DEL MOVIMIENTO SOCIAL AFROCOLOMBIANO. Por : Rafael Pereachala Aluma
(Elementos para una discusión fraternal entre TOKUMBOS de afroamerica. Reflexiones en torno a la marginalidad del movimiento social afrocolombiano, la carencia de empoderamiento de sus discursos y la no internalizacion de los pueblos de los que surge).
Bogota Junio 262/27 de 2003.
CON EL RETROVISOR HISTORICO PUESTO.
Exceptuando a los escasos afroespañoles que vinieron como socios de la empresa conquistadora, el grueso de los contingentes de origen africano que cruzo el Atlántico, lo hizo en calidad de mano de obra, secuestrada y esclavizada, condenada a trabajo perpetuo.
Así pues, desde el principio, el africano y sus descendientes, producto de la trata, arribaban a las Américas en una relación: Dominantes versus dominados.
La esclavización en América tuvo un ingrediente novedoso en la historia de esta oprobiosa institución: Las victimas pasaron a ser objetos que no tenían ningún poder sobre sus vidas, se les convirtió de personas, a “animales parlantes”, mercancías que podían ser vendidas, regaladas, hipotecadas, empeñadas, alquiladas, etc,. El limite de estos desgraciados, entre animales y cosas, constituye una frontera borrosa; incluso, en algún momento, el “amo” pudo disponer de la vida del sujetado. (Pereachala: 1983).
La iglesia católica y el cristianismo, en general, habían declarado ala esclavización como anticristiana y contranatura. Dieron marcha atrás, acomodándose a los nuevos tiempos, revitalizando la institución que otrora condenaran. Para ello la curia romana acogió al génesis: 9.25, al Pentateuco, etc., para explicarse a la validez de la visión que fundamentaba tal aberración y a la interpretación de Anuncibay, según la cual ella se justificaba pues permitiría, por iba de la cristianización, ascendernos a la escala humana y acceder a Dios; por tanto, eran animales que no poseían alma. Otros mas frontales, como el obispo de Berckeley, negaban la posibilidad que estos seres fueran creaciones divinas. Por eso nos encontramos con que la iglesia romana participo de la trata, en la esclavización y sostuvo distintos zoocriaderos de africanos, que luego exportaba como “ganado humano”, en calidad de mano de obra cristianizada y capacitada como zapateros, albañiles, sastres, herreros, matarifes, etc., “educados” en sitios como la hacienda, hoy por hoy de la presidencia de la Republica, “hato Grande”, “Mesitas Del Colegio” de la congregación “del rosario”, etc.(Mellafe: 1972), fenómeno que se repitió a lo largo de las Américas. Es decir, la iglesia no solo participo del vil negocio, sino que se lucro y parte de su poder econ om ico, es fruto de la sangre, sudor y las lagrimas de los africanos y de los afrocriollos.
LA ETIOLOGÍA DE UNA TRAGEDIA.
“Como convertir a un africano en negro”. (Willie Lynch).
Uno de los proyectos pedagógicos mas exitosos de la historia de la humanidad, a nuestro juicio, es la cita que acompaña este apartado, acu nado por este teórico-pr actico, cuyas tesis fueron ampliamente asumidas por los esclavizadores estadounidenses.
Resumiendo su estrategia “pedagógica”, “domesticadora y dosilizadora”, propendía por romperle la identidad individual y colectiva, el autoestima, avergonzarlo de su historia, de su biotipología, desesperanzarlo, crearle pánico, odio a si mismo, impedirle construir lazos de solidaridad grupal, étnica, de clase, de familia nuclear o extensa, impedir las practicas de etnicidad que se consideraran inconvenientes para la clase esclavizadorista, tales como lengua y religión. Este proyecto tenia por llave maestra mezclar a los africanos de distintas: Culturas, nacionalidades, religiones, jerarquías sociales, religiosas, militares, etc,. Obligabanlos en tales circunstancias a hablar la lengua del opresor correspondiente, apropiándose de esta manera de las lógicas y culturas de los “amos”. He aquí la génesis de la alineación, pues el africano y el afroamericano, si deseaba ser persona, debía dejar de serlo para transformarse en un remedo del “amo”.
