Mujeres negras (sirvientas, putas, matronas): una aproximación a la mujer negra de Colombia Por: BETTY RUTH LOZANO LERMA SOCIÓLOGA, Santiago de Cali, abril de 2008
Uno
de los aportes del concepto “Género” ha sido el evidenciar que “hombre” y
“mujer” son construcciones históricas y culturales y que por lo tanto la
biología no determina lo que eso significa para todas las sociedades y las
culturas. Al contrario, cada sociedad y
cultura define lo que es ser hombre y ser mujer, por lo tanto no puede hablarse
de la “mujer” en términos genéricos sino que se hace necesario hablar de la
mujer como sujeto histórico ligado a una serie de limitaciones y con
actividades e intereses específicos que deben analizarse en relación con
categorías como clase, etnia, pertenencia regional entre otras. Es así que la complejidad de la vida de las
mujeres solo puede ser cabalmente conocida analizando las complejidades
sociales, étnicas, ideológicas y económicas a las que obedecen” (Ramos Escandón.
1995).
¿Que
significa entonces ser mujer negra en el contexto colombiano de inequidad de
género, creciente pobreza, desplazamiento forzado, discriminación y
racismo? La identidad de las mujeres
negras colombianas está definida por el
hecho de ser negras en una sociedad mestiza discriminadora, pobres en una
sociedad de clases y mujeres en una sociedad patriarcal, en donde cuenta de
manera fundamental los rasgos de sus grupos étnicos particulares reconociendo
que las comunidades negras no son homogéneas sino que tienen especifidades, todo
lo cual nos permite hablar de las mujeres negras en plural. Para las mujeres negras el género no es una
categoría central, tampoco la clase, ni lo étnico/racial, somos mujeres negras
empobrecidas históricamente, así que la articulación de todas estas categorías,
sin jerarquías, es fundamental para dar cuenta del sujeto mujer negra. Se pretende en este artículo acercarse a las
diversas complejidades que determinan a las mujeres negras colombianas, lo cual
nos puede ayudar a contestar la pregunta formulada al inicio del párrafo, lo
que además debería llevarnos a pensar en la forma eficaz de hacer justicia a
las mujeres negras. Para esbozar una
respuesta se empezará por hacer un rápido recuento crítico de lo que (ha sido)
(es ) y ha significado la presencia de
las mujeres negras en esta parte del continente y también de la manera como ha
sido leída por parte de algunos y algunas cientistas sociales, después nos
acercaremos al surgimiento de los procesos organizativos mixtos y de mujeres a
finales de los años ochenta del siglo veinte para terminar con un acercamiento
a la relación comunidades negras – mujeres negras.
Identidad de mujer negra (mujer o mujeres)
Si bien la identidad es la manera en que la cultura se hace
significativa a los individuos y en la que estos se autodefinen, no puede
hablarse de cultura en términos generales, aunque hablemos de procesos de
globalización que parecieran ser más evidentes en las ciudades, pero la cultura
dominante, a pesar de sus pretensiones hegemónicas, es recreada y transformada
por los grupos subalternos como las mujeres, los jóvenes, los/las negros/as y
los y las indígenas, que además poseen sus propias formas culturales. Laclau y Mouffe argumentan, los cita Escobar, que “la vida social es inherentemente política
dado el espacio de antagonismos que emergen del ejercicio de la identidad
misma. Toda identidad es relacional, lo
cual significa que el ejercicio de cualquier identidad implica la afirmación de
la diferencia y, por consiguiente, un antagonismo potencial. Los antagonismos son constitutivos de la vida
social. En este sentido, dado que el
significado no puede ser fijado de manera permanente –un postulado básico de
las hermenéuticas y el post-estructuralismo-, las identidades son el resultado
de articulaciones que son siempre históricas y contingentes. Ninguna identidad o sociedad puede ser
descrita desde una perspectiva única y universal.”[1]
Tal pretensión de descripción de la sociedad desde una
única perspectiva que se plantea como universal la ha tenido tanto la izquierda como el
feminismo. Hay que decir que ambos le
han temido a la diversidad. Para el
primero desde el discurso de la igualdad y para el segundo desde el de la lucha
de clases. Lo universal era el género y
la clase. La subordinación de género
para el feminismo y la explotación de
clase para la izquierda han sido las
perspectivas privilegiadas desde las cuales se
ha explicado la sociedad. Abordar
las diferencias podría ser políticamente fragmentador. Hablar de “las mujeres”
en plural y no de “la mujer” e intentar profundizar en las diferencias ha sido
un camino difícil para las mujeres negras dentro del feminismo. Pero también lo ha sido dentro del
movimiento social de comunidades negras, en donde todavía un gran número de
mujeres se resisten a cuestionar prácticas patriarcales ancestrales que las
subordinan y oprimen por temor a la acusación de los compañeros de estar
dividiendo el movimiento. Es que las
esencias pesan y pesan mucho, exigen a los sujetos tratar de responder a un
determinado modelo, a una forma de ser preconcebida por fuera de la cual no se
es nada lo cual implica que no se existe para nadie. Ser mujer negra desde determinadas
organizaciones del movimiento significa asumir una estética africana por fuera
de la cual se cuestiona el nivel de conciencia étnica. Pero, ¿será esto lo que significa ser mujer
negra hoy en Colombia?
Afirmarse negra, negro, puede adscribirnos a la biología, a
una esencia, lo cual debería ser profundamente cuestionado. Desde el biologismo se han explicado las
subordinaciones y la inequidad entre los seres humanos como fruto natural del
hecho de que haya unas razas superiores.
Pero, afirmarse negra también puede
develar el patrón globalizado de dominación colonial que construyó un
discurso que le permitió dominar y someter basado en una noción biológica como
la raza que atribuyó una inferioridad natural a los pueblos colonizados con lo
que justificó la violencia cometida contra ellos. En efecto raza es una noción
muy problemática, a pesar del acuerdo de que no existen las razas, pervive el
racismo y los cientistas sociales insisten en hablar de raza como una
construcción social, ya no biológica, sin que logren desprenderse a mi modo de
ver del biologismo.
