LA REPUBLICA DEL PATIA, LOS AFROCOLOMBIANOS Y LAS GUERRAS CIVILES DEL SIGLO XIX. Por Rafael Perea Chala Alumá
“Con mi machete en la mano
tierra va a tembla’ ”.
canto mambisa.
Este es otro capitulo ignoto de la historia de afrocolombia. Reciñe la historia local empieza a empoderarse entre los académicos, a salir de las memorias populares en un propósito de hilar, para toda la Republica, la historia de tantas confrontaciones bélicas impulsadas por las elites sociales, a las cuales arrastraron al hombre del común y con ellas al afrocolombiano, a nombre de las ideas liberales, conservadoras, federalistas o centralistas.
Antioquia, el Cauca y Santander fueron los principales teatros de la guerra, por ello es natural que de esos Estados surgieran los primeros textos que abordan la temática.
“Camilo”, la rescatada novela de Jorge Isaacs Ferrer, describe a través de su protagonista, su esclavizado y hermano de leche, como se reclutaban nuestros mayores de los hatos ganaderos, haciendas y minas, infortunadamente la obra quedo inconclusa y duro muchos anos extraviada, hasta cuando se rescataron las paginas que han llegado hasta nuestros día
¿ Cuál fue la participación de la comunidad afrocolombiana de estos episodios?.
Es un tema para trabajar. No obstante, pensamos que excepto los patianos, no tuvimos un papel protagónico autónomo. Nos sumimos en las huestes liberales o conservadoras, sin tener banderas propias, como dijera José Prudencio Padilla.
En la guerra de “Los Mil Días” si tuvimos proyectos políticos propios. Mas pese a que después de la guerra de independencia, es el suceso mas estudiado, nuestros mayores quedaron invisibilizados.
Es preciso pasar de la memoria oral a la escrita, para tener luces sobre los pactos hechos por los liberales con los macheteros panameños, que guerrearon al lado de Benjamín Herrera.
Es fuerte la tradición oral afrochocoana en torno al legendario Carlos Quinto Abadía, quien lidero el ejercito, el único que no fue derrotado por las filas de la restauración conservadora, y que se mantuvo activo aun concluida la contienda. No es igual de prodiga la memoria colectiva con Manuel Brico Cuesta, quien murió, de muerte natural, mucho después de finalizada la versión chocoana de la guerra. (Caicedo Licona: 1986).
Los palenqueros patianos, fieles a su tradición independentista, pactaron con las elites caucanas, en un pasado lejano su libertad y el reconocimiento de su territorio, reconfirmado bajo el liderazgo del temido Juan Tumba. (F .Zuluaga: 1996).
La obra “Los Guerrilleros del Novecientos”, tiene el merito de presentarnos listados de batallones afrocaucanos, particularizando a los patianos y algunos procedentes del la costa Atlántica.
Tangencialmente alude a la vida y acciones del mas destacado dirigente militar liberal, “el negro”, Marín.
Resumamos afirmando que el siglo XIX, es una etapa donde reina la oscuridad en torno al que hacer político de la afrocolombianidad. Iluminarla, es tarea que compete, ante todo, a los cientistas sociales de nuestra comunidad.
El siglo XIX, frente a las visiones idealistas rescata dos personajes fundamentales: El Presidente Nieto (Fals Borda: 1989), y el “negro” Robles (Pérez Escobar: 2000).
Este ultimo adelanto su carrera política en el seno del radicalismo liberal. Fue el unció Senador de su partido, en el periodo Nunista, y ademas gobernador del Magdalena. A la fecha ignoramos cuales fueron sus relaciones con el pueblo afrocolombiano y sus propuestas políticas desde el campo étnico.
Se requiere profundizar en el estudio de la vida y obra de Sinecio Mina y Sabas Casaran.
A fines del siglo XIX surge en el Choco la figura de Manuel Saturio Valencia. Un protegido de los curas Capuchinos, quienes le educaron y le enviaron a formarse como abogado en Popayán. Desde la perspectiva judicial, llego a desempeñarse como Magistrado y en “la ciudad blanca” conoció la filosofía marxista. Su condición de galán, poeta y bohemio, lo llevo a la tragedia, al establecer relaciones afectivas clandestinas con una mujer cuasi mulata de la elite de su ciudad natal, donde fundo escuelas nocturnas, sabatinas y dominicales, cuyo objetivo era la autoafirmación étnica.