“La estrategia pedagógica”, se basaba en la ley del “garrote y la zanahoria”. Así en una cuadrilla minera, la máxima aspiración del sujetado era llegar a ser capataz, lo que le mejoraría, eventualmente, su calidad de vida. Lo que a nuestros tiempos paso como sentencia: “..., no hay peor hacendado que el capataz.”. Para tal logro tenia que demostrar fehacientemente su fidelidad, de tal tenor que la zalamería, era solamente el escalón mas elemental. Una vez “ascendido”, tenia que demostrar su eficiencia elevando la productividad y con ella ganar la confianza del “amo” ausente. Esta practica fue ampliamente ejercitada en el Choco biogeografico colombiano, en los reales de minas y su herencia, es notable aun, como en las llanuras de la costa Atlántica del mismo país, donde a los hacendados y patrones, les llaman “blancos”. En el desarrollo de la misma “pedagogía”, cuando el “amo” visitaba a la cuadrilla, aparecía como el hombre dadivoso, piadoso y cristiano: aliado con el sacerdote, exhortaba a “su hato” a afincar esperanzas en la “otra vida”, -donde todos seremos iguales y las penas del hoy serán las glorias en “la vida eterna”. En resumen, es una mezcla de represión física y psicológica, adobada con esperanzas de salvación cristiana. Se domesticaba a los esclavizados y se procuraba, destruir toda forma de solidaridad social o grupal, privilegiando las expectativas individuales, donde el “sapeo” estaba ala orden del día. Se fomentaba la desconfianza en ellos mismos, estimándose por ideal la imitación del “amo”, o “estar bien con el”, los hermanos de tragedia, eran sus grandes competidores, sus “enemigos mortales”. Quedábamos, pues, como los cangrejos: Los de abajo derribando a los de arriba, en sus intentos por salir del hueco común.
Quienes optaban por la resistencia activa: Kilombolas, apalencados, cimarrones, huidores, levantiscos, etc., recibían castigos, que iban del escarnio publico, como colocarles grillos, grilletes, gargantillas, pesos, etc., que dificultaran su locomoción. Ponerles de rodillas en granos de sal gema, con un tronco sobre sus hombros, cual crucifixión, en las puertas que dan a las calles, cuando eran niños.
A los “huidores” recapturados, se les azotaba públicamente con el “gato de las siete colas”, con un numero de fuetazos dependiendo de los días ausentes. De ser reincidente, se le amputaba una oreja, los genitales, algún miembro locomotriz, se le facturaban los huesos, etc., un amplísimo catalogo de torturas.
Cuando el kilombola era considerado de “alta peligrosidad”, la muerte escarmentosa era su destino. Recordemos, por ejemplo, que a Barule, Mateo Mina, Antonio Mina y Marco Chala, estando vivos se les introdujeron guayacanes por el recto (“empalamiento”), se les cortaron las manos y se las frieron en aceite, luego las colocaron en escarpias, para que todo Tadó (Chocó, Colombia), en 1728, escarmentara con el horrido espectáculo. Huelga comentar que los verdugos fueron sus propios hermanos de sujeción. La “pedagogía del horror”, “tiene la virtud” de incrustarse en la memoria de manera imborrable. (Pereachala:1992).
En este momento es casi una afirmación gratuita, la siguiente: El grueso de la población afrocolombiana alcanzo la libertad, vía manumisión: Es decir, pagándola. Este hecho debe estar en conexión con el amor que profesa el afrocolombiano por la profesión del Derecho. Claro esta que desde los códigos también se practico el cimarronismo jurídico , como cuando Agustina en Tadó en 1785, adelanto un juicio de filiación para que su “amo”, le reconociera el mulatico bastardo y, para que con el coste de la cosecha de maíz y plátano, usufructuado por el mismo personaje, se le reconociese la libertad y las obvias costas del proceso. Naturalmente, lo único que obtuvo fue su demanda de libertad.
He aquí una primera hipótesis: La tradición de manumisión y de juridicidad, es una de las causas de nuestra proclividad al apego a la ley y a nuestra propensión a buscar integrarnos en esta sociedad. A favor de lo primero, puede alegarse que en el mundo yorubano y algunos pueblos bantúes, el Derecho ha tenido fuertes elementos de sofisticación históricamente.
A favor de la manumisión, destaquemos que se trata de una incuestionable prueba de amor filial, pues los padres trabajaban, toda una vida, para liberar a sus hijos. Los mayores podían ser sorprendidos por la muerte, luchando por este propósito; caracterizadamente oneroso y lleno de trampas puestas por los “amos”, que inflaban los precios, adulteraban las cuentas, robaban los ahorros, etc,.