El racismo es una creación del mundo moderno que inferioriza
al otro atribuyéndole un carácter irreductible a su diferencia. Estamos de acuerdo con Gallardo (Ruiz. 1988)
al afirmar que el Racismo es una de las
formas de la conciencia social, de la sensibilidad necesaria y fetichizada del
mundo burgués, o, si se prefiere, del mundo moderno en cuanto este se gesta,
también, mediante la expansión colonial, el Racismo es la categoría que nos
permite entender las relaciones de
exclusión-vinculación-subordinación-enajenación condensadas bajo la forma de
una particular organización capitalista de la existencia. Esto nos permite darle una dimensión
histórica y “en cuanto categoría de análisis de una de las formas necesarias
que debe asumir la dominación mercantil y capitalista, la noción de racismo
trasciende la comprensión de las prácticas racistas y de sus contenidos
particulares y apunta hacia la conceptualización-valoración de la sensibilidad
o “espiritualidad” propias del mundo moderno.
Dicho escuetamente y desde el discurso dominante: en el negro, en el
indio, en las etnias segregadas, no está Dios”.
Declararse “mujer Negra” es redimensionar un término que
permite enfrentar el racismo, lo que no hace el término “afro” que se ha
convertido en un eufemismo que hace creer a muchos que hemos avanzado grandes
pasos porque ya no se nos llama negros sino afros, pero se nos sigue
discriminando igual.[2] Un buen número de la población colombiana
ha asumido el término afro como lo políticamente correcto, un término que
permite que no se sientan avergonzados de su racismo cuando lo pronuncian, por
lo que no necesitan ponerlo en diminutivo como con el término negro o
negra. Es decir, cambiar negro por afro
no ha generado el respeto y el reconocimiento a los cuales consideramos tenemos
derecho, se ha cambiado una palabra pero el imaginario, la sensibilidad o
“espiritualidad” de este mundo moderno
ha seguido intacta.
La identidad de las mujeres negras ha sido fijada desde el
imaginario racista dominante que las homogeniza, con atributos que son producto
del prejuicio racial y que solo existen en la mente de quienes así las
conciben: un cuerpo para el sexo, más cerca de la animalidad
que de la razón. Un cuerpo que fue útero
reproductor, fábrica de esclavos, objeto de uso y abuso para el placer de otros. Es por esto que nacer MUJER NEGRA en la
sociedad colombiana determina un futuro de negación de derechos,
desvalorización y subordinación dado el racismo de una sociedad que no termina
por asumir la pluralidad de los diversos rostros que la conforman a pesar de
que esta pluralidad está reconocida legalmente. Se desconoce que la identidad de las
mujeres negras está definida por una historia de subordinación, exclusión y
resistencia, por lo que es una identidad en permanente reconstrucción. Los
códigos que orientan la dinámica cultural de las mujeres negras no han
sido bien interpretados por muchos de los analistas sociales. La matrifocalidad, por ejemplo, ha sido
definida fundamentalmente por dos factores: “residencia femenina de la
prole y de apoyo en la crianza,
socialización e identificación de esta a través de la parentela de la madre”[3]
y por el hecho de que la mujer sea fuente principal o única de ingresos al
hogar. Pero la matrifocalidad va más
allá. Está definida por que la mujer es
el centro, quien dirige, organiza, socializa, coordina absolutamente todo en el
hogar, independientemente de quien entre el ingreso al hogar. En no pocos hogares los hombres entregan su
salario completo a su compañera quien lo administra e incluso suple las necesidades
más personales de éste como la compra de ropa.
También se da que ante la pregunta: ¿Quién es el jefe de hogar? Tanto
hombres como mujeres contestan que la mujer,[4]
ya que es ella quien toma las decisiones de absolutamente todo en la casa,
incluso de aspectos como prestar o no la herramienta del marido. Estos
ejemplos no niegan la subordinación de género, queremos es superar la visión
victimizada de las mujeres negras.
Se necesitan estudios que incluso cuestionen las categorías
mismas, llenándolas de nuevos contenidos desde la perspectiva de las
comunidades negras, que tomen en cuenta aspectos como el colonialismo y la esclavitud, la marginalidad
histórica, las diferencias culturales, el racismo y la discriminación y la
manera como todo esto, junto con los procesos de resistencia y rebeldía, tanto
de hombres como de mujeres, dieron paso a la construcción de familias y
comunidades. Porque no es cierto que
“En el Pacífico hay una sola manera de ser hombre y una sola manera de ser
mujer”[5]. Tanto para el Pacífico como para el resto
del país existen muchas formas de ser hombres y mujeres negras.
Las y los científicos sociales presentan dificultad para
ampliar sus análisis de forma que trasciendan la perspectiva occidental desde
la cual se estudia y valora a las mujeres negras. Es que “mientras los grupos privilegiados son
neutrales y muestran una subjetividad libre y maleable, los grupos excluidos
están marcados con una esencia, encerrada en un conjunto dado de posibilidades.
[ ] En este contexto la diferencia
significa siempre alteridad absoluta; el grupo señalado como lo diferente no
tiene una naturaleza común con los otros grupos neutrales o normales. La oposición categórica de los grupos los
esencializa, reprimiendo las diferencias dentro de los grupos.”
(Young.2000:286)
Lo que se ha dicho
sobre las mujeres negras, principalmente las de las zonas rurales del Pacífico,
está referido sobre todo a la familia y al sistema de parentesco, por lo que se
las ha considerado especialmente en su papel de madres y esposas. La
visibilidad de la mujer negra ha estado referida o lo estuvo en un primer
momento, a su papel de matrona en la familia extensa. Esta posición de las mujeres en el hogar ha
dado origen a otra visión esencialista sobre las mujeres negras, la mujer negra
como “matrona”.
La preocupación por la diversidad ha introducido algunas
investigaciones sobre la relación mujer negra y recursos naturales que corre el
riesgo de convertir a las mujeres negras en las guardianas de la naturaleza por
excelencia, cargándolas con un nuevo esencialismo.
Para las agencias y los agentes del desarrollo[6],
entre ellos un buen número de mujeres feministas y de antropólogas y
antropólogas, las mujeres negras son pobres, jefes de hogar, sometidas,
atrasadas, analfabetas, portadoras de una sexualidad incontrolable que se
expresa en numerosas preñeces, etc, etc, etc, es decir, un sector vulnerable
que necesita ser intervenido. Estos
análisis carecen de una perspectiva histórica y se hacen desde los centros
hegemónicos de poder.