Acusado de intentar incendiar a Quibdo, fue llevado al cadalso, luego de un espureo sumarísimo. Fue fusilado “legalmente”, el siete de Mayo de 1907. Sus llamados al pueblo a enfrentar la opresión económica y racista, no fue acogida por sus hermanos, mas nos dejo, para la historia, el texto que a juicio de Nina Friedemann, antropóloga mestiza bogotana, es el iniciador de la Antropología Jurídica en Colombia. Este lo rescata el antropólogo chocoano Rogerio Velásquez Murillo y lo publico como “Memorias del odio, o papeles del ultimo fusilado en Colombia”.
Por esos mismos días nace el caudillo socialdemócrata Diego Luis Córdoba Pino, cuya personalidad arropo al movimiento de unidad chocoana, transformado posteriormente en Acción Democrática.
Con una pléyade de jóvenes de la época, gloriosa generación, construyeron una plataforma ideológica etnopolitica, que se planteo un conjunto de reivindicaciones como el combate al racismo, la equidad social y el desarrollo de las fuerzas productivas de esa región. Privilegiaron tácticamente la movilización y la vía electoral.
Legando al Congreso de la Republica se destaco por su retórica y dialéctica. Desde allí consiguió importantes leyes para su departamento y para el pueblo afrocolombiano en general, tales como la erección de su Departamento, la creación de diversos centros educativos y la “ley de la raza negra”, entre otras.
La personalidad caudillesca de D.L.C.P., y la táctica de entrismo al partido liberal, acordada por los socialdemócratas: Antonio García, Gerardo Molina, Jorge Eliécer Gaitan, etc., distorsionaron un proyecto político exitoso, dotado de un crecido numero de afiliados. Sucedida la muerte del caudillo, su organización política se trenzo en una disputa interna que lo condujo a “n” divisiones, mayoritariamente personalistas y por ese sendero se encuentra hoy convertido en grupo politiquero y clientelista, plagado de todos los vicios cuartomundistas, en abierta negación de su gloriosa historia. Se esfumo así el primer proyecto etnosocial afrocolombiano de la pasada centuria.
Personajes como Sofonias Yacup, es preciso estudiarlos contextualmente, al igual que su propuesta de la región Pacifica, presentada en su clásico texto “Litoral Recóndito”; este abogado guapireno fue parlamentario.? Pero cuales fueron sus propuestas etnosociales?
A finales de los sesentas surge un grupo de jóvenes que posteriormente, en los setentas, se nuclea en la tertulia “Manuel Saturio Valencia” y el grupo de estudios “Cimarrón”. El caudillismo mesiánico, otra vez, de Carlos Arturo Caicedo Licona, la ausencia de cohesión interna, las aventuras electoreras, el entrismo, otra vez, al Movimiento Liberal Popular (M.L.P.), dieron al traste con este prometedor proyecto político, que vanamente trato de tomar cuerpo en el “Movimiento de Unidad Chocoanista”.
Por la misma época, aparece en Popayán un grupo universitario llamado “Cimarrón” del cual tenemos precarias informaciones.
En los ochentas en Pereira Humberto Celorio y otros jóvenes estudiantes, residenciados en Pereira, crearon el grupo de estudios “Soweto”, que luego se transformo el “Movimiento por los derechos humanos de las comunidades negras Cimarrón”, a la cabeza de dicho proyecto se puso Juan de Dios Mosquera Mosquera. Gozo esta organización de grandes simpatías, mas la conducción unipersonal y mesiánica, han impedido un desarrollo importante de su propuesta política en el seno de la comunidad a la cual le apuesta.
Además los militantes, organizados o no, que buscan alternatividad, no comparten su afán integracionista ante la sociedad dominante, pues de fondo se trata de una visiona de Martín Luther King y una repetición ahistorica descontextualizada de lo ocurrido en los Estados Unidos de los anos sesenta. Tristemente “Cimarrón” ha quedado como una escuela transitoria de luchadores, llena de una interminable sucesión de divisiones, expulsiones y fragmentaciones que no han podido resolver el liderazgo personalizado.

Comentarios
Publicar un comentario