Ante el cimarronismo, digamos que salpico todo el continente americano. En consecuencia, Colombia del Caribe al Amazonas; del Pacifico a la orinoquia, atravesando los Andes, existieron y existen núcleos libertarios llamados palenques, kilombos ,cumbes, manieles ,etc. En el caso del Haití, constituyeron la primera republica del continente. En Jamaica, obtuvieron grandes territorios liberados, al igual que en Palmares (Brasil), los saramacas de las guyanas y un sinnumero de células de libertad. Pero dejamos para cuando se pruebe documentalmente, la existencia de un “proyecto político cimarrón neogranadino”, que enuncia el antropólogo y antropólogo español Ildefonso Gutiérrez Azopardo. (1984), pues no es clara la clara la existencia de una “guerra cimarrona”, como, la de las “blues Mountains” de Jamaica. Lo extenso del territorio neogranadino, sus enormes dificultades de comunicación y la extrañeza (ausencia), de un liderazgo centralizado o federalizado, nos hacen pensar que las guerras de guerrillas cimarronas eran procesos sociales, políticos y militares de carácter local.
LAS MEMORIAS FRAGMENTADAS.
“Yo son carabalí
negro de nación
sin la libelta’
no puedo vivi’ ”.
Entre manumisos y libertos nos arropo la “guerra de independencia”. Los peninsulares concientes de ser el ejercito minoritario, hábilmente sedujeron a los esclavizados con el senuelo de la libertad (Velásquez 1986), para que abandonaran hatos, minas y toda la base productiva que usufructuaban de su trabajo los patriotas criollos. En consecuencia, mientras el indígena luchaba por sus tierras, su autonomía, sus culturas; el español deseaba mantener el statu quo. Es decir, prolongar su dominio colonial, los criollos solo pretendían desplazar del poder político a los chapetones, manteniendo iguales las relaciones sociales, económicas y políticas. Para el africano y el afroamericano, su problema vital era la libertad. Por ello, en principio, se alió con los ibéricos y realistas. Únicamente cuando el pulpero español José Tomas Boves, al ser repudiado por ambos bandos en contienda, formo su ejercito de pardos (libres y esclavizados), derroto a Bolivar y sus mantuanos, en momentos en que el libertador se disponía a huir buscando refugio en Jamaica, y un comando ultimo a Boves, entendieron que quien conquistara a los hijos del África originales o de la diaspora, inclinara la balanza a su favor.
Retomando la estrategia bovesiana, los patriotas se dedicaron a ofrecer la libertad a los esclavizados trabajadores de haciendas y minas: Así, y solo así, derrotaron, los criollos a los peninsulares. En síntesis, el salto del movimiento cimarrón de los palenques, a los campos de batalla en la guerra de independencia, viro el curso de la historia. (Maturana: 1986). Tal como lo confirma el informe final de guerra del general Morillo al Rey español “..., esta no es una guerra de España contra América ...., es una guerra de negros contra blancos. Siete de cada diez guerreros de Bolivar, son de origen africano ”.
Los adalides afroneogranadinos habían pactado la liberación de sus pueblos con Bolivar, en cabeza de las elites criollas y este, a su vez, se habia comprometido con los dirigentes de la revolución haitiana (L’ouverture, Dessalines, Henri Cristophe y Alexandre Petion) y con los lideres jamaiquinos. Ellos para sellar el pacto le dieron a los patriotas: Hombres, armas, pertrechos, barcos y dinero, a los guerreros bolivarianos. Los últimos pérfidamente incumplieron sus promesas y de contera, querían (..., extinguirlos por un método natural como la guerra”, poniéndolos a la vanguardia de la confrontación bélica – para que no fuera a pasar como en Venezuela, donde quedaron siendo mayoría- escribió Bolivar a Santander- una vez tomado el poder. Curiosamente todos los adalides afros fueron desapareciendo por muerte violenta ( Bolivar “el negro”, Anzoategui, Rondon, Bermúdez, etc), hasta llegar “la noche septembrina”, cuando “legalmente”, pudieron deshacerse de la máxima figura neogranadina: El General Y almirante, José Prudencio Padilla, que se encontraba prisionero, por líos femeninos, en Bogota. Acusado de conspirador, en sumarísimo fue decidida su muerte. Ahorcado y fusilado. Dejándonos para la posteridad su legado, que reza: “ Nosotros los negros, vamos a la guerra con banderas que parecen propias”. Triste y reveladora conclusiva de la que inferimos varias cosas: En el desarrollo de la guerra no se consolido una organización étnica autónoma afroneogranadina. 2º. Por enésima vez caímos en la creencia de “la palabra de blanco”. 3o. Los cimarrones fueron coptados por los patriotas, confundiendo dos proyectos políticos divergentes.
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