Como ejemplo puedo citar lo que sucedió en un foro sobre
pobreza y desarrollo en el Pacífico organizado por el programa de sociología de
No se reconoce que la pobreza en Buenaventura y en todo el
Pacífico es el resultado de la
expropiación de tierras y recursos que pertenecían a la población negra. “Los
pobres no son pobres por ser vagos o porque sus gobiernos sean corruptos. Son pobres porque otros se han apropiado de su
riqueza, destruyendo su capacidad para
crearla”[7]. Gran parte de la riqueza de Antioquia, Valle
y Cauca fue producida por la explotación de la mano de obra negra en la minería
del Pacífico.[8] Es por esto que ahora resulta absurda una
política que pretende erradicar la pobreza de Buenaventura y del Pacífico
“dando” una ínfima parte de lo que se han llevado y continúan llevándose. Este programa, que responde a los objetivos
del Milenio acordados por los jefes de Estado en Nueva York en el 2000, quienes
se pusieron de acuerdo en la erradicación de la pobreza y a favor del
desarrollo, solo hará más pobre y dependiente a la población negra, pues está
inscrito en la misma lógica del desarrollo que privilegia el crecimiento
económico, que es producción de riqueza para unos pocos y de pobreza para las
mayorías.
Erradicar la pobreza solo será posible cuando se deje de
robar a los pobres sus tierras, sus recursos y sus medios de vida, es decir
cuando se logre superar la lógica del desarrollo. Erradicar la pobreza exige de una
redistribución económica que permita una vida digna para todos y todas y cada
uno y cada una de quienes habitamos la nación colombiana. Erradicar la pobreza
exige poner fin al genocidio y al ecocidio que se está llevando a cabo en el
Pacífico colombiano.
La economía de las comunidades negras del Pacífico, por más
de trescientos años, fue una economía que satisfacía las necesidades básicas
mediante el autoaprovisionamiento, lo que de ninguna manera podía calificarlos
como pobres en el sentido carencial del término. Dice Vandana Shiva que “es útil separar un
concepto cultural de una vida simple y sostenible entendida como pobreza, de la
experiencia material de la pobreza como resultado del desposeimiento y la
carencia.”[9] Añade además que “la ideología del desarrollo
los declara pobres por no participar de forma predominante en la economía del
mercado, y por no consumir bienes producidos en el mercado mundial y
distribuidos por él, incluso aunque puedan estar satisfaciendo las mismas
necesidades mediante mecanismos de autoaprovisionamiento. [ ] La subsistencia
percibida culturalmente como pobreza no implica necesariamente una baja calidad
de vida física. Por el contrario, porque
las economías de subsistencia contribuyen al crecimiento de la economía de la
naturaleza y de la economía social, aseguran una elevada calidad de vida en
términos de alimentos y agua, sostenibilidad de los medios de vida, y una
robusta identidad y significado social
y cultural”[10]
Desde la década del ochenta, cuando se planea y ejecuta el
primer plan de desarrollo para
El informe sobre municipios de Colombia del 2005 del PNUD
identificó a la región del Pacífico como la más pobre del país y la única que
en lugar de crecer en los últimos años, retrocedió. Este ya debería ser un indicador de que todos
los planes, programas y proyectos impulsados con el propósito de sacar al
Pacífico de la pobreza fracasaron. Y no
solo fracasaron sino que son los directos responsables del empobrecimiento
acelerado de la región durante los últimos 20 años. El Pacífico es una región empobrecida
sistemáticamente.
Las organizaciones
de mujeres negras
Toda esta intervención desarrollista se acompañó de
programas para la mujer negra. Nunca
como en los últimos 20 años se dio tal proliferación de organizaciones de
mujeres por todo el Pacífico. Los
espacios organizativos de mujeres en todo el Pacífico estuvieron impulsados
inicialmente por el Programa Mujer de PLADEICOP, cofinanciado por
En Buenaventura, en 1993, mediante la política de
Es tal vez el origen institucional de estas organizaciones
de mujeres que no permiten el florecimiento de temas como, por ejemplo, la
subordinación de género, la sexualidad, la violencia intrafamiliar, el abuso
contra niños y niñas. Estos temas
todavía no son objeto de reflexión política, lo que nos permite afirmar que no
son organizaciones feministas y ni pretenden serlo. Se trata de organizaciones que surgen en el
marco de los programas de Mujer y Desarrollo que buscan integrar las mujeres a
las políticas del desarrollo. Para algunas autoras esto no es más que la
modernización del patriarcado dado que no se cuestionan las relaciones de
género por lo que estos proyectos terminan imponiendo sobre las mujeres nuevas
cargas. Esta puede ser la razón para que
en la agenda del movimiento social de comunidades negras no se haya posicionado
la cuestión de género desde una perspectiva feminista. Hay intentos de adecuar y llenar de contenido
propio la categoría género, pero todavía son voces en el desierto.
En 1993 se decidió la
conformación de “la red de mujeres negras del Pacífico, como la expresión
política organizativa propia. Los
objetivos planteados están dirigidos a lograr la comunicación y lazos de
solidaridad entre las distintas organizaciones de mujeres y las mixtas, luchar
por el reconocimiento y aplicación de nuestros derechos étnicos y de género,
estudiar la realidad de las necesidades de las mujeres y sensibilizarlas en el
manejo y uso sostenible de la naturaleza, trabajar por la defensa del
territorio, así como contribuir al crecimiento del Movimiento Negro y el
Movimiento Social de Mujeres de Colombia.”[11] Aparece dentro de los objetivos de
Estas afirmaciones hacen
parte del discurso de un sector del movimiento social de comunidades negras que
ha enfatizado la reivindicación de la diferencia sobre la del combate al
racismo, en un intento por evitar la tendencia reactiva y defensiva de la
sociedad colombiana ante la acusación de racista[14]. Pero podemos preguntarnos siguiendo a Nancy
Fraser ¿Cuál es la diferencia que quiere ser reivindicada? En el debate que sostiene Nancy Fraser con
Iris Young, ante la defensa a ultranza de la diferencia que hace Young, Fraser
sostiene que una reivindicación de la diferencia por la diferencia puede no
solo ser reformista sino contraproducente en términos de la justicia que quiere
lograrse para los grupos oprimidos. Dice
Fraser que es necesario hacer una distinción entre los distintos tipos de
diferencias ya que no todas merecen ser celebradas. Plantea una política de la diferencia más
diferenciada. Es decir, no se puede
pedir que las diferencias sean todas amparadas, protegidas, respetadas,
validadas, porque hay unas que al hacer esto con ellas, no solo no se superaría
la opresión sino que significaría su fortalecimiento al promover precisamente
aquellas especificidades que le dan origen como sucede con la clase, la “raza”
y el género. Lo que hay que hacer
entonces es diferenciar; cuando la diferencia es un artefacto de la opresión,
debe ser eliminada, hay diferencias que deberían ser universalizadas y unas
terceras que si merecen ser celebradas.
