha dicho, ha permitido la consolidación en el Chocó y el Pacífico de una clase económica nativa que supera a veces económicamente los mejores momentos del oro, de la manera y de la tagua en las anteriores décadas.

 

LAS INSTITUCIONES Y EL CONFLICTO

 

De otra parte, la forma como está concebida y hace presencia la institucionalidad, tanto del orden nacional como regional, no pocas veces se convierte en factor generador de conflictos;  ya que el Estado colombiano incumple por acción u omisión los tratados internacionales de derechos económicos, sociales y culturales, los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario.  Como ilustración se anotan los hechos que se dieron antes y después de la masacre de Bojayá, originada por el enfrentamiento entre paramilitares y la guerrilla de las FARC. Las alertas tempranas del Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la Diócesis de Quibdó y la Defensoría del Pueblo, nunca fueron atendidas por las autoridades colombianas, convirtiéndose así en actor permisivo de la matanza, por su desidia y falta de acciones para prevenirla.

UNAS INSTITUCIONES CIVILES QUE REQUIEREN APOYO Y RESPALDO

 

Cabe destacar en medio de la guerra, la labor humanitaria de la Diócesis de Quibdó y de las organizaciones comunitarias étnicas como la Asociación Campesina Integral del Atrato – ACIA y la Organización Regional Embera Wounaan – OREWA, lo mismo que algunas organizaciones civiles e internacionales que acompañan al Chocó y sus pobladores en estos momentos aciagos de nuestra historia.

 

LA RESISTENCIA CIVIL DEL COMBATE ESPIRITUAL

 

De nuestra parte, por ser una pueblo de resistentes inermes, continuamos en las luchas por el respeto cultural y territorial y nuestra búsqueda y construcción de autonomía, desde las orillas, desde el manglar, las ciénagas y los humedales, desde las montañas y el litoral, desde los vericuetos de la selva profunda, desde las muchas aguas de este “país de la lluvia perenne”;  abriendo camino a la convivencia política, al diálogo y a la concertación, construyendo nuestros proyectos de vida, soñando con la felicidad y con un mejor devenir para nosotros y para nuestros hijos;  cuando por fin esta guerra infame, cruel y sanguinaria haya terminado.

 

Hemos enarbolado la bandera de la resistencia cultural, del combate espiritual, con elementos propios de nuestro acervo cultural, como la fuerza de la palabra y la riqueza de nuestra ritualidad espiritualidad, en un verdadero combate con lo simbólico – mágico, para enfrentar la violencia armada que nos ataca y nos constriñe;  pero es urgente el acompañamiento por parte de las organizaciones civiles nacionales y la comunidad internacional, para que a nuestro lado, en un proceso de veeduría, denuncien al Estado y a los otros actores del conflicto cuando nuestros derechos nos sean violados o conculcados;  queremos saber que no estamos solos en nuestro andar.

 

Muchas gracias.

 

BIBLIOGRAFÍA Y TEXTOS APORTANTES A ESTA PONENCIA

 

Agenda Pacífico Siglo XXI – I.I.A.P.

 

Laboratorio para el Postdesarrollo – Arturo Escobar y Álvaro Pedrosa.  Revista Univalle # 5.

 

Lo pequeño es hermoso – E.F. Schumachen.

 

Caracterización Histórico Social de la Región del Pacífico – Jairo Velásquez – Investigador I.I.A.P.

 

Informe alterno al Cuarto Informe del Estado Colombiano ante el Comité del Pacto Internacional de Derechos, Económicos, Sociales y Culturales – Período:  1995 – 2000.

 

Propuesta del Proceso Organizativo de Comunidades Negras ante el foro “EL CHOCÓ TAMBIÉN ES COLOMBIA” – Quibdó, octubre 24 y 25 de 2002.

 

Los pueblos indígenas del Chocó ante el foro “EL CHOCÓ TAMBIÉN ES COLOMBIA”.  Octubre 24 de 2002.

 

Ponencia Chocó de Derechos Humanos – Guerra, Violencia y Grupos Étnicos, Cultura Territorio y Resistencia (Construcción colectiva de comunidades negras e indígenas ONG´S Culturales e Instituciones Departamentales del Chocó).  Foro “EL CHOCÓ TAMBIÉN ES COLOMBIA”. Octubre 2002.

 

Informe de la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos – Misión de observación en el Medio Atrato – Bogotá, mayo 20 de 2002.

 

El concepto de Cultura y sus implicaciones pastorales – Gonzalo M. De la Torres Guerrero. C.M.F.

 

Palabras de Apertura del Foro “EL CHOCÓ TAMBIÉN ES COLOMBIA”. Poeta Chocoano Juan B. Velasco Mosquera.  Octubre 24 de 2002.

 

 

 

 

 

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