Esta concepción matizada de la diferencia, dice Fraser, puede ayudar a
“identificar y defender únicamente aquellas versiones de la política de la
diferencia que se integren coherentemente con la política de la
redistribución. [ ] La tarea es integrar los ideales igualitarios
del paradigma de la redistribución con aquellos que sean auténticamente
emancipatorios en el paradigma del reconocimiento.” (Fraser.1977)[15]
Volviendo a las organizaciones, desde 1990 empezó a
gestarse la red de mujeres afrocolombianas.
En Pereira, en el mes de mayo del 2000, la directiva nacional del
Movimiento Nacional Cimarrón, “se planteó la necesidad de fortalecer el proceso
de las mujeres”[16] planteándose una asamblea nacional de mujeres
que se llevó a cabo en diciembre del 7 al 9 de diciembre del 2000
constituyéndose allí la red con 14 coordinadoras nacionales. Esta red se plantea como misión “la
participación, organización y desarrollo de las mujeres afrocolombianas, a
través de la comunicación permanente y difusión y defensa de sus derechos,
basados en los principios de unidad y solidaridad.” (Plegable).
La visión plantea el posicionamiento de la red a nivel
nacional e internacional “que marque las pautas en la solución de problemas
sociales, económicos y políticos; aglutine todas las expresiones organizativas
de las mujeres afrocolombianas.”
Como puede apreciarse, aunque los espacios organizativos se
han multiplicado en las últimas dos décadas, muy pocos articulan en verdad una
perspectiva de género, más allá de lo meramente nominal y que se comprometa
realmente con procesos emancipatorios para las mujeres negras. Sin embargo la participación de las mujeres
negras en las movilizaciones hacia la búsqueda de una curul para un
representante de la población negra en
Nadie parece cuestionarse la eficacia real de estos
programas en términos de la superación de la condición subordinada social y de
género de las mujeres negras.
Simplemente se les asume con la esperanza de encontrar financiación para
algún pequeño proyecto productivo. Estos
proyectos llegan de la mano de mujeres blancas feministas que tampoco los
cuestionan. Más bien los promueven con
mucha vehemencia. En un ambiente tan
generalizado de pobreza estas políticas de mujer son vistas, por individuos
como por organizaciones, como una posibilidad de financiación de sus proyectos. Y suele pasar que la disputa entre
organizaciones por los recursos termina fragmentando más el débil proceso
organizativo de las comunidades negras.
Este es un valor agregado de estas políticas que no se si será del todo
consciente para los agentes del desarrollo.
Dice Álvarez que “la “feminización” del desarrollo ha despolitizado
considerablemente la acción colectiva relacionada con asuntos de mujeres y
género, dado el hecho que las movilizaciones de base caen en la
burocratización, convirtiéndose en parte de prácticas hegemónicas discursivas.”
(Álvarez. 2000: 284)[17]
Las principales banderas de lucha de las organizaciones de
mujeres negras constituidas a lo largo de estas décadas han sido las señaladas
por las entidades del desarrollo: autoestima, generación de ingresos, identidad
étnica y de género, asistencia técnica, familia, salud, medicina
tradicional. Estos grupos u
organizaciones, debido a su carácter institucionalizado, carecen de un proyecto
político como mujeres negras. El combate
al racismo, por ejemplo, no aparece dentro de las agendas de estas organizaciones. Mucho menos encontramos cuestionamientos al
orden social ni a procesos como la globalización y la economía neoliberal que
acrecientan la feminización y la racialización de la pobreza. Los temas son los que tradicionalmente han
propuesto los organismos de cooperación y los agentes de desarrollo, como se
mencionó antes.
Hace poco, organizaciones urbanas de mujeres negras
empiezan a reconocer cómo el racismo profundiza las desigualdades sociales
entre las mujeres. Un tema que no quería
ser tratado pues la sola búsqueda del reconocimiento de derechos para las
comunidades negras ha sido interpretado por muchos como un proyecto racista,
peor si se habla de racismo. Las
propuestas de las organizaciones de mujeres negras se han quedado en los
intereses prácticos de género, es decir los ligados a la “reproducción” sin que
todavía se trascienda a los intereses estratégicos de género, es decir los que
cuestionan la subordinación[18]. Se necesitan estudios de campo con las
mujeres negras populares, campesinas, que nos permitan conocer como están ellas
desde su lucha por la sobrevivencia produciendo también importantes
transformaciones culturales que no alcanzan a ser captadas por las
organizaciones surgidas de la intervención desarrollista y que ofrezcan una visión
no victimizada de estas mujeres; que más bien reconozcan que en los procesos de
resistencia se generan modos de vida alternativos que se constituyen, además de
aportes a una nueva sociedad, en condición de posibilidad para el ejercicio de
la autonomía y la autenticidad grupal e individual.
Existe un vacío en el conocimiento de la realidad de las
mujeres negras, el cual es determinante para los procesos organizativos de
comunidades negras, así como para la búsqueda de la implementación de políticas
de estado acordes con estas realidades.
Se requiere entonces enriquecer
la reflexión y el conocimiento de la mujer negra como sujeto social y
político, a partir del desarrollo de investigaciones que aporten nuevos
elementos que nos acerquen al conocimiento de sus identidades desde sus
múltiples realidades y permitan romper el esencialismo y tomar distancia del
discurso colonial desarrollista.
Las mujeres negras colombianas estamos todavía en la
búsqueda de nuestro camino de la autodeterminación política, caminamos lento
pero caminamos hacia nuestra constitución como sujetas históricas que tienen
derecho a autodeterminarse. Las mujeres
negras nos empoderaremos cuando definamos nosotras mismas nuestra objetividad y
subjetividad. Necesitamos
reinterpretarlo todo.
Comunidades negras
y mujeres negras.
Pero ¿constituyen los negros una cultura? Hoy en día esta
pregunta no se discute. Mejor dicho, la pregunta se ha mejorado. La cuestión ahora es ¿se es una o
varias? Ya no se trata de la discusión
de principios de los noventa que de parte de las organizaciones negras buscaba
reconocimiento, dentro de las ciencias sociales y el Estado, de la población negra como grupo étnico con
derechos específicos. Finalmente la
antropología hizo un reconocimiento de lo negro como un hecho cultural propio
después de que la ley de la abolición de la esclavitud de 1851 invisibilizara a
los negros y a las negras en la ciudadanía.
Esta invisibilidad permitió la negación de derechos como grupo
étnico. “El hecho de haber participado
activamente en los procesos de blanqueamiento genético y cultural y algunos
grupos haber accedido a la vida urbana en estrategia de sobrevivencia y de
participación en el país, se interpreta (tó) como un ingreso incuestionado en
ámbitos de clase social y desvinculados de cualquiera condición étnica.”[19]
Al respecto nos dice Wade que la población negra se ha
movido entre la inclusión y la exclusión: lo negro puede definir identidad pero
también es usado para discriminar y el negro y la negra son incluidos en la
masa de la población mestiza de la nación.
Afirma el autor, que lo que no ha habido es una institucionalización de
la identidad del negro como si la ha habido del indígena. (Wade. 1993:174). Para las ciencias sociales los negros
tardaron como pueblos en cumplir con los atributos requeridos de otridad que
permitieran hacer su situación visible ante los investigadores sociales y ante
el estado.
Largamente se ha discutido en este país acerca de la
identidad de los afrodescendientes, no solo la mayoría de los políticos que
conformaron
En esos momentos cuando se trataba de reglamentar el AT 55
la preocupación de los dirigentes de las organizaciones era defender una
identidad de las comunidades negras de la nación que permitiera el
reconocimiento de unos derechos específicos.
Se trataba de “establecer ante el Estado cómo son las comunidades negras
y de qué forma debe respetárseles”.[21] La preocupación por la identidad única de las
comunidades negras[22]
suponía la búsqueda de elementos comunes a todos los grupos, rasgos comunes que
pudieran identificarse como elementos culturales propios de las CN que
permitieran diferenciarla de otras étnias o grupos sociales.
La discusión actual es la consideración de la población
negra del conjunto de la nación como un grupo étnico. “El problema aquí es tratar el concepto de
“etnicidad” como si tuviera un carácter binario: o la gente es un grupo étnico
o no lo es. Pero el estudio de la etnicidad
ha demostrado que la identidad étnica no es una sola cosa, sino que varía en
los contextos sociales y políticos.”[23]
Esto nos está diciendo que la identidad étnica negra no es homogénea, aunque
así lo hayan pretendido las organizaciones cuando se luchaba por la obtención
de un reconocimiento legal y como también lo han pretendido un buen número de
antropólogos y antropólogas que además de empeñarse en ver huellas de africanía
por toda parte insisten en que las comunidades negras poseen los mismos
patrones culturales en todo el país, construyendo a las comunidades negras como
un ente homogéneo.
La comunidad negra colombiana ha sito tipificada[24] de
acuerdo a sus características culturales como: etnicoterritoriales, urbanas,
interandinas, caribeñas, colonizadoras y
raizales del archipiélago de San Andrés y Providencia. Las mismas organizaciones negras reconocen
hoy día que para hablar de unidad es necesario hacer un reconocimiento de la
diversidad “interna”.
Las etnicoterritoriales son las ubicadas en la región
Pacífica y que poseen una relación especial con el territorio. Constituyen minorías orgánicas que se ocupan
en su mayoría de actividades primarias como la minería, la pesca, la
agricultura y la extracción de madera.
Ya se mencionó la avalancha de proyectos desarrollistas que enfrenta la
región desde los años ochenta y como las mujeres han sido objeto privilegiado
de estas políticas que han colocado sobre sus hombros programas como salud y
nutrición, atención a los niños, mejoramiento de la vivienda y otras múltiples
responsabilidades relativas al desarrollo social local lo que las ha llevado a
tomar la iniciativa en diversas acciones de mejoramiento comunitario sumándole
a sus roles domésticos y productivos no remunerados, con bajo desarrollo
productivo, la iniciativa en diversas acciones de mejoramiento comunitario. Las condiciones de vida en la región
representadas en un alto porcentaje de hogares que cocinan con leña u otros
desechos, la dificultad para acceder a servicios básicos como agua potable,
hacen más difícil la vida de las mujeres quienes son las responsables de las
tareas del hogar.
Las urbanas, constituyen actualmente, de acuerdo con
los datos del último censo, la mayoría de la población negra del país ubicada
en las grandes ciudades (Cali, Medellín, Bogotá, Cartagena, Barranquilla). Un buen número de esta población todavía
mantiene estrechos vínculos parentales y culturales con las poblaciones
etnicoterritoriales, sin embargo han desarrollado culturas citadinas con rasgos
propios. Muchas de estas personas
migraron hace varias décadas en busca de mejores condiciones de vida, en los
últimos 10 años han llegado masivamente a la ciudad huyendo de la violencia
protagonizada por quienes pretenden apropiarse de sus territorios para cultivos
ilícitos como
Las ocupaciones fundamentales de los hombres negros en
la ciudad son como mano de obra en la construcción, la vigilancia y el sector
informal de la economía. Las mujeres
negras se ocupan principalmente como trabajadoras del hogar y vendedoras
ambulantes, ambos oficios de baja remuneración y sin seguridad social de
ninguna clase. Una de las razones de su
dedicación al trabajo informal es porque este tipo de trabajo requiere de una inversión
mínima de capital, tienen acceso a materia prima como fruta y pescado y se
constituye en su única oportunidad cuando todas las oportunidades del sector
formal están cerradas, incluso las del trabajo doméstico ya que es frecuente
que las empleadoras las prefieran indígenas ya que aseguran éstas son más
dóciles, en cambio “las negras son muy jodidas”.
Las interandinas son las que están asentadas en zonas
propias de los valles, piedemontes y colinas de los Andes colombianos. Se pueden nombrar asentamientos como
Barrancabermeja, Puerto Berrío, Puerto Nare, ciudades intermedias de
importancia nacional, por su carácter industrial petrolero, cementero y de
explotación extensiva de ganado vacuno en donde la población es
mayoritariamente afrocolombiana. En esta región tradicionalmente golpeada por
la violencia los afrocolombianos y las afrocolombianas se han destacado como
dirigentes sociales y sindicales. Las caribeñas constituyen un alto porcentaje
de la población del litoral Atlántico y que por sus antecedentes etnohistóricos
en esta región costeña, evidencian una etnicidad afrocolombiana muy ligada a la
cultura del área del Caribe. Está
representado por un número importante de trabajadores agrícolas vinculados a la
explotación del banano, el arroz, la palma africana y la ganadería extensiva,
un reducido número de minifundistas y pescadores. Las colonizadoras hace referencia a grupos de
afrocolombianos que por diversas circunstancias han migrado y poblado nuevos
territorios como es el caso de asentamientos de campesinos negros de
Esta diversidad étnico/racial de la
población negra colombiana define, también, unos intereses, necesidades y
expectativas diversas frente al estado que se concretan en diversidad de
propuestas de las organizaciones negras que van desde planteamientos de extrema
izquierda hasta los de extrema derecha, algunos autónomos, otros aun ligados a
los partidos tradicionales.
La opresión tiene
muchos rostros
Asumo el término opresión en el sentido en que lo
redimensiona Young, el cual clasifica en cinco partes: la explotación, la marginación, la carencia de poder, el imperialismo
cultural y la violencia (Young.2000: 21).
La marginación es la exclusión
del sistema de trabajo por que no se necesita a la persona o porque no se la
quiere emplear. La marginación es vivida por quienes no hacen parte del sistema
laboral, están excluidos porque no son necesarios o porque no quieren ser
tomados en cuenta debido a alguna condición especial como la fenotípica sin
desconocer otras como la edad, una situación de discapacidad, etc. Es usual ver jóvenes negros y negras, en una
edad en que podrían estar desarrollando todo su potencial humano, jalando una
carreta llena de frutas, un platón con chontaduro o mango viche o vendiendo
frutas, limpiando vidrios o haciendo malabares en un semáforo. No falta quien afirme que “el trabajo no es
deshonra”. Pero hay que tener presente,
según nos dice Young que “la división jerárquica del trabajo, que lo clasifique
según se trate de tareas de definición o de tareas de ejecución, instaura la
dominación y produce o refuerza al menos tres formas de opresión: explotación,
carencia de poder e imperialismo cultural” (Young.2000:27)
Hacer justicia a los grupos oprimidos como las mujeres
negras pasa por la transformación de la división del trabajo, no se trata solo
de mejorar las condiciones laborales y salariales que explotan su mano de obra
barata sino y fundamentalmente, de eliminar los privilegios que permiten que un
grupo social, debido a su clase y a su fenotipo, tengan la formación
especializada que les permite desarrollar sus capacidades y otros grupos
no. La marginación es una de las más
oprobiosas opresiones pues causa numerosas privaciones que deberían ser
suplidas con un salario digno.
Es usual que las niñas desde muy temprana edad
abandonen la escuela debido a que tienen que cuidar a sus hermanitos
menores. Estas niñas sin educación, sin
mayores oportunidades en la vida, están destinadas a ser madres adolescentes,
confirmando el estereotipo racista de que “las negras son arrechas desde
chiquitas”[25]. Ser arrecha significa ser calientes (andar
con uno y otro) y buenas para la cama.
Una empleada del hogar le escucha decir a su patrona que “las mujeres
que andan como negras con uno y con otro merecen que las maten”.[26] Este estereotipo persigue a las mujeres
negras donde vayan, como trabajadoras del hogar suelen ser acosadas sexualmente
y hasta violadas por los patrones, pero lo mismo pasa en otros espacios,
independiente del estrato social o del nivel académico. Cuando trabajé como asesora en el Ministerio
del Interior, un empleado de carrera administrativa me decía con expresión
suplicante: “yo nunca he hecho el amor con una negra”. No se trataba de enamorarme ni de seducirme,
solo de pedirme el favor de vivir la experiencia de tener sexo con una
negra.
Las mujeres que habitan los sectores más pobres de las
grandes ciudades son madres que se enfrentan a la doble preocupación por sus
hijos varones, cuando estos, sin oportunidades de educación y de trabajo, salen
a la calle al “rebusque”. Una madre
manifestaba que se angustiaba no solo por lo que a su hijo pudiera pasarle en
la calle sino también por el daño que el pudiera causar a otras personas. Si señaláramos en un mapa de la ciudad, la
ubicación de la población negra, nos daríamos cuenta que su ubicación coincide
de manera perfecta con los sectores más empobrecidos y marginales, con poca o
nula presencia de servicios públicos y espacios de bienestar. Pensar la ciudad
exige tomar en cuenta las desigualdades sociales en ella presentes.[27]
Es necesario enfatizar en las condiciones de la
población desplazada pues no resulta ser una población urbana más. Estudios realizados con población desplazada
constatan el profundo deterioro de la calidad de vida de estas familias, por
ejemplo antes del desplazamiento el 100% de las familias habitaban en casa
propia mientras que ya en la ciudad es mínimo el porcentaje que tiene esa
posibilidad, la mayoría viven en arrendamiento y en hacinamiento y aún otros en
la calle. Ahora bien la mayoría de estos
hogares no solo poseían vivienda propia sino tierras, de las cuales la mayoría
también poseía un título de propiedad, tierras dedicadas a la agricultura que a
pesar de los títulos de propiedad no se recuperan. En un estudio hecho por AFRODES encontraron
que el 33% de los hogares de afrodescendientes en situación de desplazamiento,
tienen jefatura femenina y un 77% no
cuentan con ningún tipo de seguridad social.
La
explotación, otra de las caras de la opresión, según Young, está definida como una
relación estructural entre los grupos sociales en la cual unas personas se
apropian del trabajo de otras. No se
trata únicamente de la diferencia entre ricos y pobres; “es un proceso
sistemático en el cual las energías de las personas desposeídas se dedican por
completo a mantener el poder, categoría y riqueza de las personas poseedoras”.
Como sucede con el trabajo doméstico de las mujeres negras en los hogares de
otras mujeres. La autorrealización, el desarrollo personal, el ejercicio de la
autonomía de las mujeres blancas es posible porque las mujeres negras y otras
mujeres pobres, trabajan para ellas.
Esto que hacen las mujeres negras para las mujeres blancas también lo
hacen en sus propios hogares y ahí los beneficiarios de su trabajo son los
hombres. Aquí se hace evidente una doble
explotación de la mujer negra. Pero no
es solo el trabajo doméstico, en general los trabajos del sector servicio están
destinados a la población negra. Ya ha
sido suficientemente denunciado y documentado el hecho de que la población
negra ocupe, por ejemplo en los bancos, los empleos denominados “varios” que
son los dedicados al servicio. Young
afirma que “estos trabajos [botones, camarera, conductor, portero, sirvienta]
conllevan una transferencia de energía a través de la cual los servidores refuerzan
la categoría de los servidos.”(92).
Existe un refrán que refuerza el
patrón cultural de que las mujeres negras están destinadas a la servidumbre:
“la negra para limpiar, la mulata para la cama y la blanca para esposa”.
Carencia
de poder o indefensión. Esta opresión
se expresa en el hecho de estar sujeto a las órdenes de otro sin poder darlas
nunca. En estar sometido al irrespeto
como sucede con las mujeres negras como trabajadoras del hogar que cuando
cometen algún error el reproche siempre incluye su condición étnico/racial:
“negra tenía que ser para ser tan bruta”.
En general se trata de que las personas no tienen el control sobre su
vida ni respetabilidad ninguna. Las
personas negras no son tratadas de manera deferente hasta que su interlocutor
no descubre que lo merecen. Si una mujer
negra vive en un estrato 5 será tomada como una empleada del hogar hasta que se
descubra que no lo es.
El
imperialismo cultural significa “experimentar cómo los rasgos dominantes de
la sociedad vuelven invisible la perspectiva particular de nuestro propio grupo
al tiempo que estereotipan nuestro grupo y lo señalan como el otro”.
(Young.2000:103) Se trata de que “los
grupos dominantes proyectan sus propias experiencias como representativas de la
humanidad como tal”. (Ibid) Suele ocurrir, para continuar con la reflexión
sobre la vida de las mujeres negras en la ciudad como trabajadoras del hogar,
que se vean forzadas a modificar su manera de hablar y de vestir para evitar
las burlas y responder de manera adecuada a su nuevo medio. Es una opresión que pretende eliminar la
diferencia cultural. Ocurre con las
empleadas del hogar que no solo modifican su comportamiento cultural “sino que
asume dicho cambio como un mejoramiento para su vida y por ende entra a considerar
su inicial comportamiento como atrasado o equivocado, como producto de la falta
de educación y ridículo (visto en personas de su misma raza y comunidad de
origen)”[28]
Finalmente, la quinta y última cara de la opresión es la violencia “definida como la
susceptibilidad a ser objeto de ataques sistemáticos, aunque aleatorios,
irracionales, motivados inconscientemente y socialmente tolerados, contra las
personas y la propiedad de los miembros de grupos sociales. Esto incluye los ataques físicos, por supuesto,
pero también el acoso, la intimidación y la ridiculización”. (Fraser. 1997:
264).
CONCLUSION
Este ha sido un comienzo en el camino
necesario de emprender la tarea de la deconstrucción de los discursos sobre las
mujeres negras.
Es desde las diferencias
que podemos buscar elementos articuladores que potencien tanto el movimiento
feminista como el movimiento social en general.
Falta análisis y
reflexión teórica que nos dificulta definir quienes somos las mujeres negras,
si bien en la última década se han multiplicado los espacios solo de mujeres
muy pocos articulan la perspectiva de género.
Estos espacios han respondido más a las dinámicas institucionales del
desarrollo que a los intereses de las mujeres negras, los planteamientos desde
estos espacios no cuestionan las estructuras sociales ni los contextos institucionales
(Young. 2000:40). Se deja, pues, intacto
el poder ya que no aparecen cuestionamientos a la división del trabajo por
géneros.
La apuesta ahora debe ser por la construcción de la
población negra como un actor colectiva[29]
que reconoce a su interior la diversidad de sujetos y sujetas que buscan
emanciparse tanto de sus opresiones particulares por condición de género, edad,
orientación sexual, situación de discapacidad, etc, así como de las que se
comparten colectivamente como la subordinación de clase y la
étnico/racial. Un actor colectiva que se
moviliza junto a otras y otros actores sociales con el firme propósito de
transformar la realidad local y global.
BIBLIOGRAFIA
Fraser, Nancy. Iustitia Interrupta: reflexiones críticas
desde la posición “postsocialista”.
Siglo del Hombre Editores, Universidad de los Andes. Facultad de
Derecho, Bogotá: 1997
Young, Iris Marion. La justicia y la política de la
diferencia. Ediciones cátedra. Universidad de Valencia, Instituto de
[1] (Pág. 279)
[2] Por ejemplo, en los medios de comunicación ya no se dice “el
delincuente era un negro…” , el avance consiste en afirmar ahora “el
delincuente era un afrocolombiano…”, y la adscripción étnico/racial no se
menciona para ningún otro grupo de población.
[3] Motta, Nancy. Enfoque de género
en el litoral Pacífico colombiano. Nueva
estrategia para el desarrollo. Universidad del Valle, Editorial facultad de
Humanidades. Cali: 1995. Pág.
23
[4] Este comentario se lo debo a Danelly Estupiñán, del Proceso de
Comunidades Negras (PCN), quien trabajó en un sondeo en el barrio Matía Mulumba
de Buenaventura, en donde la pregunta por la jefatura del hogar resultó
controvertida.
[5] Motta. Nancy. Op. Cit. Päg. 43
[6] Para una discusión a fondo de la noción de Desarrollo, véase la obra de
Arturo Escobar quien cuestiona las premisas epistemológicas y políticas de esta
noción, así como el resultado de sus intervenciones. Para Escobar el Desarrollo es parte de un
régimen de verdad y disciplinamiento que se expresa en prácticas y políticas
sociales que construyen determinados discursos sobre la realidad de los pueblos
pobres del mundo con el propósito de intervenirlos y así afianzar el dominio
capitalista sobre ellos. Una de las
ideas más originales de Escobar es su análisis del Desarrollo como discurso
producido históricamente.
[7] Shiva, Vandana. Cómo poner fin
a la pobreza. Revista PASOS. No. 124, marzo-abril. San José, Costa Rica. Segunda Epoca 2006. Pág. 7
[8] “El negro, llegado como esclavo e instrumento
para la obtención del oro, y organizado en cuadrillas, fue ocupando el espacio
del que había sido desplazado el indígena.
Así, aunque sometido y marginado, fue constituyéndose en el grupo humano
predominante en el Chocó” y en todo el Pacífico, desde finales del siglo
XVII. “De esta manera se estableció una
economía en la que el Chocó, como enclave minero, produjo el máximo mineral que
la inversión en fuerza de trabajo y baja tecnología permitían, para recibir en
cambio abastecimientos estrictamente necesarios para la subsistencia. De esta manera, las riquezas naturales y los
esclavos negros del Chocó, engendraron su pobreza al tiempo que alimentaban la
opulencia de los propietarios de minas avencidados en el cordón de ciudades
interandinas que, como Popayán, Cali, Buga y Cartago, constituían el eje de la
administración colonial.” (Zuluaga. 1995. Pág.55. Cuadrillas mineras y familias de esclavos en
las minas de Novita (Chocò, Colombia).
Siglo XVIII. America negra No. 10
)
[9] Ibid. Pág. 6. Hablando de las
distintas pobrezas dice Shiva que “la pobreza de un billón de personas
hambrientas y de un billón de personas deficientemente alimentadas, víctimas de
la obesidad, adolece tanto de pobreza material como cultural” y también que “la
pobreza económica es solo una de las formas de la pobreza. La pobreza cultural, la pobreza ética, la
pobreza ecológica, la pobreza espiritual son otras formas de pobreza con mayor
prevalencia en el así denominado rico Norte, que en el Sur, denominado
pobre. Y estas otras pobrezas no se
pueden borrar con dólares. Necesitan
compasión y justicia, cuidados y formas de compartir.” Ibid. Pág. 7
[10]
Ibid. Pág. 6. Las comunidades negras
tienden a ser presentadas como economías de subsistencia con una interacción
limitada con otros sectores de la economía, si bien esto es cierto hacia el
interior de las comunidades, lo es también el hecho de que los pueblos negros
han sido integrados a la economía global, desde hace siglos, pero en una
situación de desventaja a través del saqueo de los recursos de sus tierras y de
la provisión de mano de obra esclavizada y barata.
[11] Red de mujeres negras del Pacífico: tejiendo procesos organizativos
autónomos. En: Revista Estero. Año 5, No. 9. Medellín, febrero de 1997.
[12] Revista Esteros No. 9, febrero de 1997. Mujeres negras e indígenas definiendo
futuro.
[13] Ibid. Pág. 40.
[14]
Profundizar en este análisis es parte de mi trabajo de grado para optar el
título de magíster en filosofía política de
[15] Para
Fraser la mejor manera de hacer justicia a los grupos oprimidos es la diada
redistribución económica y reconocimiento.
Para lo primero se plantea el socialismo y para lo segundo la
deconstrucción en lo cultural-simbólico.
Para una ampliación de esta propuesta y del debate Fraser – Young
ver: Fraser. 1997, Young. 2000
[16] Plegable de la red
[17] En
el segundo semestre de 1996 gestioné ante la entonces Dirección Nacional para
[18] Esta
diferencia entre necesidades prácticas e intereses estratégicos ha sido
bastante cuestionada. Se dice que
trabajar sobre las necesidades prácticas de las mujeres contribuye a mejorar su
situación en términos de sus intereses estratégicos. Sin embargo, si bien esto puede darse, me
parece que si no se toman en cuenta las diversas subordinaciones que las
mujeres negras enfrentan, los proyectos del desarrollo lo que terminan es imponiendo sobre las mujeres
nuevas cargas.
[19] Friedemann. Nina. Negros en Colombia:
identidad e invisibilidad En: América
Negra. No. 3. Pontificia Universidad
Javeriana. Bogotá. 1992. Pág. 28.
Paréntesis propio.
[20]
[21] (América Negra. No. 6. Acta No.
2 de
[22] “Comunidad negra. es el conjunto de familias de ascendencia afrocolombiana
que poseen una cultura propia, comparten una historia y tienen sus propias
tradiciones y costumbres dentro de la relación campo-poblado, que revelan y
conservan conciencia de identidad que las distinguen de otros grupos étnicos.” Ley 70 de 1993.
[23] Wade. América Negra,
Pág. 186
[24] La tipificación ha sito tomada de un documento del PCN.
[25] Esto le decía una patrona a su trabajadora del hogar, según me relató
la mujer trabajadora.
[26]
Testimonio recogido en el trabajo de grado para optar el título de trabajadora
social de Luz Mary Baquera titulado: Migración, discriminación, enajenación y
resistencia cultural de la mujer negra del Pacífico como empleada doméstica en
Cali. Universidad del Valle. 1995. Pág. 76
[27] Hace
poco un decreto de la alcaldía prohibió en Cali la circulación de carretillas
de tracción animal por 16 de las 22 comunas de la ciudad. Solo se les permite la circulación en el
oriente de la ciudad, donde se ubica gran parte de la población mas pobre. Podemos estar de acuerdo en que los vehículos de tracción animal deberían desaparecer por consideración
con los animales, pero en este decreto no se trata de la protección de los
animales sino de las políticas segregacionistas que pretenden dividir la ciudad
en zonas diferenciadas por estrato. A
las zonas de estrato alto se pretende restringir la circulación de ciertas
personas consideradas indeseables por su aspecto físico u oficio. En el caso mencionado, se trata además de
entregar a una empresa privada la recolección, disposición y manejo de los
escombros, lo cual será cobrado en las facturas de servicios públicos. Afirma
Young que “los individuos y los colectivos no solo deberían poder hacer lo que
quisieran, sino que deberían poder hacerlo donde
ellos quisieran, en la medida en que su actividad no dañara a otros agentes
o perjudicara su aptitud para desarrollar y ejercer sus capacidades. [ ] El ideal de una vida en la ciudad diferente
significa en principio que la gente no debería tener poder o autoridad para
excluir del territorio público a personas o actividades.” (Young.2000:425)
[28] Baquera, Luz Mary. Op. Cit.
Pág. 83
[29]
Utilizo la expresión “actor colectiva” en una combinación de géneros para no
quedarme en la expresión masculina “actor colectivo” y porque no me gusta como
suena la de “actriz colectiva”, que también resulta excluyente de la
experiencia masculina, prefiero hacer esta combinación mientras encuentro una
expresión más inclusiva para decir lo que quiero decir.

Comentarios
Publicar un